miércoles 26 de noviembre de 2008

HASTA PRONTO

Estimados(as), debo despedirme. Mi precaria salud se empeña en no dejarme pensar. Aunque les confieso que en mi más alta debilidad física siempre se reveló una ‘otra’ en mí, que es sabia, así que agradezco a mi dolencia esas visiones (no le digan de mi aprecio, es altanera).

Debo confesarles, también, que he experimentado en la libre afinidad generada con los lectores, mayores obligaciones y ansiedades de las que tendría por cualquier obligación laboral. Esa, para mí, es la prueba de la totalidad subyacente.

Pero, más que mi salud, me preocupan las de Oscar Collazos, Vladdo y Rodolfo Arango. No sé que van a hacer esos muchachos sin mí. En todo caso, les deseo suerte en su recuperación, confío en que saldrán adelante.

Al margen de la broma, si bien es rara la afinidad colectiva en torno a las ideas, la afinidad entre musicalidades escritas es mágica. Celebro esa prodigiosa coincidencia.

Les envío el fragmento de un texto que terminé recientemente, y que un día espero publicar completo. Muchos abrazos.

MS

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Ectópica

Habitante de una rosa, radiante
Entre la interminable cópula, he figurado
Al humano creador, dualidad
Terrícola y sideral (y no lo sabe).

Tuve culpa frente a mi poder,
Y la luz divina que me engrosa
Fue también mi feroz enemiga.

Desde esta misma ventana, compañera
Paralela, añoré mi lejano origen
Galáctico. Y en la heroica montaña, cada tarde
Mi tristeza de cautiva luna.

Voy a morir
Y no quiero, como todos
No puedo: cada célula de este organismo,
Memoria de pudrición y eternidad, me dice
Que soy inmortal,
Que mi patria es el espíritu.

Todo aquí ha sido y será negación
Y desafío, la familia, la universidad, el Estado…
El permanente ultimátum
De mi aliento, rival de la fuerza
Fragmentaria, dueña del mundo
.

Lo saben
El poema y la entropía,
Que aventurándose han partido
Y aún no logran ver al Único, cuya sombra
Embustera
Continúa enloqueciéndoles.

Y aún en lo inhumano siento
El remoto centro, sin número
Ni espacio, y esa frágil prueba
Ahora es mi amor, mi última
Pelea
En el sueño
De las horas.


Villa de Leyva, Colombia, Septiembre del 2008

lunes 17 de noviembre de 2008

ENTRE ‘PIRÁMIDES’ Y ‘MINGAS’

La ‘Minga’ indígena, cuyos 10.000 y más marchantes llegarán próximamente a Bogotá, y la conformación de ‘pirámides’ de captación ilegal de ahorro, tan de moda por estos días en nuestro país, son, más que un problema de desorden público o de ausencia de control financiero, el testimonio de concepciones antagónicas del mundo.

La figura de la Pirámide, originalmente asociada al simbolismo de la montaña sagrada o templo-montaña, en la sociedad capitalista ha quedado tristemente referida a organizaciones sociales fuertemente jerarquizada, donde el vértice divino, tradicional hogar del hijo del sol, se actualiza hoy en la mansión de Bill Gates, hijo favorito del dios contemporáneo: el supremo dinero.

El capitalismo, nuestra religión y el gobierno de Uribe, personifican en conjunto los infames ideales piramidales de una humanidad depredadora, donde sólo sobrevive un tipo de especie: los elegidos, los ganadores, los banqueros, los ‘combatientes’.

Los demás: pobres infelices, fracasados, pecadores y desposeídos; acaso ‘terroristas’ integrantes de algún tenebroso ‘eje del mal’. Porque así son los paraísos, los celestiales y los fiscales: sólo para unos pocos.

Todos sabemos que al participar en las ‘pirámides’ de ahorro delinquimos y avalamos un engaño. Todos sabemos que la pirámide se derrumbará en algún momento, como lo sabe la Reserva Federal de la economía del mundo.

Todos sabemos que hay gente que será robada en su dinero, en sus tierras, en su dignidad, y aún sabiéndolo participamos. Se trata de que no seamos uno de ellos, se trata de huir a tiempo, antes de la debacle.

Son normas básicas de la ética del capital y del ‘Opus Dei’, que, cada vez que proponen ‘solidaridad’, ‘cooperación’, ‘penitencia’ o ‘redención’, están hablando de negocios, inversiones de las que más pronto que tarde reclamarán sus dividendos, en dinero, en almas o en especies. Y hasta en ‘positivos’, según el caso.

Es que todo dios, cuando se trata del reino piramidal de este mundo, cobra.

Y ningún escenario más fructífero para la ganancia fácil y la especulación capitalista que el caos social y la fragmentación que producen las guerras. Que nos relaten los norteamericanos acerca de los réditos obtenidos en la Segunda Guerra Mundial, en Vietnam o en Irak.

Así el patrón de la ‘pirámide’, símbolo de la trampa y la feral codicia que para el capitalismo es parte del ‘orden natural’, no pudo encontrar mejor lugar para prosperar que nuestra selva, fecunda en informalidad y para-Estados.

Y si en Colombia la legalidad se llama fuerzas del orden convertidas en sicarios de los ciudadanos; banqueros usureros, que cuentan con uno de los márgenes de intermediación más altos del mundo; leyes y jueces expuestos a los caprichos del tirano de turno; si todo aquí, en fin, es periferia, jungla, brutalidad; ¿porqué deberíamos confiar en la legalidad que nos prometen desde el centro normativo, esa otra periferia desde donde precisamente nos dan ejemplo de como se atropella?...

Y claro que la solución que nos proponen es el ‘estado de conmoción’ o de ‘emergencia’, es decir: persecuciones policivas, incautaciones, aumentos de penas y exterminios. Todos recursos de fuerza, para que nada cambie ni los problemas estructurales se discutan.

A diferencia de ese símbolo de la ‘excepcionalidad’ capitalista que es la ‘pirámide’, la esfera representa la plenitud y el fluir infinito, el circular que no conoce comienzo ni fin, la totalidad que se autoalimenta y, por tanto, nunca colapsa.

La globalización misma es una época redonda, de restablecimiento de la unidad que todo lo existente reclama. Y ninguna expresión social más acorde con esos valores que la ‘Minga’ indígena.

¿Con qué respaldo moral nos propone Uribe, Valencia Cossio y José Obdulio defendernos de las ‘pirámides’, cuando son ellos la cúspide de la más rancia mafia colombiana?.

Deberían memorizar la veracidad de la ‘Minga’, su pulcritud, el valor de su palabra y su sentido de colectividad. No hay mejor rival para las ‘pirámides’ y las embusteras roscas mafiosas que la perfecta esfera indígena.

Con ella no tendrán nada que comerciar ni negociar, nada que ‘comprarte’, ‘venderte’ o ‘Salvarte’, sólo dignidad de pueblo. Un terreno que no conocen. Y eso les asusta.


Marlene Singapur

http://criteriocolombiano.blogspot.com
msingapur@yahoo.es


* Se puede parafrasear o copiar libremente el contenido de la presente columna, siempre y cuando se cite la fuente y no se comprometa a la autora en ninguna organización o militancia ideológica. Gracias.

domingo 9 de noviembre de 2008

ESPEJO NEGRO PARA DÉSPOTAS

Para conocer algo, lo mejor es obtener un punto externo que posibilite una clara visión del conjunto y los detalles del objeto o situación a conocer. Es lo que tradicionalmente hacemos en el proceso de producción científica o académica: generar las condiciones para contrastar y verificar.

Aunque la visión de la realidad desde esa periferia no es necesariamente inocente ni verdadera (siempre es posible manipularla, al estilo de la ‘Maquina de Visión’ de Paúl Virilio), no hay duda de que la aparición de Barack Obama ha arrojado una potente luz sobre Álvaro Uribe y su proyecto, irremediablemente atado a los procedimientos y percepción del mundo de su incondicional amigo George W. Bush. Que por fortuna ya es pasado.

Obama es ese afuera que necesitábamos, una irradiación que poco a poco derretirá el mágico ‘teflón’ de Uribe, para que podamos conocerlo sin mediaciones; o para confirmarlo, en el caso de los que nunca dudamos.

Eso es lo que comenzó a advertirse en el reciente discurso presidencial, emitido durante la celebración del octogésimo noveno aniversario de la Fuerza Aérea Colombiana, donde Uribe dijo: "los colombianos me dicen jocosamente: ‘Presidente, ¡qué puntería la de la Fuerza Aérea!’, ¡sigan aguzando esa puntería!…”. Alocución que finalizó con su acostumbrada incitación a las fuerzas del orden a exterminar ‘terroristas’.

En medio de la aflicción de un país abrumado por la cantidad de crímenes selectivos ejecutados por agentes del gobierno, ansiosos de cumplir con la Seguridad Democrática y cobrar sus recompensas; y considerando, por otro lado, el ambiente esperanzador generado por la llegada de Obama al poder, envuelto en mensajes de reconciliación y dialogo; las palabras de Uribe no podían sino herir, nunca antes más dramático y amargo el testimonio de su naturaleza despótica.

Recluido en la beligerancia que le permitió prolongar por seis años su popularidad, Uribe no puede divisar el nuevo ambiente, inclinándose aún por ostentar, ‘jocosamente’, la puntería de sus francotiradores.

Lejanamente percatado de lo inconveniente de mostrarse tal cómo es, el Presidente ha procurado disimularlo, blandiendo un súbito e inusual interés por ‘lo social’, que ahora propone como nuevo perfil para el Plan Colombia, plataforma de guerra que los Estados Unidos se negarán a seguir financiando.

Acostumbrémonos a ver, en adelante, al Ministro de Agricultura interesadísimo en regalar leche a los ‘pobres’ (los mismos que durante años se llamaron ‘objetivo militar’, según denuncias de la ONU y HRW que el gobierno nunca atendió), y al Presidente insistir en sus discursos en lo ‘social’, aunque ignore el significado de esa palabreja.

Demasiado tarde para que, después de tanta amenaza de aniquilación y tanta encuesta alimentada con sangre, no se note la falsedad. Y nada más lastimoso que un déspota abandonado por el cegador brillo de su otrora suprahumana autoridad.

¿Será que aprendimos, después de esta ‘joya’, a reconocer a los pacificadores?. La respuesta es no, mientras no haya ciudadanía.

(Y ofrezco disculpas por el recordatorio, pero lo anuncié hace meses en la columna ‘Fabulita del héroe desolado’, 11-VII-2008, donde regalé a los déspotas un espejo. Y helo aquí. Lo que no sabía es que sería negro y se llamaría Obama, el perfecto anti-Uribe).

Hijo de la multiplicidad, de la vocación hibrida de nuestra época, de la disposición mental a incorporar los intereses de grupos humanos diferentes, sin una sola amenaza y sin alzar la voz Obama es hoy el testimonio vivo de las palabras de Sangor: ‘el futuro será mestizo’.

Y el mensaje ha sido contundente: desde el corazón del imperio, también cuna de la diversidad, ha florecido un Obama para anunciar que la integración humana es la ley inexorable de la globalización.

Y Uribe no se entera, aún ensordecido por una cultura terrateniente, patriarcal y colonizadora, oportunista y laxa en la interpretación de la ley, reivindicativa de la ‘raza’ y la acumulación a toda costa.

Mientras Obama propone fortalecer la ciudadanía, el sentido social de la gestión pública y el reparto equitativo del plusvalor, para Uribe la ley y el Estado son los principales obstáculos de su ideal de desarrollo nacional: un paisaje de multinacionales invirtiendo en ‘Carimaguas’ monopolizadoras de la tierra y las rentas, no importa cuantos miserables desposeídos y ‘migrantes’ (que no desplazados) arriben a las ciudades.

Obama no es el Presidente de los Estados Unidos, es el símbolo de una humanidad irreversiblemente enrutada hacia la consciencia integrativa.

Podría no cumplir Obama sus promesas, y aún la llegada de un negro a la Presidencia de la potencia planetaria (elegido precisamente para solucionar uno de los momentos más críticos de su historia) será una puerta que ya nunca se podrá cerrar, para bien de la equidad y la democracia en el mundo.

Y es una lastima que donde hay una luz tan grande, Uribe siga viendo ‘terroristas’ y futuros operativos que le ayuden a salir del espejismo.

Marlene Singapur

http://criteriocolombiano.blogspot.com
msingapur@yahoo.es


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martes 4 de noviembre de 2008

TERRORISMO–CRACIA

■ URIBE ‘POSITIVO’

Las apreciaciones de León Valencia y Antonio Caballero, acerca de la decisión del gobierno de destituir masivamente a los militares implicados en numerosas ejecuciones extrajudiciales, son sin duda más inteligentes que las mías.

Mientras ellos, como una forma de enfrentar al gobierno a sus contradicciones e inducirlo a ser artífice de su propia transformación, aplauden la medida, yo, en cambio, carente de esa finura interpretativa y de su optimismo político, insisto en que a Uribe no tenemos que agradecerle ninguna ‘sinceridad’ ni ‘valentía’ por remover a los militares.

Y no sólo porque la decisión no ha sido suya, sino una exigencia de los hechos (caso contrario aún seguiría negándolo, como incorregiblemente lo ha hecho por años), sino porque la ‘ejecución extrajudicial’, tal como lo he dicho antes, es una práctica alojada en la naturaleza misma del gobierno de Uribe.

Tanto lo es, que la solución que nos propone es un regaño infantil a la tropa, instándole ahora a la captura inmediata de los alias ‘cuchillo’ y el ‘loco’. Es decir, para él la gravedad de la situación tiene solución encubriendo un ‘positivo’ con otro, hasta que hagamos de Colombia una montaña de cadáveres.

Mil veces ha ordenado Uribe explícitamente, con recompensas y con gritos, exterminar a los ‘terroristas’, ‘pegándoles una matada’, cortándoles las mano, invadiendo territorio extranjero, o, como mínimo, dándole trompadas en la cara.

Vengativo mandato que ha sido muy bien entendido y admirablemente cumplido, por las fuerzas del orden y por cada uno de los habitantes del país, en cuyas calles y hogares la violencia, visible e invisible, arrecia, glorificada por un mandatario cuya promesa cotidiana es la muerte.

¿Con qué cara se quiere acusar ahora a los obedientes matadores?...

El aspecto que, insisto, debemos denunciar y no perder de vista en cada análisis, es considerar (siempre) que desde el momento en que se hizo elegir Presidente con el respaldo de las fuerzas políticas y económicas vinculadas al paramilitarismo, el destino de Uribe no sólo ha sido mentir, confundir a la opinión y atacar a la justicia, sino mantener el incontenible río de ‘positivos’ que le ofrece la venerable guerra, de la cual se ha convertido en reo, inevitablemente.

Es eso lo que ha hecho Uribe durante sus seis largos años de gobierno: alimentarse de resultados, de cadáveres, sin importar que los ‘positivos’ de la guerra sean infinitamente menores que los ‘negativos’ que arroja la pobreza: los primeros se pueden mostrar, los segundos no, a menos que por arte de magia (arte de las balas) repentinamente se conviertan en ‘positivo’.

De ahí que en su ansiedad el gobierno haya querido integrar a las fuerzas militares, a la sociedad civil y a la misma guerrilla, a su cartel personal de delatores y exterminadores.

Sabe que sólo arropado de guerra y ‘positivos’, falsos o verdadero, puede mantener, como cualquier Videla, Pinochet o Hitler, su magnetismo de ‘combatiente’ frente a la opinión, y a la justicia a distancia (no por mucho tiempo, esperamos, como cualquier Videla, Pinochet o Hitler).

Pero sucede que lo que nos hace falsamente fuertes, es una debilidad: de tanto ocultar los propios excesos y mentiras en la figura de un enemigo, Uribe ha generado con las Farc y la violencia una relación de dependencia.

Y es la destrucción de esa hermandad el arma mortal que tienen las Farc, cuando decidan usarla a fondo. Si es que quieren vencer para bien de todos, no para el bien suyo o el de Uribe.

■ DE TRABAJO Y TERRORISMO ESTÁ HECHO EL HOMBRE

En su apurada escapada hacia delante, el gobierno se ha propuesto trabajar, trabajar y trabajar; jamás pensar y analizar, manía de ‘terroristas’, siempre propensos a buscar razones y a historizarlo todo.

La inteligencia de Uribe es avestruciana: obligado a reaccionar a coyunturas con mediatísmos, teme que en un segundo de lucidez colectiva se puedan iluminar las raíces de la guerra y del proyecto de ‘refundación’ paramilitar que él mismo regenta.

Así, cuando el colérico lobo que tienen amarrado en la ‘Casa de Nari’ logra mostrar sus orejas aceptando visitas criminales o ejecutando inocentes, Uribe aplica una doble estrategia:

Primero inculpa y destituye, en masa y espectacularmente, a sus más próximos colaboradores (fusibles, le llaman); para inmediatamente después expresar la sospecha de una oscura mano ‘terrorista’ en los hechos, empecinada en desacreditar al gobierno (teoría del ‘ogro’, le llaman).

Indicios que nunca ha podido sustentar, simplemente porque, resuelto a enemistarnos a todos contra todos como principio de gobernancia, es él quien, en el intento de encubrir su propia historia entre el pánico colectivo y las fortuitas demonizaciones, ejerce de ‘terrorista’.

En este punto, y disculpando siempre nuestra ‘inteligencia inferior’, preguntamos: ¿qué es, entonces, el famoso ‘terrorismo’?...

Les confieso que alguna vez tuve la duda de ser ‘terroristas’ sin percatarme, igual que los incautos analfabetas de Soacha, que murieron por esa causa y nunca lo supieron.

Sin embargo, ahora que reconozco en el llamado ‘terrorismo’ una escenificación, que, según convenga, puede llamarse Farc; paramilitares; narcotraficantes; funcionarios del DAS; pobres y desempleados; indigentes y limosneros; militares que matan pobres, indigentes y limosneros; indígenas que marchan; sindicatos en huelga; columnistas y académicos; puedo decir que me siento más tranquila entre tanta compañía: ¡los terroristas somos todos!.

Uff, que descanso…

Y mientras la peligrosa erudición de José Obdulio resuelve ese dificilísimo encargo etimológico, quizá lo mejor que podamos hacer, para bien de nuestra integridad, es acompañar a Juan Manuel en sus oraciones para que las benditas Farc no se acaben nunca, y así las fuerzas del orden siempre tengan alguien a quien lapidar, antes de considerarnos a nosotros en su lista.

Aunque en esta terrorismo-cracia, la notificación es cuestión de tiempo.

Marlene Singapur


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miércoles 29 de octubre de 2008

DESTITUCIÓN DE MILITARES: OTRO ESPECTÁCULO

La decisión de dar de baja a 25 oficiales y suboficiales del Ejército colombiano, comprometidos en la desaparición de decenas de jóvenes habitantes de Soacha (uno de los Municipios más pobres del país), personas que después de ser asesinadas aparecían como delincuentes ‘muertos en combate’, es evasiva y mediática.

En primer lugar porque la afirmación del Presidente, en el sentido de que las actuaciones de los destituidos “van en total contravía de la política de seguridad democrática”, no se ajusta a la realidad.

La política de ‘Seguridad Democrática’ del actual gobierno (presidido por la misma persona que condecoró al General Rito Alejo del Río, hoy acusado de crímenes de Lesa Humanidad, en el preciso momento en que tenía cancelada la Visa de ingreso a los Estados Unidos por sus nexos con el paramilitarismo), es heredera de las prácticas de guerra realizadas por la alianza entre paramilitares y fuerzas del Estado, suficientemente documentadas, más no suficientemente penalizadas por sus desdichados efectos sobre la vida y los bienes de la sociedad civil.

En segundo lugar, si bien la presión internacional ha obligado al gobierno y el estamento militar a realizar un esfuerzo en la implementación de una perspectiva de derechos humanos a las acciones de guerra (aunque ‘aquí no hay guerra’, insiste José Obdulio), el apremio de la tropa por generar resultados y las mismas actitudes adrenalínicas del Presidente de la República, han constituido un permanente estímulo hacia la furia ciega y un obstáculo para que esa formación se traduzca en un hábito de la milicia.

Ambas situaciones no han sido revisadas ni puestas de manifiesto en la destitución masiva de militares; prefiriendo ofrecerle a la opinión pública nacional e internacional la espectacularidad de unas cuantas cabezas rodando, para que, una vez más, los fusibles detonen, evitando que la sociedad reconozca y llegue al corazón de los culpables.

El problema de las fuerzas del orden es estructural, y no de ahora, pues en medio de nuestra centenaria violencia (o precisamente por ella), han consolidado la tendencia a autoidentificarse como una isla o rueda suelta al interior del Estado colombiano, con la tentación permanente de generar desde su independencia situaciones de hecho que favorecieran sus acciones.

Condición que ha facilitado su implicación en situaciones límite, como la afamada recuperación a sangre y fuego del Palacio de Justicia, donde suplantaron, literalmente, a los poderes públicos y, por tanto, los fundamentos de la democracia.

Si antes de Uribe los desmanes y alianzas de las fuerzas del orden con agentes fuera de la ley, se justificaban por la supuesta falta de respaldo político a la presencia del Estado en los campos colombianos, hoy es todo lo contrario: esos desmanes y alianzas son fruto de la presión del Estado.

Por tanto, afirmar, tal como lo expresaron en la alocución el Presidente y sus allegados, que la situación revela apenas unos “serios indicios de negligencia del mando en varios niveles que rigen la conducción y evaluación de las operaciones militares”, es achatarla a dimensiones que no dejan ver la profunda identificación del espíritu del actual gobierno con la ilegalidad y el atropello, con tal de ganar la (inexistente) guerra.

¿Cómo implementar una política de derechos humanos al interior de la fuerzas del orden, mientras el mismo Presidente da permanente testimonio de no creer en sus fundamentos ni en la necesidad de que imperen en el país?.

Los derechos humanos no son un requisito de decoración al margen de las convicciones y procedimientos gubernamentales. Apropiarse de ellos exige testificarlo en una forma de vida que el Presidente, evidentemente, está muy lejos de personificar.

Esperamos que en éste caso (ojalá ahora sí) la Procuraduría y la Fiscalía logren poner en blanco y negro lo que ha pasado. Y, si es del caso, lavar el nombre y restituir el honor de los militares injustamente utilizados como chivos expiatorios de un problema mucho más grande.

msingapur@yahoo.es
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domingo 26 de octubre de 2008

MEMORIAS DE MATRIX

■ NADA PERSONAL, SON NEGOCIOS

En este punto nuestra guerra no es un problema moral, es un negocio que incluye, como no, la ñapa de la manipulación de la opinión pública.

Es por eso que lo mejor que le puede pasar a los muchos Juan Manuel Santos que hoy se engrosan revoloteando sobre las fosas comunes, es que la guerra y los rescates de secuestrados mostrados como trofeos (¡malditos irrespetuosos del dolor ajeno!), no se les acabe nunca. Al menos no antes de las elecciones.

Y cualquiera que proponga como solución la racionalidad de la política y el desarrollo social (únicos medios con los cuales es posible terminar efectivamente con la guerra), será tildado inmediatamente de apátrida, lo que en lenguaje práctico se traduce como una amenaza para el negocio.

Que nadie ose, pues, quitarles la gallina de los huevos de oro a nuestros prohombres.

Nuestra guerra es un escenario donde, además de los negocitos de la propiedad de la tierra, se mueven los intereses de los más opulentos negocios del planeta: las drogas y las armas. Cadena en la cual las Farc y gran parte de nuestra sociedad, deliberadamente o no, son un eslabón.

A partir de ese momento, el origen y solución del conflicto ha dejado de pertenecernos en su totalidad. Hay francotiradores afuera.

Por tanto, a la falsa promesa de acabar la guerra con más guerra, emitida por parte de los políticos, empresarios, terratenientes y caciques colombianos dispuestos a ‘refundar la patria’, se une la no menos falsa oferta de los surtidores internacionales de químicos y armamento, que, al mismo tiempo que avivan el incendio desde ambas orillas, ¡nos proporcionan dinero de ‘cooperación para el desarrollo’!.

Misericordiosas ayudas con las que nos mantienen eternamente endeudados y agradecidos. Nada raro en un mundo controlado por banqueros, donde todo (la verdad, los países, las conciencias…) se compra y se vende.

Y si aquí se crucifican los colombianos entre sí, o en las metrópolis del mundo la juventud se intoxica con narcóticos, confundida en medio de los voluptuosos mares de imágenes y consumismo, que importa: de cualquiera cosa se tiene que morir la gente.

(Sugiero leer, respecto al tema, la columna ‘Huxley, orgasmo y legalización’, escrita en éste mismo Blog).

Lo importante es que el esfuerzo por acelerar las irremediables muertes sea rentable (por aquello de la ‘productividad’), ojalá con efectos directos sobre los bolsillos de los ‘señores de la guerra’ (o los ‘señores de las sombras’, como prefieran), tan pragmáticos y hacendosos como los nazis que muy bien aprovecharon los dientes, los cabellos y la grasa del cuerpo de sus victimas para desarrollar utensilios y jabón.

■ ¡USTED ES EL PARAÍSO!

Nada más efectivo que el terror para someter a ciudadanos y oponentes políticos. Una vez envueltos en la inseguridad y la calculada indignación general, no sólo aceptarán sin chistar la imposición de una agenda política y económica, sino que exigirán la llegada de un patriarca protector que la ejecute y les conduzca al anhelado mundo en paz.

Pero malas noticias: ese mundo nunca llegará, más aún: no existe. Es decir, estamos obligados a ser libres. Pero claro, difícilmente asimilaremos la idea de nuestro propio poder.

Y esa es la fuente mágica del dominio que el redentor y sus amigos ejercen sobre nosotros:

Al mismo tiempo que nos designan como futuros habitantes de un idílico paraíso – sin delincuencia, por supuesto –, no sólo demandan exclusividad en la construcción de la ruta hacia ese nirvana, sino que también escogen, alientan y dosifican, a los enemigos que pondrán en riesgo ese propósito.

Una escenificación de los contrarios digna del mejor guión de Spielberg, desde donde se controla al uno y al otro, a los buenos y a los malos. Política, le llaman.

Pero que les quede claro: no aceptamos ninguna promesa o sueño de salvación que esté más allá de éste día en que sabemos del poder que despliegan sobre nosotros. Y como prueba de lo real y merecido de ese destino, requerimos participar en su construcción, no importa el paraíso o el infierno que nos esperen.

Tampoco aceptamos, por tanto, gobernantes que posen de intermediarios o enviados de ningún dios. Así que evítense hacer públicas sus ‘inteligencias superiores’ y grupos de oración.

Amparados entre la ignorancia y la consternación, han consumado las furtivas transacciones con las que hoy comandan la realidad colombiana, a saber:

La excepcionalidad y el debilitamiento de la institucionalidad, han reemplazado el Estado de derecho.

A la justicia y la autoridad de la verdad, se ha impuesto la siempre irracional verdad de la autoridad.

A cambio de la unión y el fortalecimiento de una sociedad civil activa, promueven la fragmentación de los intereses colectivos y la personalización del Estado, a favor del afianzamiento de una elite empresarial y la identificación de los pobres como meros sujetos de subsidios, es decir, limosneros del Estado. Capitalismo barbárico, es el calificativo correcto.

La ‘confianza inversionista’ aplicada sobre unos núcleos económicos escogidos a dedo, es la condición para precipitar (sólo después de) una política social, en perjuicio de un modelo de país donde el tejido social sea el directo e inmediato protagonista y beneficiario de las inversiones en desarrollo.

Y si frente a éste horizonte despejado algún día alguien les pregunta ¿quién es, entonces, el enemigo?, ¿qué contestarían?...

En ese eventual caso, les recomiendo que no respondan, porque, como en Matrix, esa no es la pregunta correcta.

La verdad es que no hay enemigo, tampoco hay guerra, sólo la reverberante estela de nuestro gran temor.

msingapur@yahoo.es


* Se puede parafrasear o copiar libremente el contenido de la presente columna, siempre y cuando se cite la fuente y no se comprometa a la autora en ninguna organización o militancia ideológica. Gracias.

jueves 16 de octubre de 2008

COLOMBIA, NO–PAÍS

Tiene razón Daniel Samper cuando afirma que Colombia se gobierna como un Club, pero su analogía aún es tímida para explicar nuestra sociedad.

La modalidad de nuestro Club no tiene antecedentes en el mundo, pues, en realidad, es la fachada de una gran Empresa de Seguridad, que en la última década ha pasado de las prácticas perfumadas del frustrado Nobel Pastrana, al patético estilo de Uribe, que combina muy bien fusiles, caballos, operativos, fosas comunes, extradiciones, narcotráfico y, como no, grupos de oración y una que otra imagen de la Virgen de los Sicarios.

Centenaria tendencia nacional que tiene explicación en una combinación de desequilibrios simbólicos y rentísticos.

■ EL OTRO NEGATIVO

En el Club-fachada nunca se ha dejado de practicar, muy disciplinadamente, el deporte nacional por excelencia:

La negación del otro, por indio, por negro, por estrato uno, por indigente, por vendedor ambulante, por prostituta, por jardinero, por conductor de buseta, por taxista, por policía… por lo que sea, pero no nos gusta ese espejo, detestamos ese recuerdo.

Pero en la Empresa de Seguridad se nos ha enseñado que negar al otro no es bastante: es necesario considerar la posibilidad de desaparecerlo, de exterminarlo. Y cualquier cosa se podrá decir de nosotros, menos que no hemos aprendido la lección.

Finalmente, en letra chiquita, se nos explica: si adicionalmente podemos mostrar los despojos como un ‘positivo’ o delincuente ’muerto en combate’, mucho mejor. Siendo así, benditas sean las bondades que nos ofrecen la miseria y la guerra.

De esa manera nos proponen que la palabra ‘Colombia’ no nos integre, para que en nuestro imaginario siga siendo un símbolo inmemorial de expulsión y negación, un cielo bajo el que no todos cabemos. O ellos o nosotros, es la consigna.

Y más aún: nos proponen que para ser dignos, debemos a aspirar a ser otras personas, con otra historia, con otra piel, con otra geografía, ojala con cuatro estaciones.

Y sí éste país sometido al irrespeto, a la expoliación, al matonaje y la estigmatización, no nos pertenece; si aquí nada tiene dueño; si carentes de rostro a cada minuto estamos resbalando, desapareciendo; ¿porqué no robarnos las bancas de los parques, los cables de las redes eléctricas y telefónicas, las tapas de las alcantarillas, los dineros públicos, las baldosas de las calles peatonales, los niños, las vidas de los otros?...

Sin embargo, en medio del desamor aún seguimos anhelando, asombrosamente, que el mismo exterminador y ‘combatiente’ de siempre – llámese Pablo Murillo o Pablo Escobar, en fin –, nos entregue un día un país en paz, aunque sea convertido en un camposanto.

Y todo como por arte magia (léase, por arte de muerte), sin que participemos un ápice en la solución del problemita. Una encomienda que de mil amores el vengador aceptará.

“El mundo indígena no parece pertenecer a nuestro mundo”, afirmó recientemente Álvaro Vargas Llosa en su guión para ‘Consecuencias’, documental de National Geographic en el que narra, de una manera escandalosamente tendenciosa, la situación actual de Latinoamérica.

¿Es tan difícil consentir la propiedad privada, la cultura empresarial, el desarrollo tecnológico, el libre comercio, los liderazgos y las naturales diferencias sociales, y al mismo tiempo correr el riesgo de imaginar un patrón de sociedad inclusiva y respetuosa de las personas, cuyo punto de partida sea el reconocimiento y la dignificación de lo que somos?.

No lo creo. Y no sólo no es difícil, sino que es lo único que tenemos por hacer, pues nuestra dificultad, nuestra tragedia, se ha alimentado de la negación, de querer escapar de lo que somos.

■ DELINCUENTES NECESARIOS

El origen del problema es concreto:

En Colombia hay gente empeñada en no ser de aquí, porque eso es lo que ha aprendido como proyecto de vida.

Y para confirmar su extranjería, culpa a la periferia de bandidos y terroristas de la debacle nacional, ralea que nos promete exterminar como principio de democracia y prosperidad.

En Colombia hay gente dispuesta a mantener en la sumisión y la ignorancia a la mayoría – esos que sí anhelan y necesitan un país –, no importa el sofoco y la infelicidad que tengan que pagar ellos mismos por el asedio del resentimiento y la brutalidad que siembran.

Eximidos de implicarse como agentes promotores de la miseria y la desigualdad que produce bandidos y terroristas, osan posar de salvadores y mantener sus privilegios.

Así han convertido al Estado, literalmente, en su Empresa de Seguridad personal. Tal es el espíritu de la ‘Seguridad Democrática’.

Los paramilitares no son, entonces, una alternativa de guerra construida para defenderse de las Farc frente a la ausencia del Estado, sino la normal expresión del modus operandi de quienes orientan a nuestro país y se han negado a apostarle a la consolidación de la institucionalidad, la ley y el Estado de derecho.

Y como complemento, resuelven que campesinos contra campesinos, labriegos pobres contra soldados pobres, guerrilleros contra paramilitares, policías contra indígenas y sindicalistas, se exterminen entre sí.

Es decir, que las victimas terminen siendo los culpables. ‘Limpieza’ que finalmente extienden a los Jueces de la República, obstáculo colateral del progreso nacional.

Beneficiados por la desigualdad, la miseria, el bandidaje y el terrorismo, así como de presidir la promesa de su exterminio, mientras los colombianos se matan entre ellos mismos los cinco gatos y sus multinacionales socios – los mismos que compran políticos, se alían con delincuentes y narcotraficantes, usurpan tierras y recursos naturales, para después disculparse con unos cuantos millones de dólares tirados a la cara –, planean un TLC a su medida, para legalizar y ampliar sus exclusivas relaciones empresariales.

Un perfecto negocio gana-gana.

■ “IMAGO MUNDI

Gobernándonos a punta de guerra, emergencias, conmociones y Decretos, pretenden que les agradezcamos las desapariciones forzadas y las múltiples masacres que misericordiosamente han realizado, con el formidable propósito de librarnos del demonio comunista.

Y les reconocemos el esfuerzo, pero no, gracias.

Nosotros queremos gobernantes que nos muestren una ruta a la paz distinta a la venganza, la fuerza bruta y las legítimas desapariciones. Después de los exterminadores nunca hemos sido ni seremos un mejor país ni mejores personas.

Nosotros queremos dignidad para nuestros ciudadanos y un desarrollo fundado en la participación, en el respeto por la historia y por las instituciones.

No aceptamos las promesas de las Farc ni de las AUC, ni revoluciones ni refundaciones que impliquen secuestro, atropellos y masacres. No aceptamos ningún tipo de terrorismo, ni guerrillero ni empresarial ni multinacional ni de Estado. Tampoco la negociación de la justicia a favor de la impunidad.

Nuestro camino es la construcción de un “Imago Mundi” donde quepamos todos, para superar lo que para Martín Buber es el origen de la falla de nuestra cultura: la carencia de imagen de sí misma, o la imagen horrenda e indigna de sí misma.

Pero mientras nuestra imagen coincida con la horrenda figura de un José Obdulio Gaviria representándonos en los foros del mundo, ardua, muy ardua será nuestra tarea.

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

* He aplazado, más no olvidado, la columna prometida.
Por otro lado, una aclaración pertinente: no pertenezco a la 'Fundación Cese al Fuego', que ha difundido escritos míos como si surgieran de su seno. En todos los casos, se agradece la difusión, aunque preferiríamos que fuese más precisa.

miércoles 8 de octubre de 2008

LIGERA COLUMNA

DE PROFESIÓN 'BLOGUERA'

La exposición de los fundamentos académicos de las opiniones, no es una práctica muy usual, ni aún eventual, entre los columnistas del país, casi siempre aplicados a recrear estrictas situaciones de coyuntura, cuando no simples chismes de peluquería.

Y no se trata de escribir tratados o epístolas teóricas, pero sí de hacer explícitos en algún momento y de manera simple (que difícil tarea), los fundamentos de nuestras posiciones, apenas insinuadas en los escritos.

Por respeto a la gente y al oficio, deberíamos hacer conocer las raíces de nuestras convicciones y de las causas que a diario defendemos, como una prueba de qué tan en serio nos tomamos el a veces muy cómodo y pretencioso oficio de opinar.

Y algunos dirán que no es un ejercicio que toque al periodismo de opinión, asumiendo que la fundamentación queda explicita en las columnas o en las personas mismas, a partir de los títulos y el reconocimiento público que ostentan, por los cuales precisamente se les han abierto los espacios de opinión.

Y sí pero no.

porque he aprendido que una torpe y restringida mirada sobre los hechos, en efecto, al final por su peso se cae sola, no se expande, no pasa la prueba del tiempo ni de los lectores.

Es el camino que va tomando (y que pena exponer el nombre propio, pero son los riesgos que asumimos quienes tenemos la vanidad de creer que a alguien le importan nuestras opiniones; riesgos por los que yo también pago a diario) de un señor llamado Mario Fernando Prado, columnista de El Espectador.

Ese señor ¡dice unas cosas!...incalificables.

De un espesor tan básico son sus opiniones, que no entiendo, en su caso particular, cuál ha sido el (muy disimulado) merito en su vida para ser columnista de tan prestigioso diario. Porque alguno tendrá, más allá de una amistad con el Director.

Podremos reclamarle a Lucho Garzón, Alejandro Gaviria o Gustavo Petro muchas posiciones (como seguro volveré hacerlo en la próxima columna), pero sobre ellos no hay duda de lo informados que están, unos, ciertamente, más que otros. Y tampoco hay duda del aporte al debate que hacen con sus puntos de vista, que, limitados o no, finalmente disponen de un protagonismo bien ganado en la sociedad colombiana.

El debate frente a ellos, entonces, es una manera de reconocerlos.

Pero es que frente a este señor Prado no hay nada que decir; sólo lamentos. Y le enviaría un mensaje personal con estas opiniones, si pudiera, pero (¡segurísima estoy!) ya Andrés hará eso por mí.

Y NO porque la falta de exigencia de un legado académico explicito en las columnas, no sólo banaliza las opiniones, sino que roba independencia a los columnistas, que, al fallar en la fundamentación y, entonces, en la firmeza de sus convicciones, finalmente quedan expuestos a los antojos del poder.

Y no es un secreto que las columnas de opinión suele ser en Colombia una inmejorable plataforma para generar relaciones y contratos. De pronto hasta Embajadas.

Si bien es cierto que el público lector en el país es (además de poco) poco exigente, no es menos cierto que muchos ‘opinadores’ encuentran en ello el pretexto perfecto para culpar a la gente de su propio anquilosamiento intelectual.

Y los medios tampoco ayudan, prefiriendo siempre un producto ligero, vendible, a la opción de combinar el marketing con un mínimo saldo educativo, sin necesidad de que el producto sea un ‘ladrillo’. Término con el que soslayan siempre su preferencia por la ligereza.

Menos mal existen los Blog.

Y muy agradecida estoy con mis antiguos amigos de El Tiempo, que me aseguraron ‘te vas a arrepentir’, cuando desistí de la publicación de mis escritos en ese diario.

Muy lejos de arrepentirme, en el Blog he encontrado la libertad y plenitud que en los 3.800 caracteres nunca tuve. Con todos mis defectos, mil gracias por ayudarme a descubrir mi definitiva alma de 'bloguera'.

Mi única envidia desde esta tribuna, es el soporte humano y logístico de las investigaciones que realiza Daniel Coronell. Con una cuarta parte de esas condiciones, me divertiría un montón.

Por lo demás, muy bien, gracias.

Y precisamente de academia escribiré el fin de semana. Columna que dedicaré muy especialmente a los Decanos de Economía.

Abrazos.

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

martes 30 de septiembre de 2008

¡ HIPÓCRITAS !

Durante y después de la noticia del secuestro y asesinato del niño Luis Santiago Lozano, por parte de un grupo de personas lideradas por su propio padre, han aparecido los políticos dándose golpes de pecho y lamentando ‘tan execrable crimen’.

Buscan razones y, claro, no las encuentran. Todos lamentan ser colombianos, lamentan ser humanos...

‘Inaudito’, ‘imperdonable’, ‘la patria está de luto’, ‘estamos conmovidos’, ‘es una acción inhumana’, son las palabras que repiten ahora y cada vez que ha trascendido en los medios el asesinato o secuestro de cualquier niño indefenso, que, entre más niño e indefenso, mejor: es más noticia.

Palabras que nunca han pronunciado frente a ninguno de los cadáveres de nuestras innumerables fosas comunes, ni frente a las mal contadas 25.000 desapariciones forzadas que se han ejecutado en el país en las dos últimas décadas.

Quizá porque esos difuntos nunca han tenido la suerte de que las cámaras difundan sus muertes con misas públicas y canciones de León Gieco, razón por la cual los políticos se han sentido ‘impedidos’ para pronunciarse.

Y a esos padres y madres que ultrajan, violan o matan a sus propios hijos, casi siempre campesinos ignorantes y pobres, aprovechan ahora para acusarles de monstruos, mentes enfermas, inhumanos, reclamando para ellos cadena perpetua o pena de muerte; como si fuesen ciudadanos sin historia, maléficos por naturaleza.

Condenas que jamás reclamaron para los excesivamente lúcidos y saludables, pero probadamente culpables, Mancuso o Rito Alejo del Río, argumentando que mientras ellos ‘hacían patria’, estos son simples ‘casos aislados’ de gente perturbada y enfermiza.

Encendidas incriminaciones que tampoco han formulado a ninguno de los confesos carniceros, ejecutantes de miles de mutilaciones y torturas, aceptando para ellos penas de 8 años (sin las rebajas correspondientes) para sus crímenes, todo ‘por el bien de la patria’ y la ‘reconciliación’ entre los colombianos.

Ni podemos creerle a los políticos, que no pueden evitar frotarse las manos frente a la sangre y el dolor ciudadano, esperanzados en que la emotividad les permita un pantallazo; ni podemos aceptar que la muerte de Luis Santiago sea una situación aislada que comienza y acaba con el encarcelamiento de su padre, para quien ya se anticipa una condena de 35 años.

Y acudo, como soporte de mi reflexión, a los conceptos propuestos por Edgar Morin para establecer una lectura no lineal ni coyuntural de los sucesos históricos, con el propósito de superar el mediatismo y seguro próximo olvido de Luis Santiago; como si su muerte no tuviera nada que ver con el ambiente político que solapadamente alimenta comportamientos colectivos irracionales y crueles.

¿Qué relación hay, por ejemplo, entre la muerte de los muchos Luis Santiago, que nunca fueron noticia, y la rampante impunidad que reina en Colombia, avalada desde un gobierno que, so pretexto de tener el aliento ciudadano para profesar esa conducta, respalda a parapolíticos y paramilitares, legitimando así la descomposición social, el terror y la ausencia de Estado que dice combatir?.

“Esto es tan duro que lo deja a uno sin palabras”, ha dicho muy compungido el Presidente. Y seguidamente, encarnando el clamor nacional, ha hecho un llamado para que “cada colombiano se comprometa en la defensa de los derechos de los niños”.

Con todo respeto, Presidente:

Tal vez usted lo ignora, pero resulta que a quienes han ejercido el derecho de reclamar los derechos no sólo de los niños, sino de los adultos, a la vida, a la tierra o al trabajo, delincuentes asociados con agentes del Estado inmediatamente les han amenazado o desaparecido sistemáticamente, a ellos y sus familias, tildándolos previamente – siguiendo rigurosamente su ejemplo de jefe de Estado – de terroristas.

¿Porqué tendríamos que creer esta vez en su invitación a la denuncia, si frente al asesinato de la líder campesina Yolanda Izquierdo – muerta por reclamar, como muchos otros líderes, en el marco de la Ley de Justicia y Paz sus legítimos derechos a la tierra –, ni usted ni ninguno de los funcionario de su gobierno protestó ni rechazó en público el atroz crimen, tan o más atroz que el de Luis Santiago?.

Frente a los antecedentes, ¿qué garantía ofrece usted como respaldo a sus palabras?...

“Tenemos que educar a la gente, tenemos que generar una cátedra de derechos humanos”, reclamaba, fuera de sí, una funcionaria del ICBF en el telenoticiero, como si no fuesen suficientemente educativas las palabras y actitudes de nuestro Presidente y su gobierno.

Entre otros ‘seminarios-talleres’ a los que hemos asistido en estos seis años, sopesemos las siguientes enseñanzas adquiridas:

“A Alfonso Cano díganle que le vamos a pegar una matada”…“le voy a dar en la cara, marica”…“vamos a exterminarlos”... y no sigo, sólo porque éste espacio y el bochorno no me alcanzan.

Cualquier niño o adulto que haya escuchado al Presidente exclamar estas amenazantes palabras, ha quedado absolutamente persuadido de que tiene el respaldo para prescindir de la justicia y ‘pegarle una matada’ o ‘darle en la cara’ a cualquier marica que le ofenda.

Y seguro que desde ese momento, insuflado de venganza y de poder, comprenderá súbitamente que este país está plagado de ofensivos maricas, todos merecedores de pasar a mejor vida.

¿Creen ustedes que Colombia necesita gobernantes ‘combatientes’ que se rasguen las vestiduras frente a la muerte de un niño, mientras justifican y estimulan la impunidad y la reproducción de nuestra interminable cadena de muerte?.

Con todo respeto, Presidente, yo no doy crédito a su pesadumbre. Y así hago uso de mi derecho a opinar y disentir.

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

domingo 28 de septiembre de 2008

I LOVE JOSÉ OBDULIO

El problema de entablar una conversación con José Obdulio o cualquiera de los demás áulicos del gobierno, es que frente a los peligros que les acechan en cualquier encuentro sobrio y argumentado, sólo les queda la dilación, la mentira y el cinismo.

Y discutir con un cínico, está visto, es imposible. Mejor no insistir.

Instigándonos persistentemente con su mejor argumento (“sí, les estoy mintiendo, y qué”), su única posibilidad es lograr sembrar en nuestro corazón crispación y enfado, para que el virus de la incoherencia nos inmovilice.

Y no es que nos tome por estúpidos. No seamos injustos.

Más bien, como los grupos de jóvenes Emo, una de las tantas tribus urbanas contemporáneas, José Obdulio tiene el propósito de conseguir que le insultemos o le hagamos daño, para, entonces, ofrecer sus heridas como catalizador o forma de purificación de los pecados del gobierno y de sus propios cargos de consciencia, que así, al culparnos de agresores e ‘ignorantes’, se le harán más ligeros.

Cuando José Obdulio responde a los cuestionamientos que se le hacen al gobierno, explicando que Uribe es “quien se propuso, por fin, liberarnos de la peste del terrorismo en todas sus expresiones”, nosotros decimos que, en efecto, Uribe ha sido determinado en su propósito de ‘exterminar’ a la guerrilla.

Pero ese no es el punto. Con ese argumento escatológico, propiamente paisa, podrán subir en las encuestas, pero no lograrán nuestro beneplácito. No nos confundas, Chapulín.

Nosotros no queremos discutir si el ‘exterminio’ es la única o mejor solución al problema de la guerrilla. Lo que queremos discutir es si el ‘exterminio’ es la solución a los problemas que la guerrilla personifica, a pesar de ella misma.

O mejor: queremos saber qué tipo de país nos quedará después del ‘exterminio’, porque, imaginándonos el que tendríamos después de ese admirable suceso, nos gusta menos que éste país que ahora tenemos.

Y eso no nos hace cómplices. Ni aunque fuéramos uno de aquellos que según José Obdulio “estuvieron en una organización terrorista de militantes exacerbados y agrios, cuyo discurso es la colérica deslegitimación del poder político en Colombia”, refiriéndose a los integrantes de la Corporación Arco Iris.

¿”Colérica deslegitimación del poder político”?.

¿De donde saca José Obdulio que investigar, criticar las acciones del gobierno, sobre todo de un gobierno como el de Uribe, que merece toda la vigilancia nacional e internacional del mundo, es estar contra los ‘intereses de la patria’?.

Porque sí tiene toda la razón José Obdulio cuando dice que el paramilitarismo ha desaparecido: es que está gobernando. ¿Entonces cómo no experimentar cólera?, ¿cómo no aspirar a un poder político legitimo en Colombia?.

Pero no caigamos en la provocación del Emo. Es él, no nosotros, quien en su goce por el aislamiento y la autodestrucción ha perdido el sentido de lo real.

El cándido José Obdulio ha desconocido, por ejemplo, los alcances de las mentiras que ha difundido aquí y en foros internacionales, eso de que en Colombia no hay paramilitarismo ni conflicto armado, mucho menos desplazamiento forzado.

Justificando de esa manera el arrinconamiento de las instituciones y el exterminio masivo y sistemático de ciudadanos y opositores, el Emo ha despertado la furia del mundo globalizado.

Pero, ¿no era eso lo que quería?. No te vas a asustar ahora...

Con Obama en el poder, la ONU y las Cortes internacionales interesadas en conocer la legalidad y transparencia de un proceso fundado en la impunidad, José Obdulio disfrutará de lo lindo cuando lamente el peso de la ley.

Pero, aquí entre nos, lo que más me llama la atención es la apremiante necesidad que tiene José Obdulio por presentarse como un intelectual; una muy creativa variante del patrón Emo.

Detallen al respecto las siguientes situaciones:

Las reiteradas fotos en donde José Obdulio posa con una hilera de libros de fondo, o con un esfero entre las manos, a punto de titular una profecía. Las acusaciones a sus críticos de ‘ignorantes’, con lo cual no sólo insinúa su propia sabiduría, sino la incomprensión de Emo que le atormenta.

Los, por supuesto fallidos, programas televisivos que realizó con el propósito de reproducir el famoso ‘Revivamos Nuestra Historia’; pero claro: siglos hay de diferencia personal e intelectual entre José Obdulio y Tito de Zubiría.

O sus eruditas explicaciones acerca de la equivocación de sus detractores al confundirlo con Joseph Goebbels, la razón es una sola: Goebbels ‘tenía 6.000 empleados a su servicio y todo un aparato de propaganda’, en lo demás podrían ser idénticos, sugiere el mismo José Obdulio. O las confesiones publicas acerca de su relación con el Presidente: mientras Uribe trabaja, trabaja y trabaja, él, José Obdulio, lee, lee y lee. Es decir: Uribe es un pedazo de carne sin seso, y José Obdulio un pedazo de seso sin carne, una combinación perfecta.

Después de escuchar en múltiples ocasiones a José Obdulio, mi conclusión es que, al contrario de lo que muchos aseguran, él no es un tipo peligroso, ni siquiera un provocador: es un solitario soñador.

En esa condición, lo peor que le podría pasar a José Obdulio es que le demos un abrazo y le digamos: “no te haré daño, yo te entiendo y te perdono”; como a los violadores en serie, que sólo retroceden cuando las victimas les expresan afecto y compasión, pues su devoción no es ultrajarlas, sino contemplar la resistencia y el terror.

Te quiero mucho, mucho, mucho, pero mucho, muuuuucho, José Obdulio.

Marlene Singapur

domingo 21 de septiembre de 2008

Todos somos otro

URIBE Y LUCHO, RECONDITOS

Una reciente noticia publicada en BBC Mundo y difundida en el país por Semana.com, me permite recuperar hoy una inquietud que por largos meses me ha rondado.

En el artículo, titulado ‘Personalidad política’, se nos informa acerca de los resultados de un estudio financiado por la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos, en el cual se establece que las afinidades políticas de las personas están relacionadas con su alta o baja propensión a la intimidación.

Si usted es una persona impresionable, cuya mayor preocupación es sentirse segura y protegida, sus preferencias políticas seguramente serán de derecha.

Búsqueda de una figura dominante que naturalmente regirá también sus relaciones afectivas, escenario en el que usted probablemente escogerá sentirse subyugado(a), cuando no agredido(a), para sentirse querido(a).

¿Muy raro?. De pronto, pero es que así somos los humanos: muy raros.

Y aunque usted, según lo ordenan los cánones, trate por todos los medios de mostrarse impositivo y aplomado para que esa intima vocación no se advierta (mecanismo de defensa le llaman), lo más seguro es que en algún momento pierda el control.

Si por el contrario la inminencia del peligro a usted no logra descomponerlo, sino que fortalece su confianza y capacidad de decisión, lo más probable es que tenga una tendencia más bien izquierdoza.

Un ejemplo: si mientras usted porta una tímida camiseta de la Selección Colombia en pleno centro de Londres, una avalancha de furibundos y ebrios hooligans lo toman por sorpresa en una calle oscura y solitaria, y en tan incomoda situación usted no se arredra y es capaz, incluso, de felicitarlos y compartir con ellos unos cuantos whiskys, para después, con sobriedad, despedirse entre saltitos y vivas a Inglaterra hasta alcanzar una calle lateral y perderse en la sombra, y todo esto sin que le toquen un pelo esos probados paleolíticos, entonces no lo dude:

Agradezca el sublime momento de la revelación de su profunda naturaleza revolucionaria y progresista, su vocación por el cambio y su rebeldía contra cualquier abuso de autoridad.

Y si de ocultar sus inclinaciones se trata (muy útil, para efectos de evitar ser catalogado de ‘terrorista’), lo mejor que puede hacer es localizarse en una esquina central y promulgar, histéricamente, que las Farc nos van a invadir, y, con evidentísimo pánico, exigir el exterminio de esos anticristos, no importa a que precio, para seguidamente demandar con urgencia un salvador, una mano dura, finalizando con el muy colombiano colofón: ‘un dictador es lo que necesita este país’.

Y asunto resuelto: usted se habrá convertido en un completo e inconfundible derechista, más propiamente un ‘uribista’, una categoría sin duda mucho más sofisticada que la de un burdo ‘pinochetista’, se asume.

Pero aceptemos por lo pronto que el tema es complejo:

Demandar, rechazar, sentir la necesidad de representar o de ver representado en otro un comportamiento autoritario, tiene matices enigmáticos que no aspiramos a disipar en el presente escrito; tan sólo, acaso, nos alcance para dejar algunas utilísimas pistas acerca de la manifestación de ese pathos en algunos protagonistas de la vida pública.

■ EL PRÓXIMO LUCHO

Sabido es que Lucho Garzón es un personaje que, en ausencia de la figura paterna, se ha visto obligado a desempeñar desde muy temprana edad el papel de ‘hombre de la casa’.

Y ser lo que somos de cualquier forma siempre tiene costos, no sólo para Lucho.

Suplantar al padre, símbolo del surtidor y de la ley, suscita personalidades que, exhortadas a ejercer una función protectora que no les corresponde y para la cual no están preparadas, terminan por convencerse de que el amor duele y que, incluso, no lo merecen.

Peculiaridades de la identidad que en el campo político se traducen en atributos invaluables: la predisposición a enlazar, a atender, a conciliar, a encontrar alternativas de solución distintas a la rígida aplicación de la norma.

Y así es Lucho: blandito, farandulerito, chistosito. En fin: siempre inofensivo.

Sin embargo, los argumentos puramente afectivos de Lucho no son siempre eficaces ni válidos.

Y eso se nota en su columna de El Espectador (la más ligera del periódico), donde Lucho, cuando decide enérgicamente hacerse el interesante, es capaz de abarrotar sus opiniones con una cantidad desorbitada de cifras acerca de cualquier aspecto crítico del país, y todo para concluir con un filosófico: “hay que volver a lo fundamental”.

Divino ese Lucho.

Al margen de su infructuoso esfuerzo, todos sabemos que el verdadero Lucho sólo está en su salsa cuando nos instruye acerca de mecánica burocrática y pactismo político, informes que sabe adobar muy bien con sus cachacas ironías y los picantes chismes del Nogal (donde parece que ya no le ponen problemas por ingresar sin corbata).

Y no es que Lucho sea superficial o mala gente, al menos no es sólo eso; es que él aún sigue siendo aquel dulce niño obligado a complacer y socorrer.

Una condición que, antes que desmentir, podría considerar como la fuente de un poderoso lema de campaña, algo así como: “Lucho Presidente: el niño que hay en ti”.

No me nieguen que suena glorioso.

Y para complementar ese ‘punto fuerte’, aconsejaría a Lucho hacer un esfuerzo para superar su dependencia de los círculos de mutuos elogios, para seguir el ejemplo de Vargas Lleras, marchándose fuera del país a estudiar.

Porque academia sí le falta. Tanto para interpretar las cifras y sopesar la burocracia a la luz de un depurado pensamiento político, como para afrontar el ambiente sin sucumbir a sus bajezas.

De lo contrario, cualquier cita o pie de página que Lucho proponga en sus escritos o conversaciones, siempre sonará artificiosa, de cajón.

Entonces tendremos razones para dudar de que el tan mentado ‘pragmatismo luchista’ sea un argumento suficiente para abordar la discusión acerca de la izquierda qué necesita nuestro país en la era global.

Para finalmente conformarnos, una vez más, con el triste naufragio de otro virtuoso comunicador entre las tradicionales argucias cacicales colombianas.

Y si bien a Lucho le ha bastado su militancia sindicalista para legitimar su emergencia política en la izquierda, después de probar como Alcalde las mieles del poder puede haberse activado una etapa distinta de su personalidad, más interesada en simpatizar con los banqueros, fieles arquetipos del poder del padre, entre los cuales Lucho no puede controlar su ardiente apetencia de aprobación.

Y mis sinceras felicitaciones a Luis Carlos Sarmiento Angulo, Presidente del Grupo Aval. Que a sus inminentes ochenta años le haya caído súbitamente del cielo un hijo de cincuenta y siete, no deja de ser una proeza. Enhorabuena.

URIBE, DIME DE QUÉ HABLAS…

El caso de Álvaro Uribe es distinto, pues, aunque aparentemente enamorado de la impronta autoritaria del padre, en realidad ese juramento le agobia.

En el fondo, detesta que esa memoria despótica y arbitraria sea la condición para ser persona y legítimamente masculino.

Por mi parte, siempre he sospechado de esos hombres musculosos, supermachos, ‘combatientes’, amantes de los desfiles con camisetas ceñidas por los centros comerciales o de los escenarios mediáticos en donde públicamente se autoproclaman, dejando constancia de su indudable virilidad.

Y si Uribe lo dejó bien claro desde Republica Dominicana, para la audiencia de todos los países del continente, no menos claro lo dejó Chávez al responder a los rumores acerca de su probable homosexualidad: “¡me considero lo suficientemente macho para pulverizar cualquier acusación al respecto!", vocifero el Comandante en Jefe en medio de una plaza abarrotada de rojo-pasión.

¿Había alguna necesidad para esa declaración pública?. Pues tal parece que sí…

Pero para la sublimación de los internos terrores, no hay escenario más prometedor que el poder, desde donde se puede enfrentar, ‘con todo los juguetes’, la incomoda versión que de nosotros mismos pregona esa revoltosa, desvergonzada e imprudente voz interna.

¿Porqué esa obsesión de Uribe por los medios, por actuar siempre ‘en vivo y en directo’, elevando cualquiera de sus disputas callejeras a noticia nacional y problema de Estado?.

¿Es acaso para ustedes suficiente razón aquello de ‘es que a mí me da mucha lidia quedarme callao’?.

¿Y porqué nos cuenta eso Uribe?, ¿tendrían que importarnos esas intimidades suyas?...

Yo tengo la impresión de que las interminables camorras y diarios escándalos que envuelven al gobierno, así como los operativos, rescates, positivos, exterminios, acusaciones, chismes, etcétera, etcétera, aparte de tener el propósito de defender un cuestionado poder, están pensadas para estimular a Uribe a no dudar de su condición de gladiador.

Sin esa persistente demostración, creo que las vacilaciones acerca de su desempeño no lo dejarían dormir.

La grandilocuencia de ‘refundar la patria’, de rezar públicamente el Rosario, de regañar a los jóvenes para que no les quede el ‘gustico’, y todos eso consejitos de patriarca recitador del abecé del Opus Dei, constituyen la verdadera ‘cortina de humo’ de Uribe.

Nada distinto a los temores que el Presidente ya intentó, en alguna época de su vida, ahogar entre copas. Propósito que por supuesto no pudo alcanzar, porque esas tercas sombras no se dispersan así, al contrario: les encanta el aguardiente, sobre todo el Antioqueño.

Y con esto no estoy señalando un defecto ni mucho menos insultando al Presidente.

Lo que pasa es que Uribe, empeñado en convertirse en inhumano Emperador, hace parecer cualquier dato de su mortal humanidad como un sacrilegio, como una acción subversiva; y no, Presidente: son nuestras simples opiniones y su también SIMPLE humanidad. Nada especial.

Y siempre será bueno recordárselo con mayúsculas, como él mismo sugiere que escribamos ‘Patria’: Presidente, una y mil veces: USTED ES HUMANO, no tenga escrúpulos en aceptarlo, tengo pruebas de que eso no es pecado.

A menos que en su humanidad se esconda una memoria penosa, y por eso su insistencia en caminar a diez metros del piso, cual Moisés sobre las aguas, cada día más frágil y clandestino en su soledad divina.

En estrictos términos científicos (y lo subrayo para evitar que de ‘apátrida’ me rebajen a irrespetuosa, no podría soportarlo) aseguro que en la necesidad de mostrarse autoritario, paternal, supermacho, insensible, altanero, gamín, intenso defensor de las jerarquías, de las elites económicas y de las prelaturas, hay en Uribe, más que el testimonio de un hosco origen cultural, el horror a la insignificancia y a su propia feminidad, es decir, a no consumar el estatuto heredado del padre.

Un problema que no tienen Lucho ni Mockus, ambos ex-Alcaldes y declarados femeninos (que no ‘feministas’, estimada Florence), y esto tampoco es un insulto, al contrario: otro punto fuerte para la campaña.

Al respecto tengo atorada hace años una preguntita:

¿Cómo se le ocurre a todo un ‘combatiente’, a un bucólico finquero, nombrar como encargado de conversar con la crema y nata de la delincuencia nacional a un psiquiatra en retiro, que para colmo ha escrito un libro titulado “El derecho a la ternura”?...

No entiendo.

Y aquí no aplica el viejo argumento de los opuestos complementarios, del tipo: ¿qué mejor que la ‘ternura’ para solucionar un conflicto? (muy posible argumento de mi querido Andrés). Ni tampoco la reactiva explicación: ¡claro, muy ‘tierno’ Uribe con los paracos¡.

Algo me huele mal ahí, y tengo muy buen olfato. Intuyo un tierno gato encerrado, pero no seré yo quien lo libere, ni más faltaba.

Y no es que Uribe no mienta (y en este punto quiero arrepentirme de haber insinuado alguna vez que era un mentiroso profesional; hasta chanda le llamé, que pena Presidente), sino que al mentir él hace lo que todos: intenta escapar de sus fantasmas.

Luego, antes que acusarle, deberíamos ofrecerle ayuda profesional para que los enfrente y se reconcilie con ellos, para bien suyo y el de todos nosotros.

Y no lo olviden: Freud sentencio que todos estamos enfermos, así que tampoco se avergüencen ustedes al buscar ayuda, ojala evitando a toda costa los libros de Walter Risso.

Por tanto el problema no es que Uribe esté enfermo, sino que es nuestro Presidente.
Así, no sólo nos ha incluido sin permiso en su enfermedad personal, sino que tenemos que soportar sus reiterados intentos de convencernos de que su Paraíso es el mismo que nosotros queremos y necesitamos, y que, por tanto, sus fantasmas son idénticos a los nuestros.

Y no está ni tibio: nuestros fantasmas, desde que él es Presidente, son extraordinariamente peores que los suyos.

Por Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

Se puede parafrasear o copiar, parcial o completamente, el contenido de la presente columna, siempre y cuando se cite la fuente. Gracias.

lunes 15 de septiembre de 2008

¿ALGUNA DUDA?

Las evidentes relaciones del gobierno con el paramilitarismo, el desplazamiento forzado y el hurto de tierras a campesinos, no puede taparse con las manos, ni aún con las manotadas de trifulcas despistadoras del mediático ‘combatiente’.

El arrebato de las tierras de Carimagua a los campesinos para dárselas a amigos y familiares de altos funcionarios del gobierno, le queda chiquito al escándalo de Fiduagraria.

¿Cómo es posible que una señora como María Fernanda Zúñiga sea nombrada por el gobierno como Presidenta de Fiduagraria?.

Y sí, sabemos perfectamente cómo ha sido posible: cumplía con los nexos paramilitares y los intereses familiares en el negocio de las tierras agrícolas, imperiosos requisitos para hacer parte del gobierno.

¿No se percató el gobierno de que la familia de la funcionaria y la funcionaria misma hacen parte de empresas actualmente implicadas en investigaciones por concierto para delinquir, usurpación de tierras y desplazamiento forzado de comunidades negras del Bajo Atrato del Chocó?

Como diría Fernandito Botero: sí sabía. Pero allí no termina el ‘mafiograma’:

El hasta hoy Embajador de Colombia en República Dominicana y ex-Gobernador del Departamento del Cauca, Juan José Cháux Mosquera, tío de la funcionaria, también asistió a la licenciosa cita con paramilitares a la ‘Casa de Nari’, asistencia que argumenta así: tenía que informarle a alias ‘Job’ que ya no sería Embajador en los Países Bajos….

¿Tenía?. ¿Cómo es eso de que los delincuentes deben enterarse o darle el visto bueno a decisiones del resorte exclusivo del Canciller y el Presidente?.

Para colmo, Chaux afirma que a la reunión fue invitado por el jefe Jurídico de Palacio, Edmundo del Castillo, quién a su vez lo desmiente. Lindo el espectáculo de mutuas inculpaciones.

Y falta el moño: a la mencionada reunión asistió (y todo a media luz) el abogado Óscar Iván Palacio Tamayo, interesado en información acerca del ‘accidente’ aéreo en que murieron su hija y Pedro Juan Moreno, intimo amigo y, momentos antes de su muerte, acérrimo crítico del Presidente.

Según ‘Job’, él podía probar que no hubo tal ‘accidente’. Y hasta que dijo eso tuvo vida el bíblico personaje, que hoy yace bajo tierra, esperamos que con su cuerpo completo y mirando a Jerusalén.

En lo que sí no hay duda, es en las explicaciones que se emitirán al respecto desde Palacio:

Lamentamos informarles que, una vez más, tanto el Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, como el Presidente de la República de Colombia, han sido traicionados por sus subalternos.

Menos mal, para bien de la patria, no son más que infracciones menores, en todo caso ajenas al espíritu democrático del gobierno; casos aislados que deberán explicarse en su momento ante las instancias de control, porque, ¡como vamos a sacrificar a la gente antes de que la investiguen!, ¡país de linchadores!.

Incluso, mientras no se afecte la ‘confianza inversionista’ (aconsejará el comunicado), ¿deben importarnos esas nimiedades?...

Pero, ¿porqué está rodeado el Presidente de tanto mentiroso?, ¿de dónde los sacó, quién se los recomendó?. ¿Al contratarlos les pidió hoja de vida, pasado judicial, copia de la cédula, foto?...

Es que son tantos, que ya no preocupa que mientan sino la ingenuidad del Presidente.

Veamos:

Noriega, nunca le dijo que puso la central de inteligencia de Colombia al servicio de paramilitares. Arana, tampoco le dijo de su nexos paramilitares en la costa Caribe y de sus implicaciones en el asesinato de opositores políticos. José Obdulio tampoco le habló de sus nexos con el paramilitarismo (acusación que hoy le hace el Senador Rodrigo Lara). Ni ‘Tasmania’, ni su Hermano Santiago ni su primo Mario, le contaron que la carta era falsa. Teodolindo y Yidis le engañaron cambiando su voto a la reelección por puestos en el Estado, un asunto que Sabas Pretel tendrá que explicar, solito. El General Rito Alejo del Río, al momento del homenaje lo engañó, al no confesarle que estaba implicado en delitos de lesa humanidad; y en cuanto a las razones de la cancelación de la visa del General por parte de los Estados Unidos, ni idea, el Presidente nunca se enteró de ese detalle.

Y no es que el ‘teflón’ se raye, como afirma Andrés, que está muy seguro de que el único problema de Uribe es que es muy malgeniado, es decir, que le da ‘mucha lidia quedarse callao’. Sólo con ser más…discreto, Uribe sería el perfecto gobernante. Lo demás, como diría el Pibe Valderrama, todo bien, todo bien.

La razón por la que Uribe no se lanza a la re-reelección, no es por su aseveración (falsa otra vez) de que sólo ‘por el bien de la patria’ renuncia al referéndum, sino porque los escándalos mafiosos le están desbordando y la internacionalización del paramilitarismo es inevitable.

Muy precavido, prepara su ‘rosco-mafiograma’ para la defensa que, aún como ex-presidente, tendrá que hacer de su oscura gestión de la ‘refundación de la patria’.

Está comprando ‘teflón’ para el resto de su vida, como si el problema no fuera conciliar el sueño.
Por Marlene Singapur

lunes 8 de septiembre de 2008

USTED TAMBIÉN ES LA MAFIA

       LOCOS POR URIBE

Nuestro problema es muy concreto: la legalidad del actual gobierno de Colombia está cuestionada, tanto por la historia personal de Uribe como por los orígenes de los votos con los cuales salió elegido Presidente. 

Y esa verdad no constituye una animadversión contra la persona de Uribe, a quién simplemente se le exige, como a cualquier ciudadano, el deber de cumplir la ley, que en su condición de Presidente de la República resulta más que un deber.

Pero el gobierno tiene una inmejorable razón para ejercer la reticencia: sabe que la libre operación de la justicia en torno a la ‘parapolítica’, conduciría irremediablemente al Presidente de la República. 

Lo que tendríamos que reconocer, en principio, es que aquí no hay ‘pelea’, sino un franco intento, por parte del gobierno, de obstruir la acción de la justicia. Así de simple. El único llamado posible, por tanto, es al Presidente de la República, porque él es el problema. Al menos su cabeza visible en la coyuntura. 

Y si alguna vez hubo posibilidad de dialogo, en el marco de la natural y necesaria relación entre los poderes del Estado, el Presidente mismo se ha encargado de clausurarlo con improperios y astucias de la más baja calaña. 

Pero claro, siguiendo la tradición colombiana, el actual gobierno se ha negado a dar su brazo a torcer, acusando a sus antecesores de los mismos delitos que ahora se le imputan. 

Así, la fuerza moral de Uribe no reside en la ética ni la ley, sino en el chantaje. 

Y armado hasta los dientes con un intimidatorio arsenal de información acerca de las relaciones de políticos, empresarios, terratenientes y medios de comunicación, ¿porqué no arriesgar un proyecto de ‘refundación de la patria’ desde la Presidencia de la República?. 

Con semejantes aliados, ¿quién se atrevería a impugnarlo?. Y si lo hubiese, ¿quién no le colaboraría en el extermino físico o moral del atrevido que pone en riesgo el pacto?...

Uribe es el eslabón más alto de la cadena de compromisos mafiosos que ha capitaneado nuestra sociedad en las últimas décadas.

De secretos dinamizadores de la economía y financiadores de campañas políticas, decidieron, finalmente, confiar sólo en sí mismos, tomándose al Estado para legalizar definitivamente sus actuaciones, auto-enjuiciándose con penas irrisorias, escriturando bienes y tierras ajenas, quemando archivos y expedientes, intercambiando títulos de propiedad de helicópteros, asesinando informantes y antiguos amigos, y, claro, arrinconando a los jueces. 

Y todo a un costo irrisorio: descuadernando (más, mucho más) al Estado.

Pero seamos prácticos alguna vez en la vida:

Al margen del prontuario personal de Uribe – que el Rey Juan Carlos, Chávez y la CIA conocen perfectamente, menos los encuestados en el país, parece –, y  antes de reprocharle el sometimiento del país a la desobligante defensa del paramilitarismo desde la Presidencia, preguntémonos: 

¿Será la ‘parapolítica’ en el poder lo que efectivamente necesita el país para dar un salto hacia delante?. 

Es decir: ¿aplicamos la ley o nos seguimos haciendo los locos?... 

■     ¿CONSPIRACIÓN INTERNACIONAL? 

Para los defensores de Uribe, sin embargo, no hay tal disyuntiva. Todo es una conspiración para tumbar al Presidente, un ‘complot’ gestado por parte de dos grupos: 

El primero, interesado en disputarle al actual gobierno un pedazo de la torta de los recursos públicos, le formula acusaciones falsas a Uribe desde una oscura tramoya burocrática – es lo que afirma Fernando Londoño. 

El segundo grupo, integrado por personas de ideología contraria a la del Presidente, son guerrilleros que han logrado colonizar, incluso, la Corte Suprema de Justicia, con el firme propósito de imponer en el país un temible modelo comunista, para lo cual necesitan la cabeza del Presidente – es lo que dicen Plinio y Andrés. 

Y habría que decir en este punto que, si así fuera, los debates burocráticos e ideológicos hacen parte del transcurso normal de una democracia, que no de otra manera se fortalece y testifica su buena salud. 

Pero en el caso de Uribe no se trata de eso. 

Con el actual gobierno son imposibles las discusiones programáticas, ideológicas o de política pública, pues, mientras esté en entredicho su legalidad, la dedicación exclusiva de Uribe es cuidar de las potenciales fisuras del amplio tejido de ‘parapolíticos’, agentes de la fuerza pública, altos y medios mandos de las Auc, hermanos de Ministros, y un largo etcétera de voces que en cualquier momento pueden iniciar un hondo canto. 

De ese tamaño es la paranoia y la estresante tarea del gobierno para mantener su ‘teflón’. Mientras las operaciones, los ‘positivos’ y los adversarios a insultar y demonizar, comienzan a escasear en Palacio. 

Uribe ni tiene tiempo ni le interesa ejercer una racional interpretación de la ley, que no sería otra cosa que un harakiri. Su única alternativa es reformarla y debilitarla en pleno juicio a sus compañeros de ‘refundación’, antes de que la luz apunte a la Casa de Nariño. 

Mejor promover conspiraciones, polarizar, favorecer el crispamiento ciego que hasta hoy ha sido el alimento perfecto de las encuestas con las cuales Uribe gobierna. 

En ese marco, la búsqueda de interlocutores internacionales para abordar el atropello masivo a los derechos humanos en Colombia, no sólo es un recurso jurídico absolutamente legítimo en un mundo global, sino necesario en el caso colombiano. 

Aunque han llegado tarde la Corte Penal Internaciona la ONU, y carezcan, en efecto, de las herramientas de policía judicial que garanticen la efectiva aplicación de sus sentencias, su presencia en el país sí constituye una fuerza moral que, por lo menos, ya no podrá ser estigmatizada como terrorista. Y eso es bastante, casi todo. 

Completamente desarmadas, para desilusión del gobierno, la CPI y la ONU son la garantía de que primarán los argumentos legales y la transparencia que el gobierno tanto teme y abomina. 

Muy, pero muy bienvenidas. 

■       LA DELINCUENCIA PARA-DÓJICA 

Sin dejar de amenazar con la delación, el chisme y su ‘cartel de testigos’, el gobierno nos propone que aceptemos (otra vez y siempre) el ‘tapen-tapen’, el ‘hacernos pasito’, el mentir, mentir y mentir con el que hasta hoy hemos ‘preservado la institucionalidad’ y ‘los altos intereses de la patria’. 

Y muy bonita la Patria que hemos construido admitiendo a los carteles de la droga en nuestras mesas, a cambio de que nos llenaran los bolsillos de dinero; o dejando morir solos a Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, y tantos otros que pusieron el acento en la justicia; o permitiendo que el territorio nacional se llenara de fosas comunes y las ciudades de ‘migrantes’; o aprobando, finamente, que el Estado delinquiera para enfrentar a los delincuentes, hasta condecorar como ‘patriotas’ a quienes lograrán exterminarlos. 

Pero delincuencia no mata delincuencia. Al contrario, esa ecuación pactista y evasiva, que cede la legalidad a favor de un Estado mercenario, terminará devorándonos. Y entre sus fauces estamos. 

Incluso si no fuera ilegal el gobierno, aún la promesa pacificadora de Uribe no sólo es incumplible, sino que ahonda y multiplica los mismos males que dice combatir: la cultura del matonaje, de la discordia, de la retaliación y del caciquismo. 

Mientras Colombia necesita un pensamiento unitivo, en el discurso vengativo de Uribe hay un país donde no cabemos todos; y, en caso de caber, definitivamente no será con igualdad de oportunidades. 

En vez de seguir alimentando nuestro milenario pacto mafioso, como si no mereciéramos gobernantes sino esbirros, o tuviésemos que llegar encañonados a la democracia, ¿porqué no le apostamos, sólo por esta vececita, a la ley?.

Marlene Singapur

Msingapur@yahoo.es 

Se puede parafrasear o copiar, parcial o completamente, el contenido de la presente columna, siempre y cuando se cite la fuente. Gracias.

 

 

lunes 1 de septiembre de 2008

A MIS AMIGOS Y AMIGAS

A propósito de los mensajes recibidos por parte de las personas que leen mis Columnas, a quienes respeto y considero mis amigos(as), debo decirles lo siguiente.

En efecto, el título de mi anterior Columna es fuerte. Me lo pensé mucho.

Al final me decidí con el argumento de que la aspereza de las declaraciones del Dr. Fabio Echeverri no merecía ni una divulgación ni un título distinto. Es un riesgo que corro, y del cual me responsabilizo.

De una sola cosa me arrepiento: uno no puede llamarle 'chanda' al Presidente de la Republica, aunque lo fuera.
Con abrazos. MS

sábado 30 de agosto de 2008

LA PERRA

En su reciente intervención en ‘Hora 20’, el programa radial de mi amigo Néstor Morales (a quién, a propósito, ya pedí disculpas por mi ingenuidad), el Dr. Fabio Echeverri Correa, ex-asesor y permanente tutor del Presidente de la Republica, afirmó que el actual problema de Colombia es que “estamos en una torre de babel. Pongámonos de acuerdo – dijo –, porque estamos hablando idiomas distintos (…) ayudemos todos a sacar la ‘podredumbre’ del país”.

Loable propósito, Dr. Fabio, pero si a su discípulo le sigue dando ‘lidia’ (traduzco: incontenible discordia interna) disponerse a respetar la acción de la justicia, me asalta la inquietud de que sea la impunidad la condición requerida para ‘ponernos de acuerdo’.

Además, ¿no hacen parte los paramilitares, entre otros, de la ‘podredumbre’ que debemos sacar del país?. Y, si no es la ley, ¿en que ‘idioma’ está pensando Usted para que podamos entendernos?.

Se me ocurre, Dr. Fabio, sin ahondar en mayores análisis, que, si ‘buscar acuerdos’, ‘agitar banderas blancas’ o ‘limar asperezas’ supone pactar la impunidad del paramilitarismo, comprenderá Usted que esa idea no es tolerable.

No sólo por respeto a las innumerables fosas comunes y desplazados que el fenómeno ha generado, sino por nuestras futuras generaciones, que por lo menos podrán heredar la certeza de que no hay justificación alguna para masacrar o violar los derechos de las personas a nombre de la democracia o de cualquier ‘refundación de la patria’.

Y así, entre naturales objeciones y contra-argumentos, transcurría la ligera alocución, hasta cuando al Dr. Fabio se le ocurrió explicarnos que el problema fundamental de Colombia tenía un origen canino: “chuzaron tanto a la perra, que la perra mordió”.

Eso dijo, textualmente, el Dr. Fabio.

En principio pensé que se refería a la Dra. Perla Dávila, la recientemente destituida Jefe de la Fiscalía de Córdoba, que, en las grabaciones que vinculan al hermano del Ministro Valencia Cossio a la mafia, aparece referenciada con ese…dulce remoquete.

Sin embargo, al final entendí que lo que quiso decir el Dr. Fabio es que a Uribe le han acusado tanto, que ya se hartó, y, por tanto, es legítimo que el Presidente (la perra) proteste con ira e intenso dolor ante el asedio.

Es decir, que el Presidente, como cualquier temible Pitbull o escandaloso French Puddle, puede amenazar irresponsablemente a periodistas, líderes de oposición, Magistrados, Senadores, cuando se le pide que explique (ojala hablando, no ladrando) el ingreso de delincuentes al Palacio Presidencial.

Pero, Dr. Fabio, ¿sabe Usted porqué ‘chuzan’ a la perra?; ¿se ha preguntado qué grave falta habrá cometido para merecer la perturbación de su apacible retozar?...

¿No será que es muy inquieto el animal?; ¿no será que lo que Usted llama ‘chuzar’ es el llamado de las instituciones al mantenimiento de un mínimo de orden y respeto en la convivencia, pero la terca perra lo resiste y lo reta?...

Además, que yo sepa, la perra no sólo no tiene pedigrí, sino que, inexplicablemente, de las andanzas y certificados de nacimiento de toda su descendencia no hay rastro. Más aún, nótese que la perra está repleta de pulgas, muy malas y desde muy temprana edad, y el asunto parece endémico.

Por otro lado, considere Usted que el problema ya no es sólo la perra, sino la horda de canes envigadeños y con cara de ‘migrantes’ que llegaron con ella a la ‘Casa de Nari’.

Inmediatamente y como ‘perro por su casa’, se han acomodado en Ministerios, oficinas jurídicas y, muy confianzudamente, hasta en el tierno regazo del Alto Comisionado.

Y ahora, después de dos largos períodos de residencia y acostumbrados a la buena vida palaciega, no sólo se niegan a retirarse del territorio que diariamente marcaron y remarcaron, sino que amenazan con desterrarnos a todos porque, argumentan, ‘es por el bien de la Patria’.

Yo, por mi parte, no digo que no ‘chucen’ a la perra, sino que lo hagan a distancia, por aquello de una hidrofobia, o algo así. Porque vacunas no tiene (la perra), ¿o si?...

Finalmente, el Dr. Fabio nos confesó en la alocución que en realidad lo importante no era ‘chuzar’ o no a la perra, sino que “todo depende de cómo la hurguen” (del verbo ‘hurgar’).

Eso, textualmente, dijo el Dr. Fabio.

Y yo pregunto: con esos dudosos antecedentes y la resistencia al aprendizaje que han demostrado los libidinosos gozques de Palacio, ¿merecen un trato distinto?. Incluso creo que nos hemos quedado cortos.

Es que a estás alturas, Dr. Fabio, el dilema ya no es elegir entre 'chuzar' o 'hurgar' a la perra, sino que ni el Gran Combo ha logrado sacarla de la casa. Y si la orquesta no pudo, me temo que habrá que llamar al Tino Asprilla para que la asuste.

¿No será mejor (previa vacuna) castrarla y asignarle un adiestrador personal, de modo que, aún con la bajísima pureza de su raza (la de la perra), valga la pena dejarla unos días más en ‘Nari’?.

Pero no, Dr. Fabio, mala idea.

Pensándolo bien, yo sinceramente, frente a la segura ausencia de compradores, soy partidaria de la opción de regalar inmediatamente a la perra. Y no creo que haya mejor prospecto de propietario que el Fiscal Luis Moreno Ocampo, de la Corte Penal Internacional, que en su mansión seguro cuenta con lugares apropiados para ejemplares de estas características. Por lo pronto parece que le encantan.

En fin, nada perdemos con intentar la piadosa gestión de un cómodo hogar para la chanda. ¿No le parece, Dr. Fabio?.

Por Marlene Singapur /
msingapur@yahoo.es

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lunes 25 de agosto de 2008

FANTASMAS EN PALACIO

La rueda de prensa convocada por el Presidente Uribe, para explicar la inexplicable presencia, nada menos que en la Casa de Nariño, del abogado del delincuente ‘Don Berna’ y el no menos peligroso malhechor alias ‘Job’, fue, como siempre, efectista y evasiva.

Y no menos importante es lo hortera que son siempre esas reuniones, un aspecto que no debe pasarse por alto al momento de determinar lo sustancial de la personalidad del gobierno, pues, como diría Gilles Deleuze, ‘lo más profundo es la superficie’. Y la superficie, en este caso, es el ambiente de chisme de cocina y de ademán barriobajero. ¿Se imaginan lo profundo?...

De nuevo los recursos del Presidente son – y no serán nunca otros – el rumor, la personalización y la acusación sin fundamento, usados para desviar, mediatizar y, finalmente, no explicar lo que a todas luces comprueba permanentemente la identificación del gobierno con el movimiento paramilitar en Colombia, a quienes no sólo ha facilitado la impunidad, sino que frecuenta para pactar ataques a la justicia.

La versión de que los ‘invitados’ no entraron clandestinamente a Palacio, argumento central del Presidente para demostrar la buena voluntad de las tres reuniones realizadas con ellos, es precisamente el problema.

Ojala tomaran la precaución de que los delincuentes entraran a hurtadillas a la Casa de Nariño; o mejor, como sugirió el despreocupado Presidente, que se reunieran con ellos en otro lugar (el Presidente sugirió una cafetería).

Que los malhechores entren a la Casa de Nariño por la misma puerta de ingreso del Presidente y los altos funcionarios del Estado, y se paseen como ‘Pedro por su casa’ por sus oficinas, no demuestra que no tengan nada que ocultar, sino la desfachatez y la bajeza de un gobierno narcotizado y paramilitarizado que admite, como parte de sus estrategias dilatorias, que en el centro de la gobernabilidad nacional se reúnan personas de esa calaña con los inmediatos asesores del Presidente.
Para lo que sea, no importa. ¿O es que todos son de la misma calaña?. Porque si es así, sería bueno que consideraran definitivamente la cafetería, para todos los propósitos la mejor opción.

Y para despistar, el Presidente nos dice con vehemencia que ‘bienvenidas a la Casa de Nariño todas las denuncias’ de parte de cualquier persona, porque el gobierno es el garante de que no haya criminalidad en el país.

Pues otra vez no, Sr. Presidente. No se trata de convertir a la Presidencia en una subsede de la ‘Oficina de Envigado’, desde donde se coordine la sapería de los millones de colombianos que tienen una denuncia falsa o verdadera por hacer. Para eso hay instancias y personal técnico dentro del Estado.

Y otro despiste:

La aparente disputa entre el Presidente y el Fiscal, que después de exonerar a Mario Uribe, evitar profundizar en el caso ‘Tasmania’, trasladar al hermano de Valencia Cossio a Tunja (entre otras oscuras acciones, señaladas valientemente por Gina Parody y varios columnistas), necesitaban que el ‘Estado de opinión’ les generara una peleíta pública, para, en plena visita de la Corte Penal Internacional, ocultar su acuerdo de no aplicar todo el peso de la justicia a los actores centrales del paramilitarismo en Colombia, dentro y fuera del Estado.

El gobierno de Uribe no puede sentirse cómodo en medio de un equilibrio democrático de poderes, donde siempre habrá el peligro de que alguien le delate, aunque Pedro Juan Moreno se haya ido temprano.

Frente al permanente temor a la ley, su propósito mafioso es colonizar todas las instancias del Estado, mientras, a apunta de insultos, amenazas y mediatísmos guerreros, mantiene extorsionado al país.

Así que olvidémonos de Democracia por estos días, en un gobierno asediado por sus propios fantasmas, contra los cuales no hay ‘combatiente’ que valga.

Y más despistes:

El Presidente sabe que su gobierno no desmontó el paramilitarismo: pactó con él una alianza por la ‘refundación de la Patria’, que finalmente lo ha desbordado. El Presidente sabe que la acusación que hace a Daniel Coronell no puede progresar, pero sí amedrenta a los medios. El Presidente, más allá de las Farc y la Corte Suprema, sus favoritas, busca con urgencia en Petro, en Cesar Gaviria o en Juan Fernando Cristo, contendores que le permitan justificar, entre el humo, lo injustificable, lo irremediable: su propia historia política y personal.

En esas circunstancias, la única victoria a la que podrá aspirar Uribe es: ‘sí, yo soy un mafioso, pero Ustedes también'.
Marlene Singapur
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domingo 17 de agosto de 2008

‘MAFIOGRAMA’ (EN CUATRO ACTOS)

¿QUIÉN TEME A LA LEY?

Horrible la manera como el gobierno ha intentado enredar sistemáticamente, con artimañas de la más baja índole, los procesos judiciales en contra suya y de sus amigos. Difundiendo incluso, a través del propio Presidente y no de los directamente implicados, versiones tan difusas y perversas como: "Algún senador me ha expresado QUE HA SENTIDO que LE HAN QUERIDO pedir plata de sectores de la justicia" (...) CLARO QUE NO PUEDE PROBARLO”.

Por favor, Presidente de la Republica de Colombia, ¡no diga eso!.

Usted vive en un país de leyes, respetarlas es su obligación de primer ciudadano de la República, y si quiere discrepar o acusar, hágalo, ojala en una forma digna de su alto cargo, usando las herramientas que le ofrece la democracia que precisamente Usted defiende.

Pero, ¿quién puede hacer responsable a Uribe de sus palabras en este país?.

Tan campantemente miente, sin ningún rubor ni costo para él ni su gobierno, que incluso una vez revelada la falacia, antes que disculparse, inmediatamente arremete con otra más abochornante, para no dar respiro al control que tiene sobre la libre acción de la ley (¿el Presidente es así, o un temor lo impulsa?).

Táctica que por fortuna no pasa inadvertida para los analistas, que ya la adivinan en cada alocución iracunda del Presidente o en las ruines evidencias que presentan sus áulicos (al respecto, ver la última columna de María Elvira Samper en la revista Cambio del 14-08-2008, donde evalúa los reales propósitos de las grabaciones recientemente difundidas por Nancy Patricia Gutiérrez).

Y aunque para enfrentar la bajeza de intentar arrinconar a las personas y las instituciones con la amenaza de deshonrarlas con calumnias, siempre nos quede la defensa de la racionalidad, las instancias judiciales correspondientes y el rigor probatorio, sin embargo, a la serpiente del caos jurídico, la tergiversación y la acusación temeraria, también hay que hacerle saber que estamos dispuestos a responder con determinación, aún en los límites de la crispación a la que pretende someternos.

Bien ha hecho la Corte Suprema en superar definitivamente su actitud de temerosa espectadora de la injuria.

Aplaudimos su decisión de instar al Presidente a que se responsabilice frente a la Corte Penal Internacional de sus ligeras y malintencionadas palabras, y confiamos en que no sea la última vez que instala la juridicidad en un lugar superior al de cualquier alta o baja popularidad de éste o de cualquier otro Presidente. Y si alguna sospecha pesa sobre cualquier Magistrado, que se defina pronto, siempre a favor de no debilitar a la justicia frente a quienes se empeñan en evadirla a toda costa.

Y si el Presidente no tiene nada que ocultar, la posibilidad de que la CPI evalúe la aplicación de la Ley de Justicia y Paz, así como los diferentes procesos seguidos a parapolíticos y farcpolíticos, será una inmensa ganancia para el país.

Y si bien el Presidente ha reculado, al afirmar que “esto no es una batalla campal” – después de que él mismo propuso la batalla –, confesando adicionalmente que en su primer gobierno también hubo ‘roscograma’, nuestro deseo tampoco es ver al Presidente como él sí quiere ver a la justicia: de rodillas.

El Presidente debería saber que, en general, es más fácil alcanzar cualquier propósito con argumentos menos ramplones y lesivos para la ética pública. Pero para eso necesitaría tres cosas: educación, no tener rabo de paja y, sobre todo, esplendor de Estadista.

EL PERFECTO ‘POSITIVO’

¿Sabe el Sr. Presidente cuánto le cuesta a nuestra democracia recuperarse del ejemplar atropello que él aplica a la ley y al brillo de su propio cargo?.

Y si lo sabe, ¿le importa?.

O mejor le cambio la pregunta: ¿con cuántos operativos calcula el Presidente que se puede generar el suficiente humo para ocultar esos costos?.

Para responder esa pregunta, es necesario entender que los cuestionamientos de origen que tiene el gobierno y la persona del Presidente, se están superando a partir de una legitimidad fundamentada en la popularidad que ofrece la guerra (recuerden a Carl Schmitt, para lo cual sugiero leer mi columna ‘Fabulita del héroe desolado’), luego Uribe requiere el conflicto.

Al margen de la real peligrosidad de los delincuentes y de la obligación del Estado de combatirlos, Uribe, en su situación, siempre agradecerá una delincuencia activa, cuyas acciones, sin duda estúpidas, él sabrá enaltecer, exacerbando así el anhelo general de paz y su propia posición de redentor.

¿Qué es la seguridad democrática’, entonces, sino el más grande falso-positivo construido por parte del gobierno?.

Uribe no está gobernando ni puede hacerlo, se está defendiendo, y en su defensa nos usa y mancilla la institucionalidad; mientras a lomos de la guerra que le hace popular cumple con la ‘refundación’. Si dejara de hacerlo, sus patrocinadores no acolitarían su desgaste defensivo en el gobierno.

POBRE PABLO

Uno podría pensar que la coyuntura de confrontación entre el gobierno y la justicia, es producto de la natural resistencia a la ley que ejercen quienes se saben culpables; o, más profundamente, de intereses políticos y económicos en disputa por el país.

Y yo digo que es más que eso.

Digo que en el fondo, y como muchos homosexuales no declarados, la naturaleza del gobierno es mafiosa, y no lo sabe. Igual que Pablo Escobar creía que el problema no era él y el imperio de delincuencia y matonaje que había instituido, sino un país h.p y envidioso, que no lo quería dejar surgir.

Razón por la cual no le quedaba otra posibilidad que convertirse en un ‘combatiente’, en un ‘berraco’. Es decir: explotar un avión lleno de pasajeros en pleno vuelo, dinamitar las instalaciones de la central de inteligencia colombiana, pagar recompensas por la cabeza (o la mano) de cualquier policía…y así, hasta hacernos pagar a todos por su propio resentimiento.

Y si rehusando la ley Escobar fue héroe en las comunas, no es muy difícil, con la misma aversión por la legalidad, ser héroe de las encuestas de popularidad nacional, igualmente alimentadas con operativos ‘de película’ y subsidios. Algo hay del espíritu de ‘Medellín sin tugurios’ en ‘Familias en acción’.

Es increíble ver al Presidente expresar frente a las cámaras de su amada RCN, su extrañeza e inmenso dolor porque los camioneros de Antioquia habían decidido apoyar el paro nacional, desconociendo que el Ministro de Transporte también era antioqueño. ¡Inaudito!, le parecía.

Me da pena aclararle, Presidente, que lo importante no es que los camioneros sean antioqueños o paquistaníes, sino que el Ministro, siendo antioqueño, paquistaní, nigeriano o del Cabo de la Vela, cumpla con su deber de no considerar la raza o la nacionalidad de los demandantes, sino la justeza de sus reclamos.

No sé si me capta, Presidente (y juro que no he dicho ‘coopta’). Pero no se preocupe, a veces es difícil – aunque no imposible – derribar los cánones con los que hemos aprendido a interpretar el mundo. Haga un esfuerzo.

■ EL ESTADO SOY YO

Pero, ¿quién respalda al Presidente para que se atreva a encarar a la justicia y la opinión pública con desvergüenza, con una confianza que va más allá del poder que le ofrece su popularidad?.

Sin duda los intereses nacionales e internacionales benefactores del propósito de ‘refundación de la patria’, y del ‘mafiograma’ aplicado para alcanzarlo.

Así como Pablo Escobar se convirtió en un Estado flotante, conquistando increíblemente y en solitario los mercados mundiales de la droga después de haber sido un lavador de carros en las calles de Medellín, del mismo modo en el gobierno de Uribe no hay ni habrá nunca un proyecto colectivo inclusivo, ni una agenda de desarrollo ni una política social, sino proyectos y negociaciones entre grupitos de amigos, tipo Carimagua, porque así, profundamente jerarquizado y exclusivo, funciona el modelo de Prelatura –léase ‘mafiograma’ – que se quiere imponer en el país.

Y si en América Latina Colombia es la metáfora del típico miembro de familia que desconoce a sus congéneres, porque ha preferido capitalizar a solas sus relaciones poderosas (aunque para ello tenga que asumir la despreciable condición de siervo), es porque también al interior del país subsiste una dirigencia amañada con el mismo comportamiento de mafia sin nacionalidad, sin ley y sin sentido de lo público.

Y no tenemos nada en contra del TLC – que no es un mal en sí mismo –, ni nada en contra de los norteamericanos, que hacen lo que tiene que hacer una potencia con aspiraciones mundiales, las mismas que según François Fourquet tuvieron Grecia y Roma.

Por tanto, no es un problema de la ideología antiimperialista de los ‘zurdos’, como cacarean sordamente Plinio y Andrés.

El problema no es el imperio, somos nosotros y el fatigoso ‘mafiograma’ que gobierna nuestro destino. Y de ponerle precio a la intrigante y barata dignidad mafiosa si que saben los imperios.

Por Marlene Singapur

domingo 10 de agosto de 2008

SOSPECHAS CONFIRMADAS

De los Consejos Comunitarios se aprende un montón, más que en los libros editados por el gobierno, a través del ‘Centro de Pensamiento’ que orienta el asesor José Obdulio (inmenso el contrasentido).

Y para que Néstor Morales siga confirmando, aunque tardíamente, sus sospechas de que durante los seis años de gobierno de Uribe Vélez la función de los Consejos Comunitarios ha sido desorientar a la gente acerca de la real solución de sus problemas, a cambio de desarrollar la plataforma de la interminable campaña electoral presidencial, quisiera adicionar otras reseñas que, acaso, completen el panorama que asoma hoy ante los incrédulos ojos del candoroso, pero sin duda bien intencionado, periodista.

En el reciente Consejo Comunitario de los Montes de María (9-8-09), una de las zonas del país históricamente más golpeada por la violencia, a las denuncias de la comunidad acerca de los bandas paramilitares que le siguen masacrando y arrebatando sus tierras, la vehemente y campechana respuesta del Presidente fue, primero: “a este tema si vale la pena que le dediquemos unos minuticos”; e inmediatamente después, “señor comandante, esto es un tema policivo, con esos bandidos hay que dar”.

Y aunque el Presidente se haya empleado a fondo durante sus dos mandatos, para convencernos de que la democracia (como en general todo en la vida) es un problema esencialmente policivo a solucionar en un ‘momentico’ (léase borrando de la faz de la tierra el ‘problemita’), aún guardamos la esperanza de que haya casos que merezcan otra solución.

En las valientes y lúcidas confesiones del jefe paramilitar Ever Veloza García, alias ‘HH’ (primer paramilitar a quien le creo sus versiones, y que precisamente por veraz tiene tan nervioso al gobierno, urgido de extraditarlo cuanto antes), asoma lo que a gritos ha sido la alianza entre multinacionales, fuerza pública y empresarios, terratenientes y políticos locales.

¿Por falta de Estado, como me anotó alguna vez en un e-mail el extraditado ‘Jorge 40’?. Pues sí y no.

Si por la falta de Estado fuera, las elites regionales tendrían que haberle apostado a su construcción legitima, una tarea que no les quedaba difícil con el poder que tenían y siguen teniendo, que es bastante; o haber recurrido a las instancias nacionales e internacionales correspondientes, como hacen las organizaciones que verdaderamente propugnan por el respeto a sus genuinos derechos.

Pero no, prefirieron construir ejércitos privados y masacrar campesinos, aprovechando para obtener, y gratis, las tierras que siempre les habían envidiado.

El fenómeno paramilitar, si bien es una respuesta a la ‘vacuna’ y el secuestro consecutivamente ejercido por parte de la insurgencia, también expresa la voluntad de una rancia fuerza económica y política, cuya consolidación y progreso se ha nutrido, precisamente, de la falta de Estado y de democracia en nuestras regiones.

Transformarse en un proyecto más sanguinario que el de los terroristas a los que decían combatir, era su normal destino, y la cruda expresión de lo que hace tiempo ha sido el reino de la depredación y la ilegalidad.

Y la guerra, entonces, apenas la indiscreta e incomoda publicación de esas leyes salvajes que han regido nuestros campos, donde, según lo confirma textualmente el mismo ‘H.H’, las mafias y para-Estados enfrentados han usado a los más pobres como carne de cañón para mantener vivas sus propias ambiciones de poder.

¿Un problema policivo?. No, señor Presidente.

Nosotros sabemos de los cuestionamientos a su persona y a su gobierno, y comprendemos su dependencia de los vítores de la guerra, pero permítanos sugerirle que quizá este no sea un problema que Usted desde un Consejo Comunitario pueda ‘mandar’ a extirpar por la fuerza, aniquilando a unos cuantos bandidos.

De pronto sentirá que le hablamos en chino desde los juegos Olímpicos o, peor, que somos terrorista, pero, aún corriendo ese riesgo, ¿no ha pensado que acaso se trata de fortalecer a la ciudadanía y sus vínculos con el Estado; de hacer respetar los derechos de la gente, entre ellos el de la vida y la propiedad de la tierra; de democratizar el acceso al capital y activar la presencia ciudadana en la dinámica económica, que a cambio de fugaces y esclavizantes subsidios está ávida de oportunidades?...

¿No ha pensado, Sr. Presidente, que de lo que se trata es de arrancar de raíz el país que las deslumbrantes acciones policivas, precisamente, ocultan y se empecinan en profundizar, como si a cambio de democracia real necesitáramos depender de un superman confesional que extermine a los inagotables delincuentes que nos acechan y acecharán?...

¿No lo ha pensado, Presidente?. ¿O quizá sí, pero ha considerado que nada de eso es compatible con la prometida ‘refundación’ de la patria?...

Yo, por mi parte, sospecho que esa ha sido la conclusión del Presidente. Y a ti, Néstor, ¿no me digas que te sor-prende esa posibilidad?...

msingapur@yahoo.es
http://criteriocolombiano.blogspot.com

domingo 3 de agosto de 2008

Ensayo de alquimia política

UN CONFLICTO INTERNO

PREHISTORIA COLOMBIANA

Acábelos, y por cuenta mía, no se preocupe…”, fueron las palabras pronunciadas por el Presidente de la Republica de Colombia en el centro de convenciones de la Cámara de Comercio del Aburrá Sur, para referirse a la manera como debían ser tratados los integrantes de la ‘Oficina de Envigado’, banda que durante tanto tiempo ha vendido servicios de extorsión y sicariato a todo el país.

Y ‘acábelos’, en buen colombiano significa, literalmente, ‘extermínelos’, aquella palabrita que irrumpió suavemente desde la bostezante boca del Ministro Holguín, y que tanto ha impresionado a Oscar Collazos.

El Presidente no reclamó la autoridad del Estado, ni el acatamiento de la ley, ni el respeto de los derechos que incluso los delincuentes tienen en un estado social de derecho, principio elemental de cualquier democracia cuyo cumplimiento, precisamente, nos diferencia de los transgresores; a menos que sea un Estado transgresor el que lo interpreta a su antojo.

No. Al contrario de convocar la superioridad de las instituciones, un valor tan caro en un país desorientado por los agravios y los proyectiles, con el ‘acábenlos’ el Presidente prefirió reivindicar, como ideal del ejercicio del poder, la restauración de los códigos trogloditas en Colombia.

Lo que hemos llamando ‘popularidad’ o ‘sintonía’ del Presidente con el pueblo, no sería más, por tanto, que el resultado de un discurso marginal a la ley y los derechos ciudadanos, ejercido desde el centro del Estado.

Entre el avivamiento de las emociones más primarias, hemos cedido a las mentirosas promesas libertarías de los sistemas, las ideologías y los Mesías, que nos han ofrecido un paraíso igualitario y pacifico, a cambio de tolerar el ‘acabamiento’, el secuestro, el exterminio, el asesinato, la recompensa, la mentira...

Pero les tengo malas noticias: el fin es inseparable de los medios.

SI, PERO NO

El grosero y estremecedor ‘acábenlos’, más allá de la correspondencia que podría tener con el origen social del Presidente, se revela como su destino personal cuando en Republica Dominicana, frente a las cámaras del mundo, fue capaz de autoproclamarse públicamente como un ‘combatiente’.

Y sin combate no hay ‘combatiente’.

Es por eso que, para confirmar la original imagen que tiene de si mismo, el Presidente se ha convertido en el transcurso de su vida en un catador profesional de combates.

El actual monumento al caudillaje que es Uribe, brilla y prospera por el escenario de pugnacidad que le estimula a desplegar su penetrante naturaleza beligerante. Y si Uribe ha logrado su máximo goce farquizando la realidad colombiana y latinoamericana, no estará dispuesto a desprenderse fácilmente de quienes han sido la fuente de su gloria.

Su guión de negociación con las Farc, en ese marco, es muy simple: un emisario les ha llevado una cartíca a la selva, con un escueto texto que dice: RÍNDANSE. Cariñosa misiva a la cual, como estaba previsto, las Farc han respondido: NO.

Funesto para el país, perfecto para el ‘combatiente’ y su heredero, pues Juan Manuel Santos podrá ser Presidente sin carisma y sin partido, pero no sin las Farc.

TRANSFIGURACIONES

Luego no son las Farc el adversario de Uribe, al contrario, son sus más íntimos y fieles colaboradores, al servirle de instrumento canalizador de su fervor combativo.

El enemigo fidedigno del Presidente es anterior a cualquier guerrilla: una profunda voz culposa – derivada quizá de una insuperable y autoritaria figura paterna –, que, al decretarle el ataque y los conflictos como ruta de autosuperación y florecimiento personal, le ha reducido a un hombre proclive a sentirse indigno de las caricias y dulzuras propias del amor, símbolo de la unión.

Impedido para experimentar la integración y la reconciliación, el tramposo enemigo – como todos los fantasmas de la psiquis – no sólo deja, después de cada operativo exitoso, un vacío mayor en el ilusionado campeón, sino que le multiplica y acentúa su deseo de revancha.

Y no me digan que no hay algo extraño en un niño que a los nueve años recita discursos de Gaitán y Alberto Lleras, porque ha decidido no ser bombero ni astronauta, sino Presidente; ¿ah?..

Es esa atmosfera grandilocuente y pecaminosa, la que atrae a la Casa de Nariño – con perdón de Alejandro y D'Artagnan, por distintas razones – a ciertas organizaciones despóticas y autoflagelantes, promotoras del castigo como itinerario de liberación. Y amen.

ACABAR, ACABAR Y ACABAR…

Con la promesa de ‘acabar’ con los agresores – como si la mente delincuencial se pudiera ‘acabar’ sin confesar el impenitente rostro social que la engendra y la actitud colectiva que ha convertido a Colombia en una maquina mundial de producir delincuentes –, la dictadura del ‘Estado de opinión’ está dispuesta a multiplicar a futuro el incendio de la segregación y el resentimiento, aunque por esa libertad tengamos que caminar sobre cadáveres.

Una cosa es el enfrentamiento de las Farc por la vía de las armas, como toca al Estado en posesión del monopolio de la fuerza y la legalidad, y otra muy distinta propagar en Colombia un espíritu de ‘acabamiento’.

El mismo que ha permitido al gobierno escapar de los múltiples y serios cuestionamientos políticos y jurídicos que se le han hecho, por la manera como conquistó y procede desde el poder, demonizando opositores políticos, instituciones judiciales y financieras, sindicatos y ONGs, unas veces acusados de terroristas, comunistas y narcotraficantes, y otras de infames enemigos del pueblo.

Mismo ‘acabamiento’ que también ha favorecido la concentración de la riqueza que hoy coloniza jubilosamente al país, mientras Uribe reduce impuestos a los empresarios y les abarata la mano de obra, para que, en contraprestación y noblemente, generen empleo y riqueza general. Compromiso que naturalmente han cumplido diametralmente al contrario: ahora son más ricos, a costa del empobrecimiento general.

¿Asaltado en su buena fe Uribe, el más diestro negociante?.

■ MEMORÁNDUM

Al premio de un país transformado en un cementerio de ladrones para que reinen otros ladrones, por fortuna se oponen paisajes más alentadores del destino humano, pintados sin duda por líderes con una niñez más afortunada.

Al respecto, y para finalizar, les dejo un edificante fragmento de la ‘Activación de la energía’, texto de Teilhard de Chardin:

Se engañan los que usan métodos de violencia con los que se esfuerzan en unificar al mundo (…) contra ese ideal salvaje nos hemos levantado todos espontáneamente; para evitar la servidumbre (…) luchamos para destruir el ‘derecho divino’ de la guerra…

En cambio, ellos tienen perfectamente razón al sentir que ha llegado el momento de pensar en una tierra nueva. Es incluso por esa visión que son terriblemente fuertes. Ellos aportan la guerra como principio de Vida.

Para replicar eficazmente, ¿qué les opondremos nosotros?.

No conseguiremos equilibrar, primero, y luego invertir su fuerza, sino superamos su religión de fuerza por otra religión de amplitud, de coherencia, de seducción equivalentes.

En nosotros, como en ellos, debe actuar un dinamismo tan potente como la guerra que les anima…
”.

Marlene Singapur / msingapur@yahoo.es

viernes 25 de julio de 2008

Me encontré un guante…

ALEJANDRO EXASPERADO

Alejandro Gaviria está exasperado, según amablemente nos informa en su última Columna de El Espectador (19-7-08). Y para ilustrarnos acerca de su estado de ánimo, se sirve de la respuesta que Marianne Ponsford dio recientemente, al preguntársele de quién estaba cansada de escuchar: “de Uribe”, contesto escuetamente.

En principio habría que preguntarle a Marianne si, al margen de la interpretación que Alejandro asume, lo que ella quiso decir es que estaba fastidiada con Uribe, de que le hablaran de Uribe o de la manera como le hablan de Uribe, matices que el Decano no se encarga de esclarecer, porque las coloraciones interpretativas, las riquezas del sentido o las cargas simbólicas, no son, evidentemente, su especialidad.

Con esos criterios Alejandro restringe en su Columna la importancia de los impactos que sobre la mente colectiva – moral es otra cosa, estimado Decano – tienen las acciones de cualquier Presidente o Primer Ministro del mundo sobre sus conciudadanos.

No sólo no es una decisión de los analistas y periodistas poner a Uribe en el centro de la vida cotidiana del país, sino que el fenómeno voluntariamente mediático instaurando en la Presidencia de Colombia, como pocos en el mundo de hoy, exige el ensayo de lecturas diversas, ojala con énfasis en los recursos que ofrece la psicología social o las ciencias de la comunicación, humanas o sociales – que, entre otras cosas, son distintas –, de donde se desprenden, precisamente, los fundamentos contemporáneos del marketing político.

La política es un objeto de mercadeo y la generación de opinión un problema en el campo de esas ciencias. Y si a Alejandro, tal como lo expresa, le parece que es más útil analizar en la coyuntura el sistema tributario o las cifras de desempleo en Colombia, no nos oponemos, incluso estamos seguros de que una persona de sus capacidades técnicas realizaría un trabajo impecable en ese campo. Pero que no nos exija a todos que nos dediquemos a esa labor que él ya hace muy bien.

Opiniones como las de Hernando Gómez Buendía, acerca de la esencia simbólica de la política, a Alejandro, por supuesto, le suenan a ‘freudianismo antiuribista’. Igual que el tremendo esfuerzo histórico e intelectual que hace Max Weber para establecer el nexo entre el nacimiento de la mentalidad capitalista norteamericana y la religión protestante. Y quizá también le parezca una ‘teoría peculiar, casi cómica’, las engañosas reflexiones de Hernando de Soto acerca del misterio simbólico del capital. Conviene informarle, además, que gran parte de la comunidad científica internacional, a la cabeza de Ken Wilber, ha estimado que después del Big Bang pensar es ser necesariamente idealista.

Mientras pensadores de la talla de David Bohm, compañero de Einstein en Princeton – entre otros miles de intelectuales en el mundo contemporáneo –, han identificado en la era global una oportunidad para superar la tradición de fragmentar para conocer que hemos heredado del pensamiento mecanicista, aquí estamos intentando monopolizar la interpretación del mundo, invalidando con jactancia, y entre las fatigas de la guerra, el derecho de los otros a ofrecer elementos distintos, sólo porque no los entendemos.

Lo religioso y su conexión con los atributos de la geometría y los números, es resuelto precisamente por Bohm, al proponer la introducción de ‘el espíritu como dato’ en el corazón de las ciencias exactas. Pero tal parece que, a quien no es capaz de integrar, muy poco enigmática se le antoja la existencia.

La presencia de lo religioso es tan inevitable, tan potente y omnipresente entre nosotros, que su muerte, afirmaba Whitehead, sólo podrá sobrevenir cuando se reprima la elevada ansia de aventura en el ser humano.

Por tanto no es, como el Decano supone, la ‘génesis de la moral en la figura del Presidente de la República’ lo que los ‘científicos sociales’ están intentando precisar en las públicas expresiones de religiosidad de Uribe, sino el establecimiento del modo y de los intereses a favor de los cuales se activa esa energía colectiva.

Y nos queda aún pendiente una definición de lo que Alejandro entiende por ‘científicos sociales’…aunque, pensándolo bien, mejor ‘deje así’.

Con el conocimiento pasa lo que a una persona curiosa que se encierra en un armario, para experimentar el fantástico personaje que es, escrutando la extraordinaria forma de su propio cuerpo en la oscuridad.

Una experiencia mágica que Stevenson describe como aterradora para algunos niños, entre los cuales podría estar perfectamente Alejandro. Con una diferencia no despreciable: él no está aterrado, está e-x-a-s-p-e-r-a-d-o.
Marlene Singapur / msingapur@yahoo.es

domingo 20 de julio de 2008

Publicado en El Tiempo, julio 21 del 2008

Mejor la guerra desde adentro
ALFONSO CANO, VEA ESTA COLOMBIA ” *
* Ingrid Betancourt

La guerra, elemento fragmentador por excelencia, llevada a sus límites se transforma en su contrario: un potente factor unitivo. Asuntos alquímicos, diría Cirlot.

Todo pueblo necesita referentes de congregación, los que en nuestro caso no han surgido del pérfido Congreso de la Republica, ni aún del gobierno de turno, sino de un puñado de hombres armados que durante medio siglo han cuestionado el régimen, y al final se han convertido, tristemente, en la armadura más eficaz del régimen.

El arrebato de la libertad, el encadenamiento, es una práctica abominable.

Un solo colombiano secuestrado, es suficiente para sentirnos tristes y elevar una viva protesta, y en Colombia aún hay cientos, que ya no son ‘prisioneros de guerra’, denominación hoy totalmente desfigurada.

El secuestrado es, sin ninguna duda, nuestro símbolo nacional. Un símbolo que supera la coyuntura y la condición individual, para manifestar la oscura historia de terrores, segregación y pobreza; la misma que, con o sin Farc, aún estará ahí cuando después de la victoria abramos los ojos, como el dinosaurio de Monterroso.

Habría que separar la protesta por el secuestro, de la petición de un proceso de paz a fondo en Colombia, y de la fiesta de independencia nacional, cuyos 200 años Uribe ha intentado evadir, igual que los cincuenta años de la muerte de Gaitán, porque en su afán de construir un pueblo sin memoria sospecha que todo aniversario emancipatorio encierra terrorismo.

La euforia producida por los operativos y los conciertos musicales, no puede confundirse con lo que el Presidente de Perú, Alan García, denominó como “un proyecto de libertad del pueblo colombiano y de todos los pueblo de Latinoamérica”. Una interpretación sin duda excesiva, al mejor estilo del entrañable mesianismo latinoamericano.

Cabeza fría, estricta vigilancia en el manejo de la opinión y mucha revisión histórica, es lo que necesitamos para abordar un verdadero proceso de paz en Colombia, que difícilmente podría emerger de la ebriedad de los festejos.

Una cosa es el proyecto de país de Uribe, que la guerra no deja ver ni discutir racionalmente, y otra muy distinta el abordaje de las hondas fuentes de nuestra guerra en lo social, en lo político y en lo económico, invisibilidad que hoy las mismas Farc ayudan robustecer.

Con Uribe estamos frente a un animal político de colosal magnetismo y capacidad de alinear a las masas. Su liderazgo ha sido capaz de sostener, como pocos mandatarios en el mundo, una cima de máxima popularidad durante los seis años de gobierno.

Y eso es bueno y es malo, como todo en la vida.

Bueno porque con Uribe una fuerza social terrateniente y oligárquica ha hecho su rabiosa emergencia pública, empeñada en un proyecto de ‘refundación’ que, compartámoslo o no en su esencia y procedimientos, ya está en construcción. Y lo estuviera aún sin Uribe, publicación que le debemos agradecer. El siguiente paso, es exigirle que ese proyecto sea más que la persona de Uribe.

Bueno también porque un contendor de estas dimensiones requiere una oposición clara y firme en sus diferencias con el caudillo. En ese juego no puede haber amancebamientos políticos de coyuntura, como estrategia para vencerlo. Esta es la oportunidad histórica de la izquierda para demostrar su talla, o se progresiva pequeñez.

Y malo porque el poder de Uribe anticipa una modalidad de tiranía mediática, capaz de mancillar el orden institucional a favor de su alta popularidad. Ese es el conflicto interno de Uribe, y el de todos con él.

La pregunta sería, una vez desaparezca la guerra, ¿qué quedará del autodenominado ‘combatiente’?, ¿cómo enfrentará Uribe la desnuda raíz del conflicto: la miseria, el desempleo, el desplazamiento, la concentración de la tierra, el costo usurero del capital en Colombia?...

La clave para consolidar o detener a Uribe la ha tenido, la tiene, y la seguirá tendiendo las Farc, perpetuando la confrontación desde su nicho selvático o dando un paso definitivo hacia la negociación y el desarme. Sugerimos esta última opción, donde las Farc y el país tienen todo que ganar, y quizá muy poco los propietarios del ‘Estado de opinión’.

Presas del aislamiento, de la riqueza del narcotráfico y de un desdichado discurso revolucionario, las Farc no han podido interpretar en la negociación su ingreso a la política nacional, acaso por la puerta grande. Ingreso que el gobierno le disputará a toda costa, evitando acompañamientos y presencia de medios.

Pero aún así, ese es el escenario, y nada tienen que ir a buscar a Nicaragua. Esto se llama, estimados camaradas, política del siglo XXI: espectáculo, medios, marchas, encuestas…

Y si no pueden asumirlo ni entenderlo, preparémonos entonces para dilapidar el gran sacrificio nacional de cincuenta años de guerra.

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

viernes 11 de julio de 2008

Al final, siempre hay un espejo

FABULITA DEL HÉROE DESOLADO

Como ningún Mandatario en el mundo, el Presidente Uribe adjetiva sus discursos más sencillos con la mayúscula palabra ‘Patria’.

‘Altos intereses de la Patria’, ‘soldados y policías de la Patria’, ‘mujeres y niños de la Patria’, ‘ríos y selvas de la Patria’, son algunas de las frases que le hemos escuchado pronunciar abundantemente en el transcurso de sus largos años de gobierno.

Y ‘patria’ podría aludir a una realidad cartográfica y estadística puramente descriptiva, si la religión y la política no le imprimieran una dinámica mítica, a partir de tres elementos: el héroe y su enemigo, más el combate fabuloso que les concede existencia.

En efecto, gran parte del poder de religiosos y políticos radica en su capacidad de auto-postularse como patriarcas y libertadores, elevando a ogros públicos a sus contendores personales, llámense Al Qaeda, Irán, Farc, Corte Suprema o Leviatán.

Tal ha sido el talento de G. W. Bush (léase Cheney) para transformar el 11-S en la plataforma perfecta para iniciar la implacable cacería del ‘enemigo del mundo’. Y tal la razón que ha tenido Uribe para ser su socio irrestricto, en el propósito de ‘farquizar’ la justicia que le asedia, el modelo de desarrollo colombiano y la agenda diplomática de América Latina.

El conflicto invierte valores y desdibuja el Estado de Derecho, para bien, afirma Carl Schmitt, militante del Nazismo y perteneciente a la escuela de la Realpolitik alemana, para quien un poder político pleno sólo puede emerger de situaciones de excepción, donde la oposición se rinde y la ciudadanía obediente delega sus derechos a un paladín mediático, áspero y testicular.

El héroe no es un gobierno ni una Constitución, es un superhombre inmune a la ley, delegado para perpetrar acciones arbitrarias que de otra manera la opinión pública abominaría.

Todos estamos dispuestos a dar la vida por un héroe. Por un Presidente no.

Y la superioridad del héroe frente al agresor de todos sólo puede sostenerse a través de espectaculares operativos y ejecuciones, ojala no tan perfectos, para que resulten creíbles.

Aún a sabiendas de que el escarnio y la matanza eternizan la violencia que precisamente ha prometido extirpar, el héroe no podrá detenerse, porque sabe que su corona de proezas depende de mantener el terror.

La clave de la autorización general para que el héroe pueda ejercer de victimario, radica, según Rene Girard, en su capacidad de combinar los sacrificios públicos que mantienen hipnotizada y cohesionada a la sociedad (‘principio sacrificial’ de lo social), y el ejercicio de la mimesis, esto es: hacer que sus deseos se parezcan a los de la gente, que agradecerá hasta el delirio la transfusión de heroína.

Al contrario del Gregorio Samsa de Kafka, el mayor temor del héroe no es despertar un día convertido en un insecto, sino en un mortal cualquiera.

Por eso su temida criptoníta son los Jueces de la Republica y los endebles historiadores y académicos, que, sin alaridos ni disparos, como él héroe anhelaría, amenazan con humanizarlo, al publicar las entrañas de su ardoroso mito. Disipada su aureola de ‘combatiente’ y el irracional patriotismo, el hombre desnudo ya no tendrá un enemigo, sino 40 millones, ejerciendo de lucidos ciudadanos.

Literalmente desencantada al distinguir un simple prójimo donde imaginó grandiosidad heroica, la misma muchedumbre que en el exterminio lo aclamó le pedirá que se inmole, como última prueba de autenticidad. Porque sólo martirizados y rebajados a victimas los héroes encuentran finalmente perfección, y el mundo su regalo.

Y todo para que un día podamos decir, como ante el Cristo, Luther King, Gaitán, Lennon o Gandhi: ‘larga, muy larga vida al héroe’…

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

sábado 5 de julio de 2008

Realidades sociales y ensueños angélicos

OPUS URIBE

Disipada la densa humareda de testosterona y heroísmo que dejó el muy increíble (muy) rescate de Ingrid y compañía, no sobra hacer memoria acerca del país donde vivimos.

Los cultivos ilícitos han aumentado en Colombia un 27% desde 2007, según la oficina de Naciones Unidas de lucha contra el Delito y el Crimen (Unodc), agencia de la que el gobierno, después de tan ‘antipatriótico’ informe, se distanció inmediatamente.

Actualmente la pobreza en Colombia afecta al 48% del total de la población. El desempleo, que ronda el 12.7%, supera el promedio de 8.1% del continente, con 56.6% de los empleados ejerciendo empleos disfrazados o subempleos.

La guerra ha posicionado al país como el de mayor número de desplazados en el mundo, después de Sudan, y sigue fortaleciendo el monopolio de la tierra productiva, que en un 60% está en manos de unos pocos propietarios.

El 70% de los Congresistas, cuestionados hoy por sus relaciones con el paramilitarismo, son los mismos que pusieron los votos para la elección y reelección del Presidente. Al tiempo que el jefe nacional de la agencia de inteligencia (DAS), Ministros, embajadores y asesores, han sido formalmente acusados, investigados o cuestionados por sus vínculos con paramilitares, o por ser familiares directos de famosos delincuentes, lo cual, sin ser una acusación personal, si constituye un irrespeto a la institucionalidad.

Frente a ese paisaje, el gobierno ha administrado con criterio político y populista los recursos públicos, repartiendo subsidios y aumentando sueldos como estrategia de camuflaje de los permanentes cuestionamientos, generando un preocupante déficit fiscal que el Ministro de Hacienda, tarde y a regañadientes, ha decidido corregir.

El Presidente Uribe ha reiterando, sin embargo, que la re-reelección no debe ser por una persona, sino por su política de ‘seguridad democrática’. Es decir, por la guerra contra las Farc que él ha convertido en su prioridad política y financiera, asignándole a las armas el 4.7% del PIB, mientras el promedio del continente es de 1,6%, lo que nos ubica entre el honorable grupo de los países más ricos en guerra.

Pero, ¿es proporcional esa preocupación de Uribe por las Farc con el origen y solución de los problemas del país?, o son las Farc un efecto de esos problemas, amplificado y transformado en causa por el gobierno, para desplegar, a caballo de la guerra, la famosa ‘refundación del país’ firmada en Ralito.

A punta de recompensas y numerosos ‘positivos’, de operativos ‘Emanuelle’ o ‘jaque’, de coartadas y votos provenientes de delincuentes como ‘Tasmania’ o Yidis, de manos cercenadas y cadáveres de jefes guerrilleros, Uribe gobierna entre espesuras eufóricas, trifulcas de circo y encuestas, apoyado por RCN, que al minuto de cada apoteósico rescate, contrata y difunde, en horario triple A, el ascenso de la popularidad del Presidente.

Pero en las coyunturas explosivas Uribe no sólo avanza hacia el TLC, la concentración del capital y de la tierra, y la reforma a la justicia que le respira en la nuca, sino a su propósito ideológico último: afianzar un patrón 'Opus Dei' de sociedad.

Es decir: consolidar una elite gobernante de empresarios y terratenientes, ejerciendo de emisarios de Dios frente a una manada de sumisos y asustados habitantes, incapaces de conquistar el paraíso por si solos, todos reunidos entorno a un apóstol de ‘inteligencia superior’, que guía a la multitud sin instituciones, sin Constitución, sin Cortes Supremas, sin leyes, y, por supuesto, sin opositores, todos pecadores y diabólicos terroristas.

¿Eso es lo que vamos a re-reelegir?. No lo puedo creer.

Pienso, más bien, que la divulgada noticia de que somos unos necios pseudo-ciudadanos, capaces de sucumbir, dulcemente y sin preguntar, a las maniobras mediáticas del ‘Estado de opinión’ de Uribe, es otra manera de mediación, para desalentarnos y hacernos creer que en el corazón de nuestra sociedad gravita una estúpida procesión de borregos.

A sabiendas de que esa burbuja explotaría en el proceso electoral hacia un tercer mandato, Uribe no será quien continuara la ‘refundación’, que en realidad es la instauración de una organización de Prelatura en la sociedad colombiana.

Marlene Singapur / msingapur@yahoo.es

miércoles 2 de julio de 2008

De futuros triunfos

¿Y QUÉ ESPERAN LAS FARC?

Sin duda la liberación de Ingrid Betancourt, los norteamericanos y los militares colombianos, mantenidos en cautiverio por años por parte de las Farc, es una inmejorable noticia para Colombia, para los familiares y para la dignidad humana.

La evaluación estrictamente militar de los hechos, deja a las Fuerzas Militares de Colombia en una altísima calificación, digna de las mejores del mundo. Quizá desde el audaz rescate de los 38 israelíes secuestrados en Entebe, Uganda, realizado en 1976 por parte de la Tzahal de Israel, pocas fuerzas del orden como la colombiana habían arriesgado tanto con resultados tan exitosos. En hora buena.

Es un hecho que la superioridad del ejército en materia de tecnología e inteligencia, define en estos momentos su supremacia frente a las Farc, lo que demanda de parte de los subversivos una reacción irreversible hacia la negociación y el desarme definitivo.

Y ojala no se demoren. De otra forma, seguirán constituyéndose en los peores enemigos del pueblo colombiano.

Tanto por el trágico engendro de narcotráfico y secuestro en el que se ha convertido un proyecto político hoy absolutamente desvirtuado, y porque se han transformado en la herramienta más eficaz del gobierno para aplazar el debate en el que se deben resolver hoy los problemas estructurales de nuestro país.

No es fácil, pero sí absolutamente necesario, esforzarnos por mantener la superioridad de nuestra perspectiva política frente a las circunstancias de coyuntura que arroja la guerra. Celebremos con justeza la liberación de los secuestrados, sin renunciar a ninguna expresión de alegría, pero atentos también a cualquier uso populista que se quiera hacer de la noticia y de los testimonios de los liberados.

Siempre se agradecerá evitar matar a cualquier persona, sea guerrillero, militar o civil. Pero intentar mostrar que se evitó dar de baja a los subversivos que quedaron en tierra mientras el helicóptero alzaba vuelo, como la demostración de una fehaciente y seria voluntad por la paz, y no como parte de la cuidadosa táctica prevista en la operación, es parte del tufillo a encuesta de Gallup y “Estado de opinión” que nos desalienta en las alocuciones de Uribe. Detallitos que empañan.

Será cuestión de diferencias culturales, de estilos personales o de formas de hacer política, pero uno no alcanza a estar completamente satisfecho –aún en los casos en que parecería fácil estarlo– con la manera como Uribe emocionaliza y politiza escenarios en los que esperaríamos gestos precisos, sobrios, rigurosamente ajustados al protocolo y a una lectura grande de las situaciones.

Ojala sean muy pronto liberados todos los rehenes, hasta la alegría final de que las Farc renuncien a una práctica de guerra tan desleal con el pueblo colombiano. El problema de fondo, sin embargo, es hacerles entender que el escenario de la guerra ya no es la selva, que la periferia dejó de ser un lugar eficaz para hacer política y constituirse en una opción de poder; si es que alguna vez lo fueron.

Hoy la más efectiva guerra que las Farc pueden desarrollar, renunciando previamente a la opulencia que arroja el tráfico de narcóticos y planteándose, aún, un protagonismo político en la legalidad, es en una mesa de negociación, sentadas con el gobierno, la comunidad internacional y las fuerzas vivas del país, conversando esperanzadoramente acerca del futuro de Colombia.

Son nuestros problemas discutidos y analizados racionalmente, lejos de la gritería patriótica y guerrera, los que pondrán a prueba la verdadera vocación democrática de la clase política del país.
Y mientras más aplacen ese momento, más débil será el margen de negociación y la representatividad popular que las Farc puedan ejercer en ese escenario, el único posible en adelante.
Y el Presidente debería pensar que no hay hoy en el país una persona distinta a Ingrid Betancourt para liderar ese proceso; si es que primero está dispuesto a prescindir de la embriaguez de los rescates difundidos al planeta entero.

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

sábado 28 de junio de 2008

Publicado en El Tiempo, julio 1 del 2008

Un reto que debemos aceptar
INDÓMITAS SERPIENTES

Las reacciones del Presidente, plenas de espectacularidad, no sólo se emiten siempre desde lugares, horas y tonos inadecuados, sino que dejan la firme impresión de que tienen el propósito de evadir con tremendismos mediáticos las realidades jurídicas que deberían afrontarse racionalmente y a la luz de la ley.

Si es que el Presidente tuviera la certeza de que la razón y la ley le asisten; y como parece que no es así, sus argumentos han sido dos:

En primer lugar, mancillar con coartadas o acusaciones truculentas a sus denunciantes, entre otros casos: atribuir a los Magistrados de la Corte Suprema vínculos con el narcotráfico; a Yidis el delito de extorsión a través de Tomás, hijo del Presidente; al Magistrado Iván Velásquez conspiración, a partir de una carta firmada por ‘Tasmania’, personaje sombrío que por estos días precisamente desmiente la versión presidencial. De esa categoría son sus explicaciones.

Y la estrategia de desprestigiar a los denunciantes podría generar legitimas dudas respecto a la autenticidad de las imputaciones, pero no las desvirtúa, exigiendo del investigador, eso sí, una confirmación de la seriedad de las mismas. Seriedad que hasta ahora no ha sido puesta en duda, todo lo contrario.

En segundo lugar, el Presidente recurre desesperadamente a la voz del pueblo, a la adrenalina, para que la gente avale una inocencia suya que sólo los jueces pueden avalar.

Aunque el Referéndum que ha pedido tramitar, permitiera que la reelección se repita y Uribe la gane, aún el Presidente seguirá siendo virtualmente culpable de haber obtenido con dadivas la primera reelección, culpabilidad que perfectamente se infiere de su resistencia a permitir que se cumpla un proceso que apenas comienza su transito hacia la Procuraduría y la Corte Constitucional.

E infinitamente culpable el Presidente, considerando su abusiva intención de aprovechar la coyuntura para quedarse otros cuatro años más en el poder.

El Presidente usa la popularidad ganada con la guerra como un cheque en blanco para rehuir compromisos judiciales que debería rebatir en los estrados y no a las trompadas; estilo que le ha hecho popular sin importar la impopularidad que gana nuestra democracia, pero que ha llegado hoy a las fronteras de la civilidad que preserva a las sociedades de la tiranía.

El argumento de que la Corte Suprema politiza sus fallos al sugerir la revisión del acto legislativo que reformó la Constitución para favorecer la reelección presidencial, es evasivo y siniestro, al intentar imponernos la luctuosa ley del ‘mejor deje así’, a favor de una supuesta ‘defensa de la institucionalidad’ y de la dignidad presidencial.

Habría que recordarle al Presidente que la institucionalidad es, también y fundamentalmente, la memoria y la ética colectiva que emanan de las ejemplares sanciones que se aplican a quienes la mancillan.

Luego el argumento no es rogarle a la Corte y el Presidente que ‘limen asperezas’, como si hubiese una disputa entre raciocinios pares. No. Aquí lo que hay, de fondo, es una persona –el Presidente de la Republica, nada menos – empeñada en hacer pagar a toda la sociedad por sus inconfesables culpas (pasando por la incineración de cada uno de sus Ministros), retándonos así a que, si somos machos, nos incorporemos al lodazal para aprehenderle.

Reto que debemos aceptar, purificándonos después de la excursión y esforzándonos para no olvidar la ruta de retorno, manteniendo la conciencia de que nosotros somos distintos.

Y si dudamos, por los costos que tiene para nuestro pudor el enfrentar al irascible adversario, les aseguro que son inmensamente menores de los que pagaríamos por hacernos los locos ante la supuesta alta finalidad de ‘defender la institucionalidad’. De cualquier manera Uribe nos quedará debiendo, aunque renunciara.

Marlene Singapur

sábado 21 de junio de 2008

Los imperios colombianos.

PETRO O EL DELIRIO DE LOS TRÁNSFUGAS

Desconciertan las recientes afirmaciones del Senador Gustavo Petro, cuyo fervor por constituirse en una alternativa presidencial parece incitarlo a tomar posiciones ambiguas y politiqueras.
Nada distinto de las tránsfugas personalidades colombianas, que frente a un enemigo común como la re-reelección de Uribe, por ejemplo, en vez de combatirlo fortaleciendo sus principios colectivos, prefieren saltar de sus partidos a aventurarse solitos en la construcción de un imperio propio.

Colombia se encuentra en el proceso de definir un escenario político de talantes ideológicos nítidos, para superar el nefasto legado del Frente Nacional, que nos acostumbró a entender la política como la ciencia de generar alianzas indiscriminadas para ‘repartirse la marrana’, y a injuriar la oposición política como ‘apátrida’ o ‘terrorista’.
Esa es la fuente de la muy nuestra cultura de la ilegalidad y la trampa, abono perfecto para que el narcotráfico y los ejércitos privados se hayan aposentado progresivamente en las regiones, hasta apropiarse finalmente del Estado.

Nuestros prohombres, habituados a esconder sus muy escasas ideas como requisito para convocar ‘Acuerdos Nacionales’, nunca aprendieron que la mejor manera de integrar y generar mayorías –por lo menos la manera más leal con la democracia –, es postular y defender públicamente alternativas ideológicas y programáticas.

En esa perspectiva es importante que el discurso de Uribe se consolide en una opción de partido político de largo plazo, traduciendo en pensamiento la brava fuerza que ha gobernado a Colombia sin permitir alternancia y autodenominándose como la encarnación del Estado, o de ‘la Patria’.

A cambio de ideas, en el centro de la mentalidad frentenacionalista hay Mesías que con un mínimo de carisma y la confianza de la maquinaria política y financiera, han ejercido de personas-partido o de personas-país. Y Gustavo Petro encarna los supuestos de ese quehacer político.

Acomodándose con arengas evasivas a la buena estrella de la ‘seguridad democrática’ y al tradicional ‘Acuerdo Nacional’, su discurso resulta una suplica al régimen para que avale sus aspiraciones.

Petro se ha dedicado a hacer política con temas escandalosos y maniobras mediática no siempre exitosas, cómo cuando tuvo que pedir disculpas públicas al Coronel Plazas, por la falsa aseveración de que él era uno de los militares presentes cuando lo torturaron en sus épocas de guerrillero.

Y aún le quedan disculpas pendientes a Petro, por la mala intención de capitalizar a favor de sus ambiciones políticas su condición de victima y de ‘rebelde’. Una tendencia muy de moda en la izquierda, cuyos miembros aún insisten en pedir perdón por haber sido niños abandonados o por sus tristes años de estrato cero, convencidos de la estrategia de mostrar la herida para obtener votos.

En la mejor tradición política colombiana, Petro propone convocar al conglomerado de egos nacionales para encontrar entre ellos al ‘único’ contendor de Uribe, contrariando así la urgente necesidad del país y de la izquierda por consolidar partidos de tradición ciudadana, orientados a implicar a las redes sociales en sus derechos y deberes democráticos; antes que insistir en la tradición de candidatos híbridos y ‘únicos’, que, en ausencia de una sociedad civil con criterio político, han decidio confundir la política con el heroico espectáculo de ‘exterminar’ enemigos.

Finalmente, Petro tendría que explicarnos cómo es la izquierda del siglo XXI en la que dice militar, y cuál es su diferencia con el gamonalismo colombiano y con el reino del mercado como ideología.

Mientras eso pasa, seguiremos esperando las ejemplares ‘reservas morales y democráticas’ que el mismo Petro anhela: personas que transmitan grandeza y generosidad a la cicatera política colombiana, personas que nos digan la verdad, que no se envilezcan con las mieles del poder y que, sobre todo, no se ruboricen por sus convicciones. Personas que Gustavo Petro no parece simbolizar.
Marlene Singapur

martes 17 de junio de 2008

NOTICIAS DE UN MUNDO CASI FELIZ

Lo peor que le puede pasar a una persona, afirmaba G. B. Shaw, es conseguir aquello que siempre ha deseado. Razón por la cual, ante la (por lo pronto muy improbable) desaparición de las Farc, el más afectado sería el Presidente Uribe, que con la victoria dilapidaría su principal oxigeno mediático-político, del que ha abusado hasta el mareo, en su propósito de inducir a la ciudadanía a la aceptación del ‘patriótico’ empeño de liberarla de su peor enemigo.

El más preciado botín de las guerras es la posesión de la verdad y la justa causa, una disputa que en nuestra posguerra no sería menos rabiosa. En medio del ‘síndrome del día después’ el país ingresaría progresivamente en la introspección, tanto para contar la hasta hoy antipatriótica historia de emergencia y consolidación de las Farc y las Auc, como para dar paso al coletazo judicial del proceso. Una prueba histórica para la academia y los tribunales.

Y parafraseo otra vez a Shaw: el estúpido que hace algo que le avergüenza y dice cumplir con su deber (algo así como ‘aquí defendiendo la democracia, maestro’), al final no podrá evitar ni su estupidez ni a los jueces.

Por otro lado, el vínculo de los integrantes de las Farc a la vida civil será mucho más difícil que la reinserción de los paramilitares, por las limitaciones de adaptación de las miles de personas venidas de una tradición de medio siglo de subsistencia selvática; y por la resistencia del estamento militar y empresarial hacia sus antiguos enemigos. ‘Se lo buscaron’, dirá el Ministro del Interior.

No será fácil que un gobierno personalista e identificado con la tarea de la guerra, de un día a otro pueda abordar discusiones abiertas y civilistas. Sin embargo, desvirtuada la simplificación adrenalínica de la política, en el posconflicto aún confiaremos en poner sobre la mesa los temas que pudieron discutirse en el Caguán.

Pero malas noticias: aunque las Farc nunca han sido una opción real de poder, sí fueron una piedra en el zapato para los caciques regionales, los terratenientes y los inversionistas, los mismos que, una vez desaparecida la incomodidad, no estarían ni cinco interesados en discutir la concentración de la riqueza, como sí el TLC, que terminada su campaña Obama firmará obedientemente.

El Ministerio de Defensa ya no tendrá ningún interés como plataforma presidencial, por lo que Juan Manuel solicitará un sabático en la Embajada de los Estados Unidos, siempre que el Presidente decida re-reelegirse. Caso contrario, a Santos le tocará disputar con ‘uribito’ y el Dr. ‘ternura’ (bonito el trío) el beneplácito de Uribe, con la difícil tarea de producir un partido político de las ruinas parapolíticas. Cualquiera de los tres, sin embargo, bajo la sombra de Uribe ni por el Putin podrá superar la importancia de Medvédev en Rusia.

Re-reelegido Uribe, con su probada apetencia por la reyerta para generar opinión, estaría obligado (obligadísimo) a imputar a la izquierda democrática una alianza con las desmovilizadas Farc, prolongando así el rostro terrorista que tanto ha capitalizado. Si es que antes a Chávez y Correa no se les ocurre fundar las ‘Gran-Farc’ (Fuerzas Armadas Revolucionarias de la Gran Colombia), facilitándole a Uribe su tercer aire.

Así las cosas, yo diría que frente a la derrota de las Farc Uribe tendría dos opciones: delegar el liderazgo, a propósito de que no por mucho tiempo se pueden habitar las alturas conquistadas; o, en caso de decidirse por un tercer período presidencial, poner todo su empeño en que ‘Jojoy’ refunde las Farc, o por lo menos allanarle el camino para la creación de un grupo alterno.

Si el ‘mono’ se resiste a abandonar su pujante macroproyecto palmífero del Caguán, a Uribe le tocará buscar con urgencia otro sparring, ojala distinto a Carlos Gaviria, que con semejante cara de Papá Noel no daría la talla. No será un mundo plenamente feliz, Presidente, pero ¿acaso lo hay?...

Marlene Singapur

jueves 12 de junio de 2008

¿NOS MERECEMOS ESTO?

Los últimos eventos de la política nacional, muestran una personalidad gobiernista dispuesta a mancillar la institucionalidad hasta límites intolerables, con tal de salir bien librado. Una ‘muestra de fortaleza institucional’, dirán los politiqueros acostumbrados a no pagar por sus abusos, y los columnistas que aún afirman que aquí no hay crisis. Los unos se conforman porque comen del cadáver, y los otros porque quizá no conocieron –y tampoco quieren – un mundo mejor.

La máxima prueba de que la institucionalidad está enferma es, precisamente, el hecho de que aquí no pase nada frente a tanta aberración. Tanta, que ya confundimos la permanente enfermedad como una prueba de salud. Para la muestra dos ejemplos.

El gobierno hundió la Reforma Política que castigaría a los parapolíticos, daría un mínimo de dignidad al Congreso y sentaría un antecedente hacia la depuración general de la política en el país. Sus argumentos son dos.

En primer lugar, que con la ‘silla vacía’ se perdería gobernabilidad, es decir: el gobierno perdería sus mayorías en el congreso, y, por tanto, no tendría la garantía de tramitar con éxito sus proyectos. Argumento a todas luces mezquino y mentiroso, pues la gobernabilidad está perdida precisamente por la cantidad de Senadores uribistas presos y en investigación, y se sigue perdiendo con este tipo de decisiones gubernamentales que olvidan el significado de la palabra ‘Patria’, la misma que ahora exige que se escriba con mayúscula.

En segundo lugar, Uribe dice que avalar la Reforma Política sería facilitarle un triunfo a la oposición, y que, más bien, a cambio de esa ‘reformita’ conformaría una ‘Comisión de Reajuste Institucional’ para “estudiar asuntos relacionados con reformas políticas y de justicia”. Es decir: estudiar la creación de un tribunal especial para juzgar a altos dignatarios, responsabilidad que ahora recae sobre la Corte Suprema de Justicia, cuyos fallos, absolutamente ajustados a la ley, poco a poco han ido desnudando al gobierno. Y eso no es culpa de la Corte.

Sin la participación de los partidos, del Congreso, de la rama judicial y de la sociedad civil, Uribe quiere, con un grupito de ‘notables’, transformar el Estado a la medida de sus problemas personales, por los cuales piensa hacernos pagar a todos, porque así ha aprendido que se hace la política en Colombia.

La segunda situación no es menos elocuente: el ‘Yidisgate’. El triste espectáculo de un Presidente enviando mensajes cada cinco minutos desde la Casa de Nariño, símbolo de nuestra institucionalidad, dispuesto a socavar la credibilidad de la excongresista a la que le debe su reelección, con el recurso límite de vincular a la propia familia presidencial como testigo.

Y no se trata de que Yidis no haya llamado a Tomas (y diciendo esto me siento metida en chismes de cocina), sino del manejo bochornoso del Presidente a una situación en la que está en juego la dignidad del cargo y del Estado.

Al final el Presidente ha dicho que ‘de pronto’ si le pidió a Yidis que votara la reelección, pero que a cambio ella lo estaba chantajeando. ¡Pero claro que lo estaba chantajeando!, después de que le incumplió las promesas.

Y para colmo, en entrevista con Vicky la dulce, Uribe reivindica la reelección, porque Alfonso López y Carlos Lleras también aspiraron a ella, y dice, en letra chiquita, que, claro, ellos dejaron pasar un periodo. ¡Por eso, Presidente!: ellos no osaron cambiar la Constitución para su beneficio.

Y una segunda perla en la misma entrevista: Uribe defiende los Consejos Comunitarios porque desde ahí él, personalmente, preserva el derecho de acceso al crédito para los pequeños empresarios, como si ese problema tuviera solución desde escenarios evidentemente concebidos como plataforma electoral.

Cuando Uribe actúa y habla, no lo hace para respetar la institucionalidad ni al pueblo (que en su famoso ‘Estado de Opinión’ resulta apenas un recurso electoral), sino a las encuestas. Uribe ultraja la inteligencia de los colombianos con un ejercicio cerrero y culebrero del poder. Y será cierto que ‘un pueblo tiene los dirigentes que se merece’, pero yo me resisto a ese merecimiento.
Marlene Singapur

martes 3 de junio de 2008

En la Semana Afrocolombiana

BUSCANDO A ‘FEFA’

Observando a ‘Karina’, la jefe guerrillera que recientemente abandonó las Farc, entrenando a gritos a una fila de combatientes asustados y sudorosos, y después en la rueda de prensa junto a ‘Michin’, su marido, ese pesaroso monumento al ‘cero a la izquierda’, recordé a Estefanía Valdez, la tremenda palenquera que en el paso fugaz de mi familia por Cartagena acompañó mi niñez por dos inolvidables años.

En la casa todos éramos ‘Michines’ desde que Fefa cruzaba como un toro el umbral, a las siete en punto de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos. Inmediatamente y mientras se iba poniendo el delantal, sitiaba a mi mamá con chantajes, como hablándole a una pared: “si no compró el achote y la sal que le dije, me voy, porque aquí yo no vine a perder el tiempo”.

Nunca había visto ni volví a ver en la cara de mi madre el pavor, los desorbitados ojos y el apretar de labios, cada vez que Fefa le iba a dirigir la palabra. Ni a la familia saltar de las camas al mismo tiempo, cuando tronaba desde la sala la dulce amenaza: “¡bueeenaaaas!”. ¿Buenas?. Buenas para ella, para nosotros era una hecatombe.

A mí me encantaba experimentar por primera vez en mi vida un poder protector superior al de mis padres. Las rollizas carnes de esa negra me parecían las carnes de Dios. Ahora sé que gran parte de mi sentido de independencia y libertad es un regalo invaluable de la palenquera.

A Fefa también le debo mi vocación musical. Mientras mis frenéticas amigas salían del colegio como saetas, directo a sus televisores, yo corría a sentarme en la cocina con la negra, a picar cebollín y remover sopas hervientes, todo por el espectáculo de su hondo canto cimarrón y el terremoto de sus muslos y brazos, cada vez que danzaba en trescientos sesenta grados con la cuchara de palo en la mano, inclinaba súbitamente su rostro a unos centímetros del mío, y me miraba fijamente dos segundos, para retirarse otra vez repentina hacia el fogón. Ahí soltábamos la carcajada. Imposible que la cocina para mí no lleve la memoria de la rumba.

Cuando Fefa nos invitó a su casa después de un año de trabajar en la nuestra, sentimos una emoción ambigua, entre gratitud y susto. Es que no era una invitación, era una orden.

Ese sábado nos preparamos torpemente, como antes de saltar a un precipicio. Después de la rauda y silenciosa travesía por el paisaje terroso, llegamos a la caliente plaza de Palenque, vacía, sigilosa, vigiladísima. Y finalmente, la casa amarilla de Fefa.

En la terraza su marido se mecía sin camisa en una silla de madera, junto con dos amigos igualmente torsidesnudos. Marido y mujer apenas se miraron. Inmediatamente se abrió la puerta y salieron dos muchachos casi de mi edad, abrazándose al amplio regazo de Fefa, que sonrió como nunca, y nos dijo dócilmente (¡dócilmente!): “mis hijos…”, como si fueran sólo suyos, jamás del ‘Michin’ de su cónyuge.

Comimos, reímos, caminamos por el pueblo en una tarde memorable, mientras Fefa, como una reina, agitaba las manos a todas las casas. Sentados de nuevo en la terraza, el discreto marido intentó invitarnos a una sesión de tambores. Alcancé a emocionarme, pero Fefa frunció el ceño, y no se habló más del asunto hasta nuestro retorno a la ciudad.

De alguna manera infantil yo sabía que ella, con toda naturalidad, era consciente de la autoridad que ejercía sobre cada uno de nosotros. Siempre a sus anchas, nadie superaba su capacidad de poner a cada uno en su lugar, perfecto el sentido de lo justo que ejercía en la calle o en los buses, en la playa o en el almacén Mogollón, donde hacíamos el mercado quincenal y las cajeras y vigilantes le abrían paso, mientras nosotros marchábamos detrás de sus tremebundas nalgas, como una procesión de niños de kinder.

Cuando nos mudamos de Cartagena a Bilbao, parecíamos zombies sin Fefa, que deliciosamente nos había maleducado. Desde mi enfermedad, negra, no te imaginas cuanto añoro ahora tu caricia.


Marlene Singapur / msingapur@yahoo.es

lunes 26 de mayo de 2008

Publicado en El Tiempo, junio 2 de 2008

LABERINTOS DE MONARCA

Las encuestas de popularidad del Presidente Uribe parecen expresar la voluntad ciudadana de pasar por alto los desafueros y manchas originales del gobierno, a cambio del goce mediático de exterminar al único enemigo de la patria, las Farc. Rambo, se llama la película.

Sin embargo, la idea original de emplear la guerra para favorecer la ‘refundación del país’, se ha transformado hoy en el esfuerzo diario por defender la menguada credibilidad del gobierno con golpes de opinión, aún a costa de traicionar a los jefes paramilitares y a los partidos políticos que apoyaron su primer y segundo mandato, o transformando los computadores y celulares de Mancuso y compañía en unas masas de metal imposibles de analizar.

“Uribe juega fuerte”, tituló El País de España la noticia de la extradición masiva de los jefes paramilitares a Estados Unidos por parte del gobierno colombiano.

Y sí: la política en Colombia se ha convertido en una deplorable fiesta de tahúres, la autentica competencia colombiana de probar quién es el más ‘vivo’, quién confunde más, quién infringe más la ley para salvar su pellejo. Y si se descubre no importa, aún quedan falsos positivos, teléfonos chuzados, recompensas, computadores, extradiciones, encuestas de popularidad, en fin, tantas posibilidades legales. Así las cosas, por ahora el único ganador de la partida es Vicente Castaño.

Sin partidos políticos, sin Congreso, con su socio y primo (segundo) en la cárcel y Yidis ventilando la oscura entraña del gobierno, Uribe le ha apostado a un coliseo de crispamiento, extrapolación y arrinconamiento como único escenario posible de interlocución, en detrimento de la gobernabilidad y del pudor de aquellos a quienes se les ocurra discrepar; mientras llega el anhelado estruendo de algún super-positivo, que sólo puede provenir de las Farc o de Chávez, con quienes Uribe, trágicamente, tiene un destino común.

La batalla del Presidente se resuelve hoy en su capacidad de superar la ley y la institucionalidad con el influjo de su personalidad. Es decir, Uribe cuenta con una mentalidad colectiva que bien ejemplifica el taxista bogotano que en mi última visita a la ciudad con desparpajo me dijo: “aquí lo que se necesita es un dictador que le ponga orden a este país, un tipo que mande”.

¿Porqué, en vez de exigir más espacios participativos, más ingerencia en lo público, más respeto por los mandatos constitucionales, los colombianos insistimos en la figura de un Rey, un Dios o un Uribe, que nos salve con milagros o con pólvora de nuestras desdichas personales y colectivas, sin necesidad de que intervengamos un ápice en ese resultado prodigioso?.

Si bien a Uribe le sirve en la coyuntura capitalizar la barbarie, su única liberación real y definitiva reside en la capacidad de superarse así mismo para dejar un legado institucional que pueda ser recogido por las generaciones, más allá del exterminio de las Farc. De otra manera, hasta su futuro exilio en Texas le perseguirá la insolvencia moral, palmaria después de los fulgores mediáticos.

Para merecer ese puerto, al finalizar su mandato el Presidente debe haberle enseñado a la ciudadanía a no conformarse con promesas mentirosas a favor de males menores; a no desplegar ovaciones frente a tinglados barriobajeros que intenten reemplazar la gobernancia; a no aceptar ‘regalitos’ para debilitar conciencias y engrosar encuestas; a rechazar cualquier oferta inferior a la aplicación milimétrica y cristalina de la ley; a volverse intolerante con las acciones públicas que no demuestren escrupulosidad en su forma y su fondo.

Difícil cometido, pero la historia cuesta.

Lo más probable es que el país, sin embargo y como si no mereciera nada mejor, seguirá enamorado de la camorra y de la invitación a cerrar los ojos por un ‘momentíco’, para salir de un impase ya eterno, mientras pasan y pasan los monarcas…


Antp. Marlene Singapur msingapur@yahoo.es

domingo 11 de mayo de 2008

Publicado en El Tiempo, mayo 13 del 2008

URIBE, 'ECCE HOMO'

Cualquier ensayo de Uribe por transferir responsabilidades a la Corte, a Senadores gringos que conspiran, a sus hasta hace unos días entrañables Congresistas colombianos, o a los antiguos militantes del M-19 y el Epl, no hará más que empequeñecerlo y acentuar la triste soledad que hoy comparte con Gallup y las Farc, madres de las huérfanas encuestas que ya no le alcanzarán para la reelección. Acaso para terminar lánguidamente su mandato, abrazado por las ‘familias en acción’ y los funcionarios que bendicen el tsunami que les ha traído honorarios adicionales.

Si es que antes, en su afán de defenderse y como cualquier Samper, no prefiere dejar maltrecha nuestra institucionalidad y de pronto inventarse una guerra, por esa arcaica ley que bien expresó hace unos años José María Aznar (el perfecto paisa): “ellos pierden, nosotros ganamos”.

Pero, ¿de dónde la confianza de nuestros políticos en que pueden llegar a las instancias gubernamentales a construir un país a su medida, rehusando la ley y manipulando la opinión pública, de espaldas al continente y con el único amparo de Norteamérica y los medios, no importa el rabo de paja que atesoren y contradiciendo la más elemental ley de Murphy?.

Resulta preocupante, y miedosa, la posibilidad de que la integración de los Ministerios de salud y trabajo, y los de política y justicia, obedezcan a una macroestrategia orientada a favorecer a la patronal y debilitar la justicia, hacia un proyecto nacional soportado por la legalización del poder político y económico de origen paramilitar.

La increíble decisión de apostarle a la implementación pública de un proyecto de “refundación del país”, sin rendir cuentas por un pasado ignominioso, es el testimonio de la decidida emergencia de fuerzas sociales que, mientras en democracias maduras constituyen hace rato una opción política legítima, en Colombia han preferido esconderse tradicionalmente en las entrañas del Estado, al que han secuestrado para después acusarlo de negarles las garantías que antes ellas mismas le impidieron ejercer.

En esa perspectiva Uribe, hay que decirlo, es de lo mejor que le ha pasado al país desde el Frente Nacional, pues encarna la posibilidad de una catarsis: el mostrar de dientes de una veta social y cultural que ciertamente, y tal como lo confirma Fabio Echeverri, sin el proyecto-Uribe no hubiese mostrado su acumulado de “(…) excrementos, estiércol, podredumbre, en una gran bodega que se llama Colombia” (revista Semana). Un parto afortunado, doloroso y ojala memorable para nuestra olvidadiza democracia.

La matriz de guerra, medios, encuestas y presiones a la justicia, sin embargo, no sería nada sin la impronta de ‘raza’ y ‘verraquera’ con que Uribe ha consolidado sus altos niveles de popularidad, quizá hoy sombríos, pero irrebatibles en su capacidad de conectar con el sentir popular.

Lo que algunos han denominado una “crisis de partidos” o “demostración de fortaleza institucional”, ha resultado ser el testimonio de la fragilidad de nuestra ciudadanía, el más endeble y descriteriado eslabón de nuestra democracia.

Maniobras gubernamentales que en la coyuntura carezcan del amplio espectro y el sentido de vínculo que ofrecen escenarios como una Asamblea Constituyente, resultarán siempre sospechosas, personalistas y mezquinas frente a los retos de la situación. Un espíritu que no sólo necesita el país sino el mismo Uribe, para transformar la crisis en una oportunidad. Siempre que pueda resistir la ardiente tentación de convertirla en una ‘Constituyentíca’.

Ya no se trata de ‘seguridad democrática’, Presidente, sino de una conducta que según Nietzsche sólo ejercen los Estadistas, capaces de cortar la pobre rama que los sostiene para mirar de frente los abismos. Se trata de su prometido ‘corazón grande’, que desde la campaña electoral sólo nos ha mostrado lamentables Yidis y ‘Raules Reyes’.
Antp. Marlene Singapur msingapur@yahoo.es

sábado 22 de marzo de 2008

Publicado en EL TIEMPO, marzo 22 de 2008

ECOLOGÍA DE LA GUERRA

Seguro que el mal reside en y entre la humanidad, y no se irá por ahora, animado por los áulicos que, muy católicamente, aplauden el exterminio de los "malos", como si el mundo fuera una película de indios contra vaqueros. Misma mentalidad con que se anuncian los celebres "ejes del mal", un montón de diablos hiper-mega-super-malos, milagrosamente ajenos a la historia y a las relaciones de poder, con los cuales se pretende instigar a las aterradas masas a la custodia de la patria.

Y no es que 'Raúl Reyes' y sus secuaces no merezcan estar presos o extintos, ni más faltaba. El problema es que sus muertes se justifiquen con argumentos falaces y demonizantes, que evaden el análisis y encubren con heroica testosterona la existencia de cadenas mafiosas, igual de peligrosas y más eficaces en su proyecto de robarse la democracia.

La victoria sobre las Farc a cualquier costo encierra, en realidad, la confirmación de la centenaria derrota de nuestra sociedad: la prolongación del imperio de la bajeza moral y la acumulación de riqueza al modo feudal, un proyecto que en el fondo hermana a los actores del conflicto. Luego es mentira que la guerra sea entre Uribe y las Farc; esa no es la opción. Es entre para-Estados, las organizaciones más eficaces y determinantes en la historia del país. La verdadera serpiente.

Nuestra guerra pertenece al limbo histórico, la fragmentación y la vergüenza en que quedan los colonizados y derrotados, indecisos entre seguir creyendo en ellos mismos o venderse al mejor postor. Y mientras en la perplejidad comienzan a inculparse y exterminarse entre ellos, los astutos optan por salvarse solos y capitalizar la suspensión colectiva, desorientando a la gente con enemigos que nunca serán más grandes que el analfabetismo y la ignorancia histórica.

Colombia no ingresará a ultranza a la democracia y la modernidad sin pasar por racionalizar y publicar sinceramente el devenir de su ahora, una historia que algunos no quieren que incluya a las Farc y a su álter ego, las Auc. Pero el análisis de las raíces de la guerra no es patrimonio de comunistas o capitalistas; ni el reclamo de identidad y memoria nos convierte automáticamente en terroristas, apátridas y obstaculizadores del desarrollo; ni tampoco tenemos que dejar de ser de aquí para ser globales a las malas.
Esa ciega huida hacia delante ha engendrado una atmósfera ética difusa: mientras desde la periferia social matar es romper un espejo humillante, desde el centro del poder se mata y se premia la mutilación, en defensa de la patria.

Así se institucionalizó la indolencia frente al tormento ajeno, y la vida dejó de ser el bien más preciado. Hábitos que han resistido y resistirán las dudosas euforias del Dane y el DNP en materia de crecimiento económico y empleo.

Antes que cifras de ramplona y desigual opulencia, o de un creciente número de delincuentes desgonzados sobre bolsas de basura, Colombia necesita indicadores para incrementar en su institucionalidad y ciudadanía la "pegajosidad" o "amorosidad", que Humberto Maturana señala como la fuerza unitiva que otorga, a todas las comunidades de seres vivos, capacidad de autorregulación y solidaridad entre sus miembros.

Indicadores que apunten al respeto del ser humano y rechacen los modelos de sociedad que requieren matanzas, secuestros, amenazas e impunidad, como pago obligado por un supuesto futuro democrático y próspero.

Indicadores que dignifiquen la pertenencia cultural y la capacidad de revisión crítica del pasado, para espantar definitivamente al conquistador y al señor feudal de las mentes herederas, desde donde aún avivan la barbarie, esa múltiple matriz de violencia insurgente, terrorista, parapolítica, paramilitar, paraestatal, estatal, familiar, callejera, que parecen distintas y son el mismo mar de sangre de cinco siglos de ancho.

Antp. Marlene Singapur marlene.singapur@gmail.com

miércoles 12 de marzo de 2008

Publicado en EL TIEMPO, marzo 9 de 2008.

URIBE GANA

Acompañamos como colombianos al Presidente en la defensa de los cuestionamientos que actualmente se hacen a nuestro país, por el ingreso temerario a territorio ecuatoriano en busca de 'Raúl Reyes'. Sin embargo, no tenemos que estar de acuerdo con su actuación ni con los argumentos esgrimidos de cara al mundo.

No creemos que el hecho de que las Farc se oculten en territorio de Ecuador y Venezuela, ni aún el hecho de que estos países no sólo lo consientan sino que interlocuten con ellos y les ayuden, sea argumento suficiente para avalar el bombardeo del suelo ecuatoriano e ingresar a rescatar el cuerpo de 'Raúl Reyes', por el insoportable prurito de cazar al comandante.

Y nos parece peor la manera ligera e irrespetuosa como se justifica frente al Presidente Correa lo que ya es un hecho cumplido. Y doblemente peor asumir la estrategia de querer ocultar el atrevimiento acusando a Venezuela y Ecuador por su apoyo al terrorismo.

El ingreso sin permiso en territorios ajenos a buscar delincuentes, astucia que ya se practicó en Venezuela para capturar a Rodrigo Granda, es una aventura peligrosa, sin antecedente en el continente. Mal ejemplo el que nos han dado los norteamericanos.

Si Colombia quiere denunciar, con pruebas, que Chávez y Correa financian a las Farc, que facilitan su obtención de uranio, que les apoyan con armas, que tutelan el tráfico de drogas, etc., existen las vías y los escenarios para hacerlo. Más aún, precisamente porque se sabe que estos países apoyan a las Farc, deberíamos evitar la provocación directa y no ofrecer pretextos para llevarnos a la vía de los hechos.

A menos que eso sea lo que buscamos.

Si es así, significaría que Uribe ha querido atribuir a la guerra una dimensión diplomática, estimulando a nuestros vecinos para que hablen en gavilla en esos mismos términos, superando así, de un tajo, su marginación del manejo internacional del conflicto, donde Colombia quedaba solitaria y progresivamente identificada con la intransigencia y el discurso guerrerísta, mientras Chávez, Sarkosy y demás 'países amigos' pregonaban humanidad.

Réditos que se amplían a la generación de un peligro externo, capaz de victimizar al gobierno y lograr el abrazo solidario del pueblo. Tal como ha sucedido con Uribe, cuyos amigos y enemigos le han extendido su apoyo irrestricto frente al despliegue de tropas de Venezuela y Ecuador.

Paramilitarismo, desplazados, intereses crediticios, transferencias hurtadas, debate Carimagua en el Congreso, temas de suma importancia para nuestra democracia, se diluyen ahora bajo la sombra del agresor.

Adicionalmente, tal como lo señalan recientes análisis de J. G. Tokatlian acerca de la monologa orientación diplomática colombiana, la situación ha consolidado a Colombia como plataforma predilecta de la presencia norteamericana en el continente.

Sin un estrecho vínculo con los Estados Unidos, Uribe difícilmente sostendría la promesa pública de vencer a las Farc, guerra que sustenta su popularidad interna; ni podría enfrentar el proyecto de Chávez y el eje Argentina-Ecuador-Bolivia-Nicaragua, que encarnan un ideario muy distinto al suyo.

La ecuación ancla en una serie de historias personales de las que Uribe no ha podido desprenderse en su trayectoria como gobernante, y que marcan su dependencia de la paternidad del país del norte. Ellos, como es tradición, mientras les seamos útiles sabrán ser discretos al respecto. Y sí que les servimos, mientras exista Chávez y nuestra guerra demande 'cooperación'.

Deseándole lo mejor al Presidente en el impase, por el bien del país, para una próxima oportunidad le sugerimos, sin embargo, observar procedimientos alternos a la imposición de la vía de los hechos a cualquier costo. Sobre todo, le exhortamos a considerar que gobernar no siempre se trata de poder, sino de gracia.


Antp. Marlene Singapur marlene.singapur@gmail.com

jueves 21 de febrero de 2008

Publicado en El Tiempo, febrero 22 del 2008

LO HUMANO, ESE ES EL ARGUMENTO

Aunque llamemos “voluntad popular” a la opinión colectiva y acudamos a la Constitución para referenciar ese “pilar de la democracia”, la política es, hoy más que nunca, un objeto de consumo que no escapa a la lógica del rating y el mercadeo.

Sin embargo, los escuetos deseos ciudadanos no necesariamente (casi nunca) expresan por si solos, ni en materia de programación televisiva ni en política, lo que más beneficia a los propios ciudadanos. El simple argumento del rating, o “Estado de opinión”, como alguna vez lo señalara el Presidente, achata y desorienta el ejercicio de la política, promoviendo euforias momentáneas para llamarlas “intereses superiores de la patria”.

El heroísmo, la peligrosidad, el patriotismo, son recursos típicos de la inteligencia del rating político, que insufla la mente colectiva con fines, como no, de poder. Y eso no es ilegal. Se trata de que lo sepamos.

Un buen ejemplo es el impulso, por parte del Partido de la U., del cambio de otro “articulito” de la Constitución, en medio de la efervescencia del 4F. Un horror, diría Fabio Echeverri, pero no por los costos para la democracia, sino porque no era el momento propicio.

Nada distinto al intento de manipulación de las marchas por parte de las AUC y las FARC.

En un país donde la conciencia ciudadana se compra con adrenalina, con burocracia, con una bolsa de arroz en medio de las campañas electorales, o, finalmente, con un revolver en la sien, una marcha de protesta es otra ocasión para que los políticos y las propias bandas delincuenciales se froten las manos: momento de la pesca, momento de confundir.

En culturas donde la sociedad civil ha conquistado un espacio en la estructura del Estado, a partir de una acción política continua, visible y argumentada, las marchas son la confirmación del respeto ganado, además de un recurso para sentar posiciones de coyuntura, de lo cual los gobernantes toman juiciosa nota. Nuestras marchas, en cambio, son una nube momentánea de confeti, donde el resentimiento y la irracionalidad política se confunden con la fiesta; una emoción barroca y sin memoria, incapaz de proyectarse y muy lejos de estar soportada por una amplia interpretación del conflicto.

Algunos analistas han propuesto que el 4F arroje una alianza entre los partidos y el gobierno, enseguida corregidos por otros que suman sindicatos y empresarios al selecto grupo. Sin embargo ambos, como es tradición en Colombia, esquivan la posibilidad de que un esfuerzo de esa magnitud se concrete en una acción ciudadana sostenida.

Seguimos descreyendo de la gente en los momentos cruciales de nuestra historia, seguimos considerando que la sociedad civil es incapaz de construir, que su función es puramente receptora, y que la participación ciudadana es un carnaval o, en todos los casos, un estorbo para los gobiernos.

Para que el impulso inicial fructifique en sus manos y no en los oportunistas y manipuladores, es necesario que la sociedad civil, con o sin “consenso suprapartidista”, reconozca su papel activo y permanente en la solución del conflicto, con la lucidez política que emana de un único criterio: que el 4F y el 6M confluyan en la demanda a TODOS los actores del conflicto, dentro o fuera del Estado, por el respeto a la ley, la institucionalidad y la dignidad humana.

De no traducirse en una plataforma integradora y de largo plazo, nuestras marchas no superarán el estigma de ser recordadas como un ejemplo memorable de frenesí colectivo y marketing político: la perfecta plataforma para la reelección presidencial, y el humo que sepultó a Carimagua, donde ya resuena el espíritu del gobierno. Es decir, otro gol a la ciudadanía. Más exactamente: un hermoso autogol.

Lo otro es ceder al deseo de los señores de la guerra, que nos quieren fragmentar y hacer creer que somos enemigos, para reinar sobre los odios.


Antp. Marlene Singapur

lunes 28 de enero de 2008

Publicado en El Tiempo, enero 31 del 2008

POR PIEDAD

Desde que el Presidente Uribe le entreabrió la puerta del intercambio humanitario a Piedad Córdoba, la senadora se abalanzó sobre esa rendija y agrandó la luz de tal forma, que ella misma todavía debe estar perpleja.

Aunque en la escalada ella y Chávez ahora están en la periferia política, con la sola carta de la entrega de secuestrados (es decir, en manos de las FARC), hay un saldo positivo en el arrojo de la senadora.

Se puede estar de acuerdo o no con las actuaciones de Piedad, en el fondo o en la forma, incluso podemos desaprobar sus turbantes, su piel, su sudadera roja o su tarjeta de crédito venezolana, pero aún en total desacuerdo con sus ideas y su personalidad, que bueno es tener contradictores nítidos y comprometidos, y en eso la Negra es impecable. Todos sabemos quién es y qué defiende, y también que se morirá con las botas puestas, sin renunciar a las propias ideas.

Una convicción en la perspectiva histórica de la acción pública, que no abunda en nuestra fauna política mal educada, ladina y cacical, amañada en la mezquina disputa burocrática y la estigmatización, cuando no la desaparición física, de quienes disienten.

En el proceso iniciado por Piedad, el propósito final era integrar el intercambio humanitario a un proceso de paz de largo aliento, que pudiera finalizar en una salida política al conflicto y, quizá, en la constitución final de las FARC en una opción electoral. Voluntad que en general compartimos: todos desarmados y en la arena política, y que el pueblo elija.

Sin embargo, o Chávez y Piedad fallaron al desconfiar del gobierno colombiano y no involucrarlo en el propósito y en el plan para conseguirlo, un vínculo que, con toda la resistencia que la idea pudiera tener, era inteligente y necesario establecer; o Uribe abrió la puerta con premeditación, visualizando una plataforma para menoscabar la posibilidad de una solución política, potenciando así su apuesta por las armas.

Nunca lo sabremos con precisión, pues al final decidió Emmanuel. Lo concreto, es que en política no hay acciones de buena voluntad, hay proyectos, y la necesidad de generar en torno a ellos una opinión favorable. Y en eso Uribe les va ganando, merito suyo y de la formidable torpeza política de las FARC y de Chávez, que han trabajado rigurosamente para él.

Podemos entender el deslumbre que damiselas desprevenidas (?) como María Jimena Duzán y María Isabel Rueda, abrigaron frente a la roja corpulencia de Chávez. Lo que no entenderemos nunca es la facilidad del Presidente venezolano para arruinar sus propios propósitos. Con un poco de tacto, mesura y respeto, sumados a su carisma y poder de convocatoria, estaríamos hoy avanzado seriamente en un proceso de paz en Colombia.

Sin embargo, las posibles bondades del proyecto de Chávez naufragan hoy en su carácter díscolo y propenso a la megalomanía. Tal como están las cosas, habría que creerle al excanciller de Venezuela Simón Consalvi cuando dice que “a Chávez no hay que derrocarlo, es mejor dejar que se derrumbe”. Y es una pena presenciar como languidece una promesa de esa envergadura, irrepetible para la solución de nuestro conflicto y para la evolución de un pensamiento de izquierda democrática en el continente.

Piedad ha endosado todo su capital político a Chávez. Desaparecido su mentor del panorama, una posibilidad cada día más latente en este personaje intempestivo y camorrero, aún a sus partidarios les costará absolverla de su apuesta solitaria por la altanería de Chávez.

Más allá de su preocupante futuro político personal, ojala podamos evaluar y valorar con sobriedad en la actitud de la senadora, tanto su esfuerzo por recuperar a los secuestrados y abrir un proceso político urgente para nuestra coyuntura nacional, como su aporte a la decantación de una cultura política enraizada en compromisos irrenunciables.
Antp. Marlene Singapur

sábado 26 de enero de 2008

Publicado en El Tiempo, enero 27 del 2008

FARC: HIJO VERGONZOZO, PERO NUESTRO
Terroristas o no, insurgentes o no, exterminados militarmente o no, convertidos en partido político o no, las FARC son producto y espejo de nuestra realidad, a pesar de ellas mismas. Y esa condición demanda interpretaciones y acciones consecuentes con esa resonancia, de parte del Estado y, ojala, de la sociedad civil.

Demostrado está que las FARC atentan contra los derechos humanos, que trafican con narcóticos, que no son una organización seria, pues además de enemigos del régimen, son sus propios y peores enemigos, al manipular la figura indemne de un niño de tres años frente a los ojos del mundo.

Sin embargo, nuestro progreso y transformación como país, pasa por comprender y memorizar las razones que han permitido la emergencia de un fenómeno social de tan lenta decantación como las FARC.

La propuesta de resolver el problema por la sola vía de las armas, que es sin duda parte del abordaje legitimo por parte del Estado, mediatiza y simplifica el fenómeno, al tiempo que ignora los complejos intereses en juego al interior de la guerra. Las balas que intentan disimular la dinámica política y económica que ha permitido la consolidación de las FARC, también dejarán intactas las condiciones de reproducción del fenómeno, dentro y fuera del Estado.

Ahora bien, aceptar que el fenómeno de las FARC nos corresponde social e históricamente, no significa compartir ni las ideas ni los procedimientos de los actores que lo respaldan. Una aclaración obligada, frente a la intolerancia reinante.

Irracionalidad que está del lado de quienes observan en las FARC la expresión de la pura maldad humana. Una maldad en todo caso inscrita en realidades políticas y económicas concretas, como las falencias profundas de nuestra democracia y los boyantes negocios planetarios de las drogas y las armas; el más fuerte nexo global de nuestro país, del cual depende un tupido tejido de inermes campesinos, cuya realidad diaria es la delincuencia.

Un fenómeno de esa magnitud no es producto de una simple parranda de criminales, ajenos a la cultura y las redes globales. La realidad de las FARC, los paramilitares y los carteles de la droga, que con la tolerancia de los políticos ha logrado cuestionar la existencia misma del Estado, ha necesitado más que armas para arraigar y necesitará más que armas para desmontarse. Sin esa perspectiva, ¿para quién se está defendiendo el país?, ¿quiénes serán los herederos de la victoria?.

Por otro lado, decir que las FARC son producto de la mera ausencia de Estado, evade un análisis de fondo de nuestra institucionalidad, que incluye aspectos estructurales como la regionalización del Estado, la fragilidad de la participación ciudadana y el monopolio de la tierra y del capital. Le creemos al Presidente cuando señala que el futuro del país reside en la empresa privada, la pregunta es cuántos colombianos podemos acceder a ese futuro.

Las FARC no son un simple enemigo allá afuera, son una oportunidad histórica para congregarnos y debatir acerca de nuestra historia y nuestro futuro.

En ese contexto, el inicio de un proceso político para la consecución de la paz no sería una concesión ni una muestra de debilidad, sino un arma; que en todo caso no podría dejarse exclusivamente en manos de políticos, militares y empresarios, pues sin el concurso de la sociedad civil, hasta ahora intimidada e ignorante de su papel en el conflicto, cualquier solución será incompleta. Asumiendo que el Estado podrá garantizar, ahora sí, el respeto del proceso, como no lo hizo con la UP y en la administración Pastrana.
Antp. Marlene Singapur
Villa de Leyva, Colombia, enero de 2008.

miércoles 26 de diciembre de 2007

Publicado en El Tiempo, diciembre 26 del 2007

LUCHO LIGHT
Es curioso, y preocupante, observar a Lucho Garzón intentando convencernos de que es la mejor opción política, con el argumento de que antes era un resentido y ahora no; de que antes era comunista y ahora no. Estrictas palabras suyas.

¿Se le puede creer a un candidato a la Presidencia de la Republica que se arrepiente de tantos y tan fundamentales aspectos de su personalidad y de sus convicciones políticas? ¿Cuántos arrepentimientos más nos esperan en campaña o en el ejercicio de la Presidencia?

Como a todos los que hacen esfuerzos por desterrar de su carácter su propia naturaleza, la actitud de rumbero arrepentido de Lucho lo está aventurando a terrenos cercanos a la caricatura. Una de dos: el poder lo ha conmovido o le ha servido de espejo, y se ha revelado entonces la cara de un recóndito Lucho que ni él ni nosotros sospechamos que vivía dentro del Lucho de siempre. Suele pasar.

Lucho no sólo ha perdido kilos (persuadido quizá por la reciente estampa atlética de Putin en cacería de patos, con su torso desnudo y rifle en mano), sino también a su 'compañera' de batallas, a la que, una vez conquistada la Alcaldía, abandonó inmediatamente, para iniciar el arduo casting de elegir Primera Dama, labor en la que, parece, tuvo éxito. Asuntos de marketing, que en todo caso no riñen con el amor verdadero. Aunque habría que ver si el matrimonio, ahora que el promedio de duración de las parejas es de tres años, puede superar la prueba de fuego de la pérdida de la Presidencia (¿divorcio a la vista?).

A la consorte y los kilos se han sumado, por un lado, la amenaza de Lucho de fundar un sugestivo 'partido de la calle', donde habría de todo, menos gente de la calle, a menos que Humberto a última hora clasifique entre los integrantes; y, por otro lado, las fuertes mutaciones en su lenguaje, últimamente invadido por palabras de dudosa reputación, como 'pichurria' y 'mamar'. Innovaciones que podríamos interpretar como una cortina de humo que le permita mantener a Lucho su aura de 'niño de la calle', para que los votantes no le cobren su cambio extremo. Así pasamos del marketing al populismo.

Hay centro político en culturas donde los extremos ideológicos están definidos. Un espectro difícil de ubicar en Colombia, donde escasamente la izquierda ha ganado por estos días una precaria legitimidad, y la derecha apenas está mostrando pública y claramente su proyecto.

En ese panorama, y en forma muy distinta del papel que podría cumplir el Partido Liberal, el 'centro' de Lucho, por lo pronto, no es más que la repetición de la misma cultura híbrida frentenacionalista, difusa y politiquera, sin programas ni partidos, construida con personalidades disidentes y amiguismos.

No comparto la opinión de Felipe González de que solo gobernando se cambia la vida de la gente, una invitación a conquistar el poder a cualquier costa, que parece ser la consigna de Lucho. Hacer política sí es buscar el poder, pero no como un propósito en sí mismo, prescindiendo de un ideario. Porque una cosa son las obras de gobierno, formas de instrumentación de las ideas, y otra cosa son las ideas y el tesón para defenderlas, con las cuales sí se cambia de manera profunda la vida de la gente.

Y si Lucho es la garantía de un ideario, ¿cuáles han sido los resultados de su experiencia en la gestión pública como hombre de izquierda? La aseveración de que Lucho "introdujo lo social en la agenda pública" es tan cierta como el argumento del presidente Uribe de que la seguridad democrática es el programa social bandera de su administración.

Y si, como señaló en una entrevista reciente, se ha quedado solo en una pista eléctrica llena de carros chocones "y está lloviendo, mi hermano", la mayor valentía que Lucho puede tener es salir corriendo de ahí y montarse en uno de los carros, chocones o no, a disputar un lugar. No le queda bien posar de mártir solitario a punto de morir electrocutado.

Lucho ha mostrado carencia de nervio personal y nitidez política. Dudo que por esa ruta pueda convencer al electorado, si antes él mismo no se convence de quién es y carga su cruz.

Antp. Marlene Singapur

miércoles 19 de diciembre de 2007

Publicado en El Tiempo, diciembre 19 de 2007

HUXLEY, ORGASMO Y LEGALIZACIÓN

El sicodélico Aldoux Huxley anunció, desde la primera mitad de siglo XX, que en un futuro (hoy) la humanidad suplicaría esclavitud para sentirse libre.

De una dominación encaminada a restringir conductas con látigo y reclusión, para obligar a la masa trabajadora a edificar pirámides o secretos templos subterráneos, pasaríamos, según Huxley, a una tiranía más brutal: la de no restringir, la de satisfacer permanentemente los deseos, la de embriagar a la gente con golosinas y recompensas excitantes.

El gran proyecto planetario y su matriz de flujos de capital sería desarrollado por una mano de obra atontada por las lucecitas pirotécnicas del consumo, la información y la eficiencia; ese absolutismo hedónico que hoy llamamos libertad: una atmósfera velada que, a nombre de la democracia, legitima y promueve permanentemente el mismo júbilo que nos ofrecen los narcóticos.

Así, la macrosociedad narcótica que Huxley denuncia está instalada en nuestra cotidianidad de consumidores.

¿Por qué a la gente le gusta drogarse, a sabiendas de las secuelas que deja el consumo sobre la salud? Quizá porque las drogas conectan con una realidad humana dominante, donde anida un placer más poderoso que la voluntad racional; tan intenso, que no nos importa pagarlo con decrepitud y muerte.

Wilhelm Reich propuso el concepto de orgón (me lo recordó un artículo reciente de P. Gambetta) para definir el recóndito lugar desde el cual opera ese goce, que no es otro que el impulso genital más básico de los seres humanos, fuente del deseo y del consumo. Difícilmente una campaña publicitaria contemporánea puede prescindir de esa médula orgásmica, que es el objeto fundamental de su trabajo.

¿Qué promete la famosa bebida 'chispa de la vida', en medio de la multitud enardecida y vociferante de los conciertos de rock, sino una energía orgiástica multitudinaria, puramente instintiva y cosificante? Vivimos conectados a una permanente sociedad-concierto, que a caballo de los medios irrumpe en los ámbitos más íntimos de la existencia, confiscando el derecho a la contemplación y la pausa.

Habría que comenzar por ensayar análisis alternos del consumo de narcóticos, ojala distintos a la artificiosa tradición prohibitiva y moralizante del Estado, que en su empeño de cuidar a la población de sí misma, no ha hecho otra cosa que potenciar un mercado que hoy supera en utilidades al de las armas y el sexo. Placeres que son hermanos trillizos.

Consideremos, en principio, que los estados evasivos y de ensoñación hacen parte de la emocionalidad cotidiana de los individuos, no son exclusivos del hábito a los estupefacientes. Todo el mundo tiene su droga, y en la mayoría de los casos no es un narcótico.

En segundo lugar, ¿no imaginan qué fumaban en la pipa de la paz los antiguos pueblos que se disponían a sellar el término de una disputa?, ¿no imaginan qué fumaban en los templos de Delfos y el mismo Buda en medio de sus ayunos?, ¿acaso no se reunían a compartir el primordial y místico momento de la comunicación con el todo?.

Es preciso arrebatarles el monopolio de los estimulantes a la frívola 'traba' del momento, para comprenderlos en su origen ritualístico. La propuesta no es transferir ese mismo valor a los narcóticos modernos, pero sí lograr convertir su consumo en un motivo de responsabilidad ciudadana y autonomía personal, con conciencia de riesgo y acompañado de una nueva cultura del cuerpo, desde su dimensión de templo.

La masiva propensión a los narcóticos revela una falencia espiritual en la época. El problema no es acabar en lo inmediato con el consumo a través de una eficaz política policiva o de salud pública, sino reconstruir nuestro sentido de lo sagrado, la mayor pérdida de occidente desde que la institución monopolizó la comunicación con Dios y confinó la espiritualidad en un lugar externo al hombre. La misma boba externalidad y dependencia que hoy, curiosamente, nos propone el goce narcótico.

Para Huxley, el sicodélico, fue mucho más simple. Cuando supo que la muerte era inminente, escogió responsable y libremente dormitar en el regazo de algodón de Lucy in the Sky with Diamonds (LSD). Paz a su espíritu, habitante permanente de los cielos de fresa y mermelada.

Antp. Marlene Singapur
marlene.singapur@gmail.com

Villa de Leyva, Colombia, diciembre de 2007.

lunes 17 de diciembre de 2007

Publicado en El Tiempo, diciembre 11 de 2007

LA TRAMPA FEMINISTA
Comparto las conclusiones de los estudios y mediciones que, como hace poco se vio en la conmemoración del día de no violencia contra la mujer, confirman la aberrante situación de las mujeres en el planeta, en especial en nuestros países, así como la necesidad de iniciar acciones públicas hacia su posicionamiento. Sin embargo, no suscribo los principios y procedimientos del feminismo para liderar esa reivindicación. Creo que nos hacen trampa.

El feminismo es un movimiento promovido desde el mercado y los intereses corporativos, que proponen calificarnos a todos por igual con escuetos criterios de eficiencia y plusvalor, desestimando distinciones de cualidad. Así, entre otros engaños, a hombre y mujeres nos han estimulado a conquistar con legalismos una supuesta igualdad de género a cambio de renunciar a nuestra singularidad femenina.

Ahora bien, lo femenino no es exclusivo de las mujeres; o mejor, las mujeres participamos de lo femenino, pero no lo agotamos, y el feminismo se ha prestado para ignorar esa ecuación cualitativa, enemistándose con mujeres y hombres. Cualquier escaño parlamentario, cualquier aumento de salario o del número de puestos de mando obtenidos a costa del detrimento de lo femenino perjudican el bienestar de las mujeres y el de toda la sociedad.

Al respecto, Alan Watts señalaba, a mediados de siglo XX, que la crisis moral de Occidente residía en la correspondencia que había entre el minusvalor de la mujer y la cosificación de la naturaleza. En efecto, el menosprecio de lo femenino es el mismo menosprecio por el mundo y la naturaleza que promueven algunas religiones, convencidas de que pueden alcanzar el paraíso sin cumplir con ser terrícolas, a hombros de un dios exclusivamente masculino.

Lo femenino abarca la poderosa capacidad de gestar, de acoger la vida. Lo testifica la ritualística humana más arcaica, donde el simbolismo de la maternidad, pilar de la sociedad, es un valor político decisivo para la consumación de una ética colectiva inclusiva y, por tanto, más justa. Sin embargo, la maternidad no es un requisito para ser mujer, tampoco la homosexualidad para el hombre que aprecia su propia feminidad.

La horadación de la moral femenina y la destrucción de la tierra por parte del mercado y el consumo no son culpa del mercado y el consumo, sino del poder, culpa de lo humano. La demanda para este o cualquier tipo de sociedad, capitalista o no, patriarcal o no, no es tan simple como el reclamo de un lugar específico para la mujer, sino para la dignificación colectiva de los valores intrínsecos a lo femenino, a favor de lo humano.

Por tanto, los instrumentos y escenarios ganados para el respeto y desarrollo pleno de nuestra cualidad de género constituyen apenas una puerta hacia la reivindicación del carácter patrimonial de lo femenino.

Frente a un reto de esa magnitud, habría que comenzar a recuperar ideas como la que hace unos años formuló Sylviane Jospin, esposa del entonces primer ministro francés, Lionel Jospin, que en su momento propuso dignificar el ejercicio de la maternidad a través de, entre otras acciones, reconocerle honorarios fijos a las mujeres que decidieran desempeñarla.

La propuesta de Sylviane Jospin es un estímulo para iniciar relecturas sistemáticas y gestiones públicas más integrales; lo importante es visualizar las diferencias de su actitud respecto al feminismo: al contrario de ingresar al mundo laboral disputando y/o mendigando lugares masculinos para las mujeres, Jospin propone iniciar una transformación del ámbito laboral a favor de lo femenino, sin delegar su rostro.

Lo primero es lograr que toda mujer pueda dimensionar y apreciar lo femenino que encarna, con prevalencia del plano simbólico, que es más fuerte que la ley. Mientras no conozcamos nuestros genitales, ni nuestros orgasmos, ni el rico simbolismo de la maternidad, en fin, mientras omitamos la presencia de lo femenino en la constitución del mundo, ¿para quién vamos a reclamar derechos si no sabemos quiénes somos y el poder que tenemos nos asusta?.
Antp. Marlene Singapur
VilladeLeyva, Colombia, diciembre de 2007

miércoles 5 de diciembre de 2007

¿INTERCAMBIO HUMANI…QUÉ?

El Intercambio Humanitario supone la existencia de un conflicto. Pero, ¿qué sucede cuando en medio de un conflicto una de las partes se empeña en desconocer que lo hay, acusando al contendor de simple terrorista?. En ese caso, claramente, no puede haber Intercambio Humanitario, pues los supuestos básicos que precisamente despejarían el camino hacia su realización, no corresponden con las valoraciones y posiciones de los implicados.

En la guerra (y la nuestra lo es) el botín fundamental es la propiedad del sentido de lo legal, de lo justo. Sin embargo, en el intercambio humanitario los actores renuncian a cualquier victoria semántica o militar, a favor de la dignidad humana de las victimas. Sin librar esa primera batalla a favor de la humanización del conflicto, todas las demás batallas para lograr el intercambio se perderán, pues el proceso carecerá de una mínima racionalidad humanitaria que lo oriente, evitando que se pierda entre los egos del poder la consideración de las victimas.

Desvirtuada la noción de Intercambio Humanitario, del proceso nos queda la politiquería y la astucia, las magnificación de detalles, los malentendidos. Las victimas nunca han importado, son un botín político.

Para las fuerzas defensoras de la guerra, un punto de partida confuso, irracional, es lo correcto en el propósito de crear oportunidades para desgastar y desprestigiar al contendor, aún a costa de las victimas y de la institucionalidad.

Confusión que puede iniciarse, incluso, con la excarcelación de Rodrigo Granda y varios guerrilleros, o con actos de ‘buena voluntad’ o ‘audacia’, como han llamado la aceptación del Presidente para el inicio del proceso. Una generosidad sin planes, sin cronograma, sin hoja de ruta, es una apuesta disfrazada al fracaso y a la guerra.

¿Qué tenemos después del portazo a Chávez y a Piedad?.

Muy lejos de centrar la gestión en el interés de liberar a las victimas, pareciera que la intención del gobierno es y sigue siendo politizar el intercambio como recurso para evitar abordar una solución política del conflicto, haciendo todo lo posible para hacer quedar mal a la FARC y olvidándose de lo que exclusivamente se requiere para liberar a las victimas, más allá de que la guerrilla sea o no terrorista.

¿Cree el Presidente que llamando a 40 jefes de Estado a explicarles su lectura de la situación y encargando a Luis Carlos Restrepo para ir a Francia y ponerlo a gritar por los medios su disposición de ir a cualquier parte donde las FARC lo citen, soluciona en algo el conflicto o constituye un aporte a la realización del intercambio humanitario?.

Pues no. Y el gobierno lo sabe. Todos sabemos que las FARC dirán que NO, empoderadas después de la ‘palomita’ de Miraflores y dispuestas a cobrarle a Uribe hasta la saciedad el reciente portazo. Y también sabemos que ese NO será otra posibilidad para que Uribe pueda decir, “¿si ven que no hay voluntad en estos terroristas que son capaces de despreciar otro gesto ‘audaz’ de parte nuestra?”. Y así eternamente el manoseo y la mutua inculpación.

Las acciones del gobierno están orientadas a salvar su pellejo frente a la comunidad internacional, no a liberar a las victimas. Y las acciones de las FARC, menos interesadas en la opinión de la comunidad internacional, tienen el propósito de presionar al gobierno, usando a las victimas. Pero la carne de las victimas da para todos, incluyendo los exministros de gobierno más gerreristas del uribismo, que frente a la foto de Ingrid en cautiverio se atreven hoy a decir: “votábamos por ella antes de conocerla (…) llenamos las urnas de votos y entusiasmo por esa criatura predilecta…”. No hay derecho.

Desde adentro de ambos bandos, los señores de la guerra son los únicos que están ganando. ¿Y las victimas?, pues que se pudran en la selva.
Antp. Marlene Singapur
Villa de Leyva, Colombia, diciembre de 2007.

martes 4 de diciembre de 2007

‘LA FELICIDAD ES TRISTE’ (*)
( * ) Palabras de Ingrid Betancourt desde su cautiverio.
En medio de la guerra no queremos conversaciones plagadas de felonía, ni promesas envenenadas, ni postergaciones de pruebas, ni tramoyas mediáticas, ni emboscadas políticas. No queremos más ‘acuerdos’, ni ‘intercambios’, ni ‘procesos’. Nosotros queremos humanidad.

Humanidad para los rehenes atados por años a los árboles de la selva, dilapidando sus vidas en la contemplación inútil de los días, mientras sus hijos, incorporados a la fuerza a los eslabones más sombríos de nuestra historia, crecen en su ausencia y memorizan un horror que en adelante difícilmente olvidarán.

Humanidad para los guerrilleros que los custodian, secuestrados también por la manigua, curtidos por la ignorancia y el resentimiento. Nunca apreciarán los diccionarios, ni los museos, ni las ciudades, sumidos en la misma arcaica guerra del siglo XVI, que sobrevive hoy entre computadores y celulares.

Humanidad para los soldados, campesinos conversos, armados hasta los dientes de metralleta y encono, para defender una democracia abstracta, muy lejana de sus aspiraciones personales inmediatas y sencillas.

Humanidad para las romerías de familias, que huyeron de sus terruños y en las esquinas urbanas ahora abren sus ojos aterrados, porque la ciudad que se los traga es la misma guerra interminable de la que creyeron desertar. Acostumbrados a la persecución, acaso imaginan que el mundo es así, culpa de un fiero dios que les castiga y detesta.

Humanidad para los millones de muertos penitentes. Que encuentren descanso, aún en las anónimas fosas cubiertas de jungla, y que sus madres, sobresaltadas cada vez que tocan la puerta, ya no esperen más en el umbral el rostro de un hijo, cansado, pero vivo. Exigimos un luto para ambos. Que consigan enterrar ahora en la tierra y en sus corazones, cada lágrima solitaria que no pudieron compartir.

Humanidad para los vivos, que extorsionados y asustados bajo las nubes de balas aún no saben que esa también es la muerte, la más terrible.

No nos importa Chávez y su constitución de bolsillo, ni sus múltiples enemigos imperiales. No nos importa la opulenta nación de narcóticos y muerte de ‘Tirofijo’ y sus secuaces. No nos importa Uribe y sus asesores militares de oriente, ni su guerra revanchista. No nos importan las arengas democráticas, patrioteras o revolucionarias. No nos importa la diferencia entre terroristas, parapolíticos o jueces de Loríca.

Nos importa que los dueños de la guerra, legales o ilegales, nos devuelvan la vida y la tranquilidad para vivirla. Si nosotros ya no pudimos tenerla, que los futuros colombianos si la tengan.

Nos importa que los dueños de la guerra hablen del dolor humano. De nada más. Y si prefieren aniquilarse entre ellos para evadir el desmantelamiento de la amargura que sembraron, que así sea, pero que no nos incriminen en su demencia ni en su egolatría.

Aquí todos somos victimas, secuestrados por la vergonzosa colombianidad que llevamos como un lastre a cualquier parte del mundo; incluso ellos, que no podrán transformar en bienestar propio la infelicidad que nos imparten.

Queremos dignidad y respeto, ahora mismo y sin dilaciones. Queremos a nuestros muertos en unas tumbas cristianas y a la vista, y a nuestros vivos en sus casas, trabajando, soñando y construyendo con sus familias el mínimo futuro que aún les queda. Cualquier pago es poco para esa dicha de todos.

Y que la felicidad vuelva a ser simplemente feliz, nunca más el penoso montón de abatimiento y tristeza en que la hemos convertido.

Marlene Singapur
Villa de Leyva, Colombia, noviembre de 2007.

viernes 23 de noviembre de 2007

THE LORICA’S BOYS
Acciones como la del seudo-juez de Loríca, que ha intentado excarcelar a los parapolíticos, interpretando sus acciones como concierto para delinquir simple, cuando todos sabemos de lo grave, gravísimas, que han sido las acciones de estos señores contra nuestra democracia, no pueden quedarse en lo de siempre: una lectura puramente legalista del asunto. Es decir: investigar al juez de pacotilla por malinterpretar la ley, para que de pronto (sólo de pronto) pierda el fuero y la libertad por unos días. Y ya.

La acción del juez es ridícula y terrible. Manejar un problema que tiene los ojos del país y de la comunidad internacional encima, de esa forma tan ramplona y evidentemente malversa, no sólo juega en contra de los mismos parapolíticos, sino que testifica la presencia de una oscura inteligencia, cuya capacidad de corromper y recomponer a su antojo las realidades regionales es tal, que, con la misma asombrosa confianza, están convencidos de poder trasladar el engaño al mundo entero.

¿Mentalidad provinciana?. No señor: la profunda confianza que tiene nuestros políticos de que nuestra democracia es de ellos. Y tienen razón.

En primer lugar, la situación ejemplifica la tradicional genuflexión de la justicia en nuestro país, a manos de la corrupción, la politiquería y los actores armados. Fuerzas que cada que vez que intentan recuperar alguna mínima dignidad, se encargan de recordarle que su hogar es el piso.

En la injusticia y la impunidad se inician las guerras, abonadas con la amargura colectiva que naturalmente surge de la falta de garantías. Por eso, el éxito de una seguridad democrática que no pase por el respeto y fortalecimiento de la justicia y la institucionalidad, sólo nos alcanzará para una seguridad sin democracia. Que le sirve a muy pocos.

En segundo lugar, señores: nuestro país tiene 46 de sus congresistas (y los que faltan) investigados por parapolítica. ¿Se han dado cuenta de los denigrantes niveles de legitimidad que tienen nuestros órganos de representación popular?.

Creo que sí, a diario el país se da cuenta perfectamente de que hace muchísimos años unos tenebrosos personajes se rotan las curules, sin perderla nunca, se burlan de la justicia, irrespetan la institucionalidad, expolian los recursos del Estado y la confianza ciudadana, y todo con el aval de los partidos políticos y los gobiernos de turno, incapaces de afrontar una situación a la cual le adeudan el poder. Pero, como dice el celebre Julito y su gato Félix: ‘aquí nunca pasa nada’.

Objetar una posible revocatoria al Congreso interponiendo aspectos puramente legales, como lo hace José Obdúlio, es hacerle otra vez el quite con leguleyadas (cuando no) a las graves afectaciones morales e institucionales que la parapolítica ocasiona a nuestra ya maltrecha democracia. Y aunque sea cierto que la revocatoria constituye, claramente, un camino arduo y sin salida, la actitud ladina del asesor presidencial resulta intolerable.

La revocatoria si, pero acompañada de una reforma política y territorial que profundice en nuestra remedo de descentralización y acerque a la ciudadanía los procesos locales, regionalizando la gestión pública.

El eslabón ausente en nuestro Estado es la sociedad civil. En su ausencia, falla la representatividad, única garante de que las instituciones efectivamente provengan del aval del pueblo y teman su juicio. Ya quisieran los políticos que haya una revocatoria sin reforma.

La pregunta es, en este punto, hasta donde vamos a permitirle a nuestra clase política desacatar y mancillar la institucionalidad. O si tienen que seguir viniendo las Cortes internacionales y los Estados Unidos a obligarnos, literalmente, a que nos respetemos entre nosotros mismos.

Y todo parece indicar que sí: tendrán que seguir viniendo.

Antp. Marlene Singapur.
Colombia, Villa de Leyva, noviembre de 2007













lunes 19 de noviembre de 2007

Publicado en El Tiempo, noviembre 18 de 2077

CHÁVEZ O EL REY SIMBÓLICO
Mucha letra ha generado el bochornoso incidente entre Chávez y el Rey de España. Justificadas, o no, la súbita rabieta del monarca y las previas provocaciones de los Presidentes de Venezuela y Nicaragua, la situación nos permite apreciar aristas no siempre visibles, al momento de valorar la presencia de un Rey en las sociedades contemporáneas.

A diferencia de la festiva España, donde goza de aprecio y respeto, en Inglaterra hay una opinión mayoritariamente adversa a la existencia de la Corona, que aparece como una institución obsoleta y costosa para el Estado. Sin embargo, la nobleza sigue siendo el pan de cada día. Un aparato fundamentalmente sostenido por la farándula y la industria del corazón, para que perdure el chisme, pilar de cualquier sociedad seria, con o sin Rey. Y, aunque no lo crean, en este necio aspecto mediático anida gran parte de los beneficios sociales de un régimen monárquico.

En su loable propósito bolivariano de construir una mayor igualdad social, Chávez ha denigrado de reyes y de cualquier autoridad suprapoderosa (un listado que no lo incluye a él, ni más faltaba). Pero, ¿qué tal si la igualdad estuviese, contradictoriamente, más cerca de las sociedades que hoy cuentan con una monarquía?.

El Rey, desde el despunte de la sociedad civil en el siglo XVIII, dejó de ser el hijo único de dios, con ilimitado poder económico, político y militar. En términos prácticos, hoy la monarquía es un recurso intemporal dentro de una estructura temporal de poder, un punto de inflexión, regulación y contraste, frente a las disputas políticas de coyuntura. Del Rey, sólo nos queda su sustancia simbólica, que es la más poderosa.

Un nuevo papel que no es, como podría suponerse, meramente decorativo. Al trasladar su importancia del plano puramente instrumental al plano simbólico de la política, la neutralidad lo dota de una mayor capacidad de influencia.

El Rey, igual que el demonio (que no es iraní), no es estrictamente una persona, sino un arquetipo. En su imagen se materializan profundas aspiraciones de nuestra supraconsciencia, relacionadas con altas formas emocionales y culturales. El Rey representa el oro humano, es el patrón de una superioridad alcanzable en cada uno de nosotros.

Condenado a no parecerse a los sucios terrícolas, el Rey resulta ser nuestro esclavo: se le paga por el trabajo de ser perfecto, por mantenerse in-humano, por fingir. Es claro que el “porqué no te callas” de Juan Carlos a Chávez, es la exposición pública de una humanidad que le está restringida, y, por tanto, constituye una alteración unilateral de su contrato, que le debería costar, por lo menos, un año de salario, y hasta cárcel.

En las sociedades que carecen de la figura del Rey, ese obligatorio simbolismo colectivo suele proyectarse sobre la institucionalidad judicial, eclesiástica o militar, incluso en los prohombres del cine o en las reinas de belleza. Ninguno de ellos a la altura de un Rey, excepto la Reina, su consorte.

Los modelos socialistas revolucionarios, quizá han fracasado en su propósito de conformar una maquina social plana, por su incapacidad de transformar las jerarquías de mando, en figuras públicas capaces de encarnar las demandas simbólicas que la gente hace al poder, tan o más importantes que las demandas de comida y trabajo, y mucho más eficaces que la represión.

Habría que preguntarse por las razones simbólicas que tienen las sociedades latinoamericanas para reclamar insistentemente, como ideal de poder, la figura chabacana y autoritaria de un déspota.

Para superar la insípida discusión derecha-izquierda, lo mejor que le puede pasar a nuestro continente es que Chávez obtenga rápidamente su propósito: ser promovido a ‘Rey de Latinoamérica’. Sin embargo, ¿saben qué?, muy al contrario de lo que él mismo pueda suponer y con toda la frustración del mundo, en un mes el cargo se le haría insoportable.

Entonces comenzarían a entender, él y otros principitos del continente, que las carnitas de un Rey no son para todo el mundo, y que lo mejor es conformarse con ser un simple mortal, pasajero del poder.


Antp. Marlene Singapur
Villa de Leyva, noviembre de 2007.


miércoles 14 de noviembre de 2007

Publicado en El Tiempo, Noviembre 13 de 2007.

COMO DICEN EN ESPAÑA, "TÚ MISMO"
Uribe le abrió la puerta a Piedad Córdoba, y la negra ocupó toda la casa. Con el acuerdo humanitario al hombro, ha metido a media humanidad a vivir en la intimidad del Palacio de Nariño. ¡Y están en una rumba!

A Uribe no le quedó otra que ponerse la sonrisa de obispo para recibir a Chávez y bendecirlo. En una última inspiración, para hacer contrapeso a un proceso que amenazaba con imponerle la política de seguridad y el acuerdo humanitario, metió a los senadores gringos en el jolgorio. Jugada inteligente, pero no le bastará.

El proceso, desde el principio, fue una decisión arriesgada. Por mejor intencionada que haya sido, no se midió bien y puede costarle caro al Gobierno. Ya le está costando. Todos deben estar hilando fino en estas ligas mayores de la política. Carne para los analistas y los morbosos.

¿Qué puede ganar Chávez? Una plataforma para su reconocimiento como defensor de las causas humanitarias y líder de la paz de los pueblos. Adicionalmente, fortalecer a las Farc como socios para el futuro, y horadar de paso a su enemigo de patio, Uribe, metiéndose en sus asuntos e imponiéndole agenda. Todo que ganar.

¿Qué ganan las Farc? En su posición actual, son las que más ganan. Nunca, desde hace 7 años, habían tenido tantas cámaras para mostrase como una fuerza política ante el mundo y cuestionar la muy sabida opinión de Uribe de que son unos meros terroristas. Las palabras muy bien escogidas por Iván Márquez, como "prisioneros de guerra", y la serie de cuestionamientos que hizo a las políticas del Presidente colocan a las Farc como un par de Uribe. Y Chávez les ayuda, recibiéndolos en Miraflores y dándoles el mismo trato de jefe de Estado que ha dado al mismo Uribe.

Las Farc tienen la sartén por el mango, y ni de fundas se bajarán de la exigencia del despeje territorial como condición mínima para el intercambio humanitario. Todo lo contrario.

¿Qué gana Uribe? No solo es el que menos gana, sino el único que puede perder, pues le toca estar a la defensiva de los efectos de sus propias decisiones.

Por un lado, no es claro que se haya negado a dar salvoconducto a los guerrilleros para un encuentro que él mismo avaló. Ambigüedad que ya le hizo saber el Canciller francés hace poco.

Si por casualidad llega a capturar en ese proceso a algún cabecilla de las Farc, no le será fácil explicarlo a la comunidad internacional. Y si los cabecillas llegan por sus propios medios hasta Caracas, como en efecto pasó, queda la sensación de una burla a las fuerzas militares y a su política de seguridad democrática.

Incluso, su negativa al despeje, aunque les haya sido aclarada previamente a Chávez, a las Farc y a todos los países amigos del proceso, tal como están las cosas no va a ser fácil de sostener, aunque al final no ceda. Con el riesgo de aparecer frente al mundo como un intransigente, un inhumano, incluso como un Presidente que hipócritamente le dio rienda a un proceso que ahora quiere traicionar y dejar morir. Qué tal el problemita.

Todo el terreno arduamente ganado por el Gobierno, en sus esfuerzos por generar un ambiente internacional a favor de condenar a las Farc como terroristas, ha sido borrado de un tajo, en media horita: la de Iván Márquez frente a los periodistas.

¿Quién asesoró al Presidente para aceptar meterse en este embrollo? Por su viaje urgente a Chile para enfrentar a Chávez, parece que el Comisionado de Paz tuvo mucho que ver. En todo caso, desde ahora (deseable desde hace mucho, muchísimo tiempo), el Presidente y su equipo deben estar pensando en un plan B y un C, para controlar las fuerzas desatadas. Tú mismo creaste el enemigo, tú mismo tendrás que destruirlo.
Marlene Singapur
Villa de Leyva, Colombia, noviembre 11 de 2007.

sábado 10 de noviembre de 2007

Publicado en El Tiempo, Noviembre 10 de 2007

SÍ A LA ‘HECATOMBE’
Las catástrofes no sólo traen destrucción. También anuncian renovación, vida nueva. Lo supo Claudio, que aún adivinando en el carácter perverso de Nerón un futuro desastroso para Roma, no sólo no obstaculizó su ascenso, si no que lo estimuló a llegar al trono de Cesar. ‘Que el fango sea removido del fondo del estanque’, dijo. Roma era el estanque fangoso, Nerón su renovador, y su debacle.

Lo mejor que nos puede pasar es que el reciente anuncio presidencial de una ‘hecatombe’, progrese y se resuelva; vaticinamos que sus consecuencias serán beneficiosas.

La algarabía que produjo el anuncio velado del Presidente de extender su gobierno a un tercer periodo, es el eco de quienes en su apetito de poder ven aplazadas, y quizá burladas, sus aspiraciones. Aunque sabemos lo costoso que resultaría el intento de Uribe para la democracia y la institucionalidad, a nosotros nos importa más, por lo pronto, la renovación política que la catastrófica aspiración desata (al respecto podríamos hacer valoraciones, pero no en éste escrito, que tiene otro propósito).

Entre otras cosas porque el Presidente sabe que sería derrotado en su aventura, pues desde su fallida apuesta en la reciente elección de Alcalde para Bogotá, ya no le alcanzan sus meses en el poder para desarrollar la planeada campaña de demonización del Polo, meollo de la ‘hecatombe’. De esa magnitud debe ser su martirio por estos días.

Ansioso por generar prontamente las señales del desastre y muy seguro de la alta estima de los ciudadanos por su gestión, el Presidente, con el propósito de amplificar al enemigo, ha suscitando contrastes y extrapolación. Pero cuídate al elegir a tu enemigo, pues le convertirás en alter ego. Y en cuanto a la eficacia de la popularidad, no hay poder más peligroso. Acuérdate (que pena recordarlo) de Samuel, cuya mejor plataforma promocional fue convertirse en la pobre victima de los duros golpes enviados desde el flamante 70 por ciento de prestigio presidencial.

Al enaltecer al Polo, sin embargo, Uribe no sólo trabaja para una estrategia presidencial de coyuntura, como él mismo podría suponer, si no para una trascendental transformación política: la irrupción, en la otra orilla del demonio de la izquierda, de la cultura política cacical, marrullera y tránsfuga del Frente Nacional, poco a poco iluminada y obligada a agruparse, mostrarse y proponer.

La ‘hecatombe’ esculca en nuestro estanque: de la burocratización del quehacer político y la manipulación de la guerra como botín electoral, nos emplaza a pasar a los proyectos de país, de cara a una ciudadanía que, aunque aún frágil, desde lo regional y lo local ya asoma con criterios electivos distintos a la tradición frentenacionalista. El fango removido aparece y fluye.
Sabemos quién es Uribe y el proyecto que encarna, él no lo esconde, incluso lo vocifera. Y cuando el Polo nos cuente como se resuelve la salida política del conflicto armado, garantizando que no va a ser otra feria del Caguán, también sabremos quienes son. Por lo pronto es un partido alineado, capaz de dominar sus discrepancias internas. Que ya es bastante para la memoria que tenemos en Colombia de lo que es un partido político, y considerando la caja de resonancias que es el Polo.

Uribe, que siempre ha denigrado de lo ‘ideológico’, ha resultado ser, quien lo creyera, el eficaz gestor de un debate ideológico de alcance nacional, siempre aplazado a favor de las balas, del poder a ultranza y la intolerancia.

El camino elegido para generar la ‘hecatombe’ le está fallando a Uribe, pero no al país, que con la remoción gana en todos los frentes:

Gana el proceso de definición de los grandes nodos de la política nacional y su consolidación en escenarios de ideas. Que en todo caso no podrían ser más de tres, si no quieren que el monolítico Polo les siga ganando terreno.

Gana el Presidente, cuyo proyecto claramente genera tendencia y constituye uno de esos grandes escenarios aglutinantes. Si es que alguien antes puede persuadirle de modificar su convicción de que sólo él, y nadie más que él, es el habitante del nodo.

Y gana el Polo, escenario disímil cuyo poder reside, precisamente, en haber recogido todo ‘lo otro’ del frentenacionalismo. Diferencias latentes que en la contienda y con la llegada del poder aflorarán, y podrán irse afrontando y solventando. Pero aun guardamos dudas.
Antp. Marlene Singapur
Villa de Leyva, Colombia, noviembre 8 de 2007.

martes 6 de noviembre de 2007

RETROVISOR ELECTORAL:
UNAS LLAVES PARA PEÑALOSA
No dudé un momento de la buena voluntad de Peñalosa, pero en política no se trata de eso. Mis objeciones, aunque se originaron en la concepción y abordaje de lo social, ahora en retrospectiva pertenecen a valoraciones no exactamente programáticas o procedimentales.

En algún momento y fugazmente, Peñalosa expresó ideas renovadoras, relacionadas con la igualdad y la justicia social. Incluyendo audaces opiniones acerca del conflicto armado, que parecían testimoniar una siempre improbable sensibilidad de nuestras elites, frente a las razones estructurales de la problemática nacional. Hasta ahí, bien.

Jacques Lacan, renovador del psicoanálisis, afirmaba que en el amor el otro, la persona amada, no existe, sólo es un espejo, un recurso para autorrealizarnos. Así visto, el amor no sería más que un equivoco, un permanente soliloquio: mientras creemos amar, allá afuera no hay un otro, sino la resonancia de nuestra propia carencia.

Pero el amor también está condicionado. Hay tantas formas de amar o de sentirse amado, como personas en el mundo. Un sincero ‘te amo’, aunque siempre se agradece, nunca es garantía, pues demostrado está que hay personas (y sociedades) a quienes les gusta que les griten o les peguen (algún colérico caballista, por ejemplo), como requisito para sentirse amadas.

Lo más importante es saber el ‘cómo’ quieren amarnos, no sea que resulte un amor muy costoso. Como costoso pudo haber sido, y aún puede ser, desde un próximo Ministerio u oficina afín, el ‘te amo, te adoro’ del socialismo peñalosista.

Y paso a explicar mi mala leche. Peñalosa olvidó que la gente en nuestro país, aunque aprecie las realizaciones, necesita reconocimiento, y aunque estime el confort, en el fondo reclama la dignificación que sólo la democracia ofrece. El poder es para poder, dirían sus áulicos, y los estudios técnicos bastan. A nosotros no.

Y no es que rechacemos completamente el ‘te amo’ peñalosista. Aún condicionadas por su formación tecnocrática y desarrollista, adquirida en sociedades donde la libertad es el efecto de niveles de igualdad que nosotros no tenemos, valoramos sus promesas, a favor del debate que puedan suscitar entre nosotros. Lo que no le perdonamos, es que no haya sido consecuente con su impronta y con sus ideas. Y hasta aquí íbamos bien.

Consciente de su torpeza política, en un momento de la campaña Peñalosa prescindió de hacerse fuerte con sus convicciones, para delegar el timón de su ruta a estrategias de marketing que lo extrañaron, hasta confundirlo y devorarlo. Perdió confianza, se le vio incapaz al rebajarse a competir en simpatía y ‘pobreza’ con políticos que sí saben adobar el sentir de la gente, y hacerse creíbles aun sin argumento. Más que una falla estratégica, fue una fisura en su dimensión de Estadista.

Si su fuerte era el conocimiento y la experticia, debió insistir en llevar el improperio, la guerra sucia o la adversidad de las encuestas a ese escenario. Con argumentos y vocación de comunicador, y prescindiendo de enfrentar a los engañadores con armas igualmente astutas, siempre a favor de la resuelta probidad y la veracidad que emanan de la entereza.

Pero Peñalosa minusvaloró una vez más el criterio de la gente, al convertir su propósito de obtener el poder, en un problema mediático superior a su propia verdad interior. Su pérdida más fea no fue la Alcaldía de Bogotá, si no la derrota lánguida que obtuvo, acaso
superada por el triste soborno de Perea en Barranquilla.

Sin embargo, en esta a sucesión de comienzos a ciegas, la pérdida puede ser el anuncio de una puerta que se abre, si es que tienes las llaves; ¿las tienes, Enrique?...Sí las tienes. Entra.
Antp. Marlene Singapur
Villa de Leyva, Colombia, noviembre 6 de 2007

domingo 4 de noviembre de 2007

Publicado en El Tiempo, noviembre 1 de 2007.

SAMUEL, MÁS QUE ÉL

Recientemente evaluaba con una amiga, si a Lucho Garzón le había ido bien o mal. Ella insistía, con argumentos concretos a nivel del interés ciudadano inmediato, que a Lucho le había ido mal. El mantenimiento de la malla vial, la vivienda, el medio ambiente, eran apenas algunas objeciones que tenía para la actual administración.

Y en algunos puntos estaría de acuerdo con ella, pero prefiero localizarme en otro tipo de valoración de los resultados de Lucho en la Alcaldía, más allá de la rendición de cuentas de coyuntura, de la que, en todo caso, deberá salir bien librado. Me interesa más una lectura del Polo como opción de poder a futuro, y los retos que en esa perspectiva esperan a Samuel Moreno en el cargo.

De facto, del esfuerzo por consolidar en nuestro país una alternativa de poder como el Polo, que bien pudo haber terminado devorada por las fuerzas delictivas o por sus propias contradicciones internas, nos beneficiamos todos, se beneficia la democracia. Y el país que la considera una mala oferta, el de la guerra, el feudalismo y la burocracia frentenacionalista, tendrá que ver como se agrupa, reconociendo finalmente, para ellos mismos y de cara a la gente, los matices de su proyecto político.

El primer ensayo de la izquierda democrática en el ejercicio legitimo del poder, contó (y seguirá contando) con varios obstáculos, en su propósito de construir un nicho político autónomo. El primero, comprobar sus capacidades de ejercer un tipo de poder distinto al de la cómoda periferia contestataria. El segundo, desmarcarse de los discursos simplistas, manipuladores y estigmatizantes, para los que toda izquierda es guerrilla. Moviéndose en esas aguas, con enemigos por dentro y por fuera, y con un equipo inexperto en materia de gestión pública, Lucho lo ha hecho bien. Superbien.

Con el triunfo de Samuel, se inicia otro proceso para el Polo. El de decantar sus incoherencias y disputas internas, y el de la confirmación del terreno ganado por Lucho, en la identificación de una forma efectivamente distinta de gobernar y concebir la política.

Para los conservadores y liberales, así como sus satélites de la U, los cambios radicales, los convergentes, y disidentes varios, comienza un reto distinto: el de seguir existiendo, frente al creciente poder del voto de opinión, que le ganó a la tradición personalista representada en Peñalosa, Uribe y Gaviria, y que le va ganando al gamolísmo regional del Caribe, mucho más duro de roer.

La gente comienza a respetar y demandar, desde lo local, los procesos coherentes y las personas consecuentes, castigando los abusos del poder político y de los medios, por más popularidad que tenga el mandatario de turno. Lo cual merece un análisis estructural del ejercicio de la política en el país, y la confirmación para el Polo de que su proceso conecta con esa transformación.

El comentario común de que el Polo se jugaba la vida en las elecciones de Bogotá, de cara a su aspiración de ser alternativa presidencial, es cierto. Sin embargo, si bien se ha obtenido un recurso político en esa perspectiva, frente a los ‘uribitos’ que ya se anuncian, nada se ha ganado. Incluso puede haberse iniciado un proceso inverso, la perdida de la próxima Presidencia, dependiendo de que Samuel Moreno pueda sortear los retos que aquí y ahora le aparecen.

En lo personal, Samuel debe definir su postura política (ahora o nunca, y no podrá huir), estableciendo sus fronteras con el populismo Anapista, frente al proceso de definición del Polo y sus ambiciones de poder. Sus principales enemigos, son sus propias acciones durante la campaña: en primer lugar, la amenaza de que los compromisos adquiridos enturbien y consuman su administración. Y en segundo lugar, la resolución de su promesa de construir el Metro, que incluso llegó a apoyar con cronograma, y que todos coinciden en identificar como una mentira. Identificación que Uribe pronto se encargará de demostrar, cuando nombre próximamente a Peñalosa Ministro de transporte.

Si Samuel supera esos umbrales de peligrosidad, tendremos Presidente, y Polo para rato. Fallando Samuel, el Polo pelara el cobre (y mejor ahora que más tarde), identificándose finalmente como un escenario chato, empequeñecido por las ambiciones burocráticas sindicalistas, e incapaz de asumir el reto histórico de transformar el panorama político del país, posibilidad que difícilmente podremos tener de nuevo. Y si los enemigos no le perdonaran un tropiezo de esa magnitud, mucho menos nosotros.

Antp. Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

Bogotá D.C, octubre de 2007.

Publicado en El Tiempo, Octubre 27 / 2007

GRACIAS POR MI VOTO

Nada me iba a hacer cambiar mi decisión de votar en blanco para Alcalde de Bogotá. Así se lo había expresado enfáticamente a mis amigas, con argumentos críticos repartidos por igual entre los dos candidatos que puntean actualmente las encuestas, Enrique Peñalosa y Samuel Moreno.

Considero a Peñalosa un gran gestor. Durante su Administración, con valentía y profundo sentido gerencial, transformó a Bogotá, racionalizando la caótica movilidad y creando numerosos equipamentos y obras civiles, así como un innovador modelo de producción de vivienda social. Y podrá haber detractores, pero los resultados y su reconocimiento internacional son inobjetables.

Sin embargo, aún siendo eficaz y transformadora su gestión, considero que Peñalosa achata lo social cuando lo asume como el efecto natural del impacto positivo de sus obras sobre el entorno. Una consideración que se queda corta en el abordaje de la compleja y honda realidad social de la ciudad, y del país.

Lo social debe ser un tema explicito en el programa de gobierno de una ciudad como Bogotá. Más allá de los impactos de las operaciones urbanas, y aunque estas colaboren generando plusvalor, el sentido de lo social no considerado por el candidato es de orden estructural: garantizar que la gente participe en las decisiones públicas, y que sepa demandar y usar esos escenarios y herramientas. Democracia participativa, lo llaman.

Una dimensión política de lo social que no puede ser prioridad para el equipo de Peñalosa, donde hay mucha alta gerencia y pocos gestores sociales, poca base.

Y la enajenación de Peñalosa de las profundas razones sociopolíticos de nuestra realidad histórica, se traducen en torpeza política. En efecto, su convicción de que él solo se basta para ser Senador o Presidente, sin partido, sin organización, le ha traído problemas de calculo en sus campañas. Un estilo personalista que, una vez en el poder, lo más probable es que devenga en soberbia. Lo que sabiamente ya ha percibido la gente en el candidato, sin necesidad de guerra sucia.

Con respecto a Samuel Moreno, tenemos elementos más intuitivos. En realidad, un saldo de dudas.

Que su candidatura venga de una reñida consulta al interior de un partido político, ya marca una distancia positiva frente al origen de la campaña de Peñalosa, más confusa y sospechosa, por el gran espectro de avales políticos que ha aceptado.

La evolución política de Moreno se empina sobre la plataforma construida por su abuelo y su madre. Senador reelecto varias veces, en ocasiones con la mayor votación nacional, con Moreno uno tiene la impresión de que ha estado siempre a la deriva y dando bandazos en medio del magma político nacional, con su ‘Rojas’ a cuesta. Toda una incógnita.

Samuel llega al Polo por independiente, igual que otras muchas personas, de vertientes políticas disímiles y muchas veces encontradas. Lo que indica que al Polo le espera una gran tarea a futuro, para decantar sus contradicciones internas y proyectarse nacionalmente como una alternativa clara de poder. ¿Qué representa Samuel al interior de ese escenario en construcción que es el Polo?, ¿qué tipo de ‘izquierda’ es la de Samuel?, no sabemos. Y el candidato no ayuda.

Nuestra duda frente a la candidatura de Samuel es, entonces, doble: en principio nos gusta que haya sido electo por consulta interna, pero al mismo tiempo esa consulta no nos basta, pues la figura del candidato, en un partido en transito y frente a su difuso perfil político, nos resulta no exactamente objetable, pero sí poco convincente. Con un adicional: su nula experiencia en la gestión pública, y su voluminosa experiencia legislativa, desde ese nudo de anzuelos que es el Congreso. Es curioso que haya sido Moreno, avezado político, y no el torpe Peñalosa, quien se haya equivocado en la respuesta a la pregunta de Mockus.

Frente a ese panorama, decidí no hacer un mayor esfuerzo intelectual para superar mi primera intuición: votar en blanco.

Sin embargo, el ambiente político me ha facilitado, finalmente, la adquisición de los argumentos necesarios para dar el paso, sin sentirme culpable frente a mis amigas. Me refiero a la difusión que ha hecho una cadena radial, sin contexto y con una evidente mala leche, de las opiniones emitidas por el candidato Moreno hace 12 años. Opiniones que bien podrían haber generado un debate amplio en torno a los temas tocados en aquella ocasión, o en todo caso tener el propósito, no de negar lo dicho, si no de aprovecharlo para elevar la competencia por la Alcaldía. Pero no, prefirieron hacer un disparo a mansalva.

Mi impresión es que este tipo de bajezas, antes que favorecer a Peñalosa, si es que ese es el propósito, lo perjudican, pues la sensación que queda es que el entorno mediático quiere imponer su candidatura, con argumentos de un talante que parece minusvalorar el criterio del votante.

Al menos mi actual decisión de votar por Moreno representa el reproche ciudadano contra ese gesto, que consideramos alevoso. Tal ha sido mi indignación, que he podido superar mi terca disposición inicial al voto en blanco. Una situación que, en condiciones normales, hubiese sido definitiva e insuperable. Gracias por mi voto.

Antp. Marlene Singapur
Bogotá, octubre 23 de 2007

lunes 22 de octubre de 2007

LA DÉBIL FRONTERA DEL AMARILLISMO

En Suiza hay preocupación por la victoria de la Unión Democrática del Centro (UDC) en las recientes elecciones parlamentarias, una colectividad política liderada por el millonario Christophe Blocher, abiertamente xenófobo, nacionalista y antieuropeo.

Desde sus comienzos, la Europa comunitaria ha sufrido el natural ambiente de preocupación y resistencia ciudadana que se produce frente a la incertidumbre generada por los cambios sociales de gran magnitud. Entre los riesgos de ese transitar de un grupo de naciones hacia un continente-país, la inmigración ha sido considerada como un foco permanente de intranquilidad y desconfianza, por su historia y por su evidencia. Otro tipo de razones, quizá más eruditas y técnicas, no pueden competir con la disposición colectiva a asimilar el fenómeno inmigrante como problemático y amenazante.

La promoción del pánico colectivo, real o ficticio, amplificado o reducido según los intereses de coyuntura, es un recurso extremo de la política, generador de ambientes caracterizados por la desinformación, la estigmatización y la irracionalidad. Y la política es, no se olvide, aparte de un ideario soportado por un conjunto de propuestas nobles y viables, el poder de comunicar y generar opinión, a veces a cualquier costo.

Dudamos que el ejercicio de la política pueda prescindir de las estrategias de demonización de contrincantes, o de la magnificación de las realidades problemáticas, como plataforma para subrayar las propias propuestas de solución. Pero sí apostamos porque se exija a esas acciones comunicativas, como parte de sus limitaciones, un mínimo respeto a la dignidad de los votantes y ciudadanos.

Y nos preocupa que el Dr. Uribe pueda estar dando pasos en esa dirección. En efecto, aunque hemos visto siempre al Presidente reiterar sobre la plataforma argumental que lo llevó al cargo y que ha probado su eficacia al permitir que lo mantenga con holgura, está vez la estrategia de magnificación de la guerra se ha enfilado a conmocionar a la ciudadanía con detalles, en nuestra opinión innecesarios, de las afectaciones físicas que sufren los heridos o fallecidos en combate.

Un recurso que el Dr. Uribe ya había ensayado antes, en aquel fallido intento de rescatar de las manos guerrilla al Gobernador de Antioquia y su Asesor, ocasión en la que, frente a un soldado herido y tendido en una cama de hospital, se ven imágenes del Presidente señalando la lesión y ordenando al camarógrafo, “vea, tome aquí a este muchacho, para que la gente vea”.

Recientemente, el Presidente ha recurrido al mismo efectismo, cuando en los telenoticieros ha ensayado una pormenorizada descripción del siguiente tipo: "…a algunas de sus víctimas, estando vivas, les cortaron las extremidades, les sacaron los ojos y después de que los asesinaron les cortaron la cabeza. Esa es la barbarie que encontramos".

Un procedimiento comunicativo, quizá mucho más ‘crudo’ pero no distinto en sus propósitos al usado por el G. W. Bush, que para congregar a su pueblo en torno a la guerra, adjudica al mundo musulmán el inquisitorial mote de ‘imperio del mal’. Tampoco muy lejano al usado recientemente por Blocher, que en sus impactantes vallas publicitarias muestra tres ovejas blancas, claramente suizas, expulsando a patadas del país a una oveja negra.

Los mensajes que estimulan el anhelo más básico de la masa, su sentido de seguridad y protección, logran que la nocividad real de situaciones como nuestro conflicto armado o la inmigración, al emocionalizarse se desvirtúen y pierdan proporciones. Que no debería ser un propósito del Estado.

Por la dignidad presidencial y el respeto que merece la inteligencia de los ciudadanos colombianos, el Dr. Uribe debería recurrir a argumentos que no le roben su capacidad para leer el conflicto con la sobriedad de un Estadista. En política, bajo la apariencia de poder destruir o magnificar fácilmente al enemigo, se esconde el sutil olfato, el tacto y la estatura, que nos distingue de los amarillistas.

El Nolano, especial para gusano_enlafruta

Colombia, Bogotá D.C, octubre 22 de 2007.

miércoles 17 de octubre de 2007

Entrevista de 'La Vanguardia' de Barcelona a Daniel Estulin. Para crear criterio...

Daniel Estulin: "Si eliminas la droga, se desploma la economía mundial" / El periodista presenta su nuevo trabajo editorial, 'Los señores de las sombras' Barcelona 18/10/2007

Daniel Estulin se ha ganado la fama mundial del periodismo de investigación gracias a destacados trabajos como su anterior bestseler La verdadera historia del club Bilderberg, considerado por muchos como uno de los libros más polémicos de la última década. Editorial Planeta presenta ahora su nuevo trabajo, Los señores de las sombras, en el que Estulin quiere poner al descubierto los vínculos entre gobiernos, servicios de inteligencia, terroristas, traficantes de droga, oenegés y grandes empresas petroleras. El telón de fondo: el control de los recursos naturales, cada vez más limitados.

-No sé como va usted de amigos, pero me aventuro a decir que de enemigos debe de tener muchos. ¿Me equivoco? -No, no te equivocas, tengo muchos más enemigos que amigos (ríe).

-¿Cómo se puede vivir así? -Bueno, quitarme del medio o matarme es muy sencillo. Tengo gente de seguridad que me protege y ya se entiende que si me pasa algo a mí, el día siguiente habrá mucha gente que empezará a pasarlo mal.
-Gobiernos, servicios de inteligencia, traficantes de drogas, empresas petroleras, incluso algunas oenegés están en su punto de mira en este nuevo libro. Más arriba no se puede apuntar, ¿o sí? -A mí me interesa el submundo del submundo.

-¿Perdone? -Hace como tres o cuatro años, y pensando en este libro, empecé a darme cuenta de que en el continente africano se estaban dando un conjunto de coincidencias que tenían un denominador común. Y eso no podía escapar de la lógica de los humanos.

-Ilústreme… -Terrorismo, drogas, diamantes, traficantes, guerras, todo está vinculado. El patrón de todo esto se explica con el telón de fondo de la crisis energética. Este telón te explica absolutamente todo, desde Litvinenko hasta el once de marzo, el once de septiembre y todas las demás cosas que van pasando. Ni gobiernos, ni Bush, ni oenegés, ésta gente no manda nada.

-Esto se pone interesante. ¿Quiénes son los señores que están en la sombra, según su teoría? -El hombre detrás de la cortina. Por encima de ellos hay otro nivel hasta que encuentras un grupo de gente que son los que toman las verdades decisiones.

-No me vale. ¿Quién toma las decisiones? -Son elementos que al ojo humano no existen.
-Eso me queda claro, pero si usted los denuncia es porque no han logrado escapar de su mirada… -El que manda es el dinero. Hay gente que tiene auténticas fortunas, hablamos de oligarquía de poder, que quiere mantener lo que tiene y hacerse con el control de lo que no tiene a coste nuestro. Te lo razono más. Nos quedan pocos años de petróleo, y el dinero sin el petróleo no funciona. Sin energía no puedes hacer nada. La elite quiere hacerse con el control de los últimos pozos petrolíferos que necesitan para seguir su crecimiento. Las empresas quieren el crecimiento sin límite pero están chocando con el techo de energía finita. La elite, el hombre detrás de la cortina, quiere salvarse a sí mismo, eso sí, a costa nuestra.
-¿La crisis energética es, ahora mismo, el principal tema de discusión de la política internacional? -En todo. En África hay, a día de hoy, 32 guerras abiertas. Todas son guerras energéticas. Haz un ejercicio: superpón en un mapa del mundo la ubicación del petróleo con los países que están en guerra. Todo encaja.
-Usted hace en el libro especial hincapié en Darfur, ¿por qué? -Sudán es el epicentro de la crisis mundial entre varios países. Hace pocos meses estuve en Darfur con un pequeño ejército de legionarios que me protegían. Todos los gobiernos occidentales están ahí, pero también están los servicios de espionaje, las grandes multinacionales como Coca-Cola, y también oenegés. ¿Por qué? Darfur es el último lugar en el mundo donde todavía hay petróleo por explotar y donde todavía tienes terreno-y en África en general-para plantar comida.
-Me pinta un panorama peor que el que veía cuando jugaba al Risk. ¿Es exagerado hablar de una posible guerra mundial? -Sólo sé que todos quieren quitarle poder al de su lado, y el otro no es ningún talibán. Estados Unidos lucha contra Francia en Darfur, rusos contra chinos, israelitas contra americanos…Las alianzas estratégicas no existen, todos están luchando contra el otro.
-¿Y las oenegés cómo cuadran en este conflicto? -De las 35 oenegés que están en África, 35 pertenecen al mundo blanco occidental. Todas están financiadas por las mismas empresas que quieren hacerse con los recursos naturales. Fundación Rockefeller, Carmedy, Fundación Ford, Oxam… La gente base que está trabajando allí es maravillosa, pero ellos no mandan.
-Lleva diez años investigando como se financia el terrorismo internacional. Descúbranos alguna de las claves… -En el libro hablo de cómo los judíos trabajan codo a codo con terroristas como Al Qaeda, traficando diamantes a través de África. Son socios de necesidad. Al Qaeda utiliza diamantes para esconder dinero, luego para vender y pagar sus atentados lo hacen a través de las mafias rusas que, a su vez, lo venden a los judíos en Londres, concretamente en Chelsea, que es donde está el centro.
-Yo pensaba que los talibanes y los judíos no se llevaban precisamente bien… -Es mentira. Los talibanes son una de las doce tribus de Israel, tienen las mismas costumbres, los mismos nombres…

-¿Le ha afectado personalmente todo lo que ha visto y ha vivido durante estos últimos años? -Sí, claro. Porque tú ves ahí una maldad que no tiene límite. Piensa que para que tú y yo podamos estar ahora aquí, unos negros tienen que morir en África. Es la única forma, porque no hay para todos, y África es la última frontera.

-¿Por qué los medios de comunicación no hablan de todos estos temas que usted me expone? -Ten en cuenta que el principal negocio de los medios de comunicación no es contar la verdad, sino esconderla. Ellos forman parte de toda esta movida. Piensa que la droga es el lubricante de la economía mundial, si eliminas la droga, se desploma la economía mundial. ¿Cómo puede hablar el New York Times o el Washington Post de esto, cuando se les pueden desplomar sus propias acciones?

-¿Usted sigue la prensa, mira la televisión? -Yo no tengo televisión. Tampoco hipoteca, vivo en una casa de alquiler porque no me gusta deber un duro a nadie. En mi casa sólo hay energía solar y tenemos un pequeño huerto que nos hace autosuficientes en todo.

-Una forma de vida, supongo… -Soy antisistema por naturaleza.

MATRIZ DE 12 EJES CIRCULARES

ECOLOGÍA ESPIRITUAL
(ÉTICA PARA COLOMBIANOS)
  • EJE 1.
No espere un redentor para superar sus desventuras.

Un pueblo incrédulo de su propio poder transformador, que delega su participación directa en la construcción de su destino, trabajará para el destino de otros, los que siempre lo esquilmaran y embaucarán.

Y no hay Alcalde, ni Senador, ni Presidente, ni Dios, que puedan salvarlo de la confianza que Usted ha otorgado a la suerte y los milagros.

Dios ya lo dio todo. Es hora de implicarnos en la edificación del resto del Paraíso.
  • EJE 2.

En la escala de su vida familiar y laboral, personifique y replique conscientemente las leyes que deberían regir al universo, y a su país en él.

El mundo es Usted, el país es Usted. Siéntase fundador y haga respetar su condición de coprietario.

Y confirme ese mandato, asumiendo los derechos y los compromisos que le corresponden en su propia intimidad, donde el Estado no llega, pero si los ojos suyos.
  • EJE 3.

Abatir a un semejante es un auto-homicidio.

El deseo íntimo del asesino es suprimir en el otro el estigma de un insoportable espejo, el reflejo de un humano que le resulta degradante: él mismo.

Al experimentar el contagio colectivo del impulso de matar, el que hoy preside nuestro país, considere al otro un yo–mismo. Créale a Borges cuando dice que ’un hombre es todos los hombres’.

Al mismo tiempo que Usted ultraja a otro, con la misma ligereza e inconsciencia está ultrajando su propia dignidad y la de toda la humanidad, el más hondo vínculo que tenemos en nuestra soledad terrícola.

  • EJE 4.

Conozca y festeje su linaje cultural. La memoria es nuestra confianza al momento de explorar algún futuro.

A un país que no ama su pasado, cualquier mañana le resulta extraño y odioso. Por tanto, a cambio de la dictadura del porvenir y el desarrollo hacia delante, cabalguemos en el mundo global sobre el amor a nuestra historia.

Y pregúntese: si nuestra Carta Política ya anuncia una rica herencia, al denominarnos sociedad pluriétnica y multicultural, ¿porqué el más famoso insulto entre nosotros sigue siendo "Usted como es de indio" ?.
  • EJE 5.

Nuestra diferencia con las demás especies es el lenguaje, primer y último eslabón de la civilización.

La costumbre de traicionar la palabra, garantía de un pacto sincero entre humanos, nos ha impulsado a la astucia y la ilegalidad.

Por el poder recuperado del verbo, hablemos como si oráramos. Ayudemos a la ley, que a solas jamás podrá garantizarnos honradez ni justicia.
  • EJE 6.

Considere el acto de comer tan bendito y asombroso como el acto de hablar.

Las fuerzas naturales que divagan en los campos, en las ondas del agua cristalina que transcurre, en las diversas criaturas que habitan el planeta, en la luz del sol que descansa sobre las nubes y las hojas verdes, todas ellas confluyen en ese alimento en su boca.

Sienta la gratitud de estar unido a esa matriz universal, y traduzca su agradecimiento en el mágico ritual de su mesa. No permita que se cosifique el trascendente momento de comer.
  • EJE 7.

Por tanto, en cada gesto, en cada célula de su cuerpo, en cada palabra, en cada pensamiento, reivindique un profundo sentido de lo sagrado. Sacerdote 24 horas, sea Usted también el Templo.

  • EJE 8.

Resístase a decir ’Doctor’, ’Patrón’, ‘Jefe’, como principio de comunicación con los otros.

En ese diario gesto inofensivo, Usted replica relaciones de poder que no dignifican nuestros vínculos, siempre proclives a fomentar las jerarquías y la segregación, en detrimento de los impulsos positivos de una congregación humana: la unión, la piedad, la cooperación, el estimulo de unos a otros…
  • EJE 9.

En el espíritu infantil reside el poder de nuestra luz, intacta en su fuente: la inocencia primordial de la que provenimos.

Dispóngase a jugar, conmemore la risa y las cándidas rondas del recreo escolar. Abandonado a la ensoñación estará seguro, por la dulce niñez que Usted es y siempre será.

Un hombre o un país que permite el atropello de sus niños y sus niñas, carece de hogar, se ha extraviado en la ruta de retorno a la fuente de su luz.
  • EJE 10.

Profese y difunda el AMOR con mayúsculas, huella de una potencia intemporal que le habita. Bajo su protección los obstáculos se transformarán en oportunidades y los enemigos en emisarios.

Entréguele a los otros, incondicionalmente, su confianza en esa fuerza salvadora, pues el AMOR recluido en el egotismo se pudre, y Usted con él.

  • EJE 11.

Descubra su propia dualidad y ejerza sin artificio la masculinidad que hay en las mujeres, la feminidad que hay en los hombres.

Esa gimnasia permanente le liberará de prejuicios y le concederá el aprecio de nuestra condición polar, y la compresión del mundo como un vasto lugar, diverso, fluctuante.
  • EJE 12.

El arte es el testimonio de las ansias humanas de trascendencia.

En las ciudades dispersas por el planeta, en las maquinas que rugen, en los muros de piedra y cal, en la macerada piel de animal que lleva en sus zapatos y carteras, en las barandas de metal y madera, en la camisa de fino algodón, en el papel que lleva su letra, en la cóncava cerámica y en la leche que la llena, en la armónica coincidencia de sonidos que es la música, hay un aliento humano poderoso.

Siéntase artista, partícipe de ese paisaje humano extraordinario, siempre por crear, e incompleto sin Usted.

Antp. Marlene Singapur
Entre Varsovia y chapinero alto, marzo de 2007.

martes 16 de octubre de 2007

LA CUARTA POSIBILIDAD:

URIBE NOS USA
Denunciando un supuesto ‘complot’ contra el gobierno, orquestado desde la Corte Suprema de Justicia, el Presidente ha pedido a la Fiscalía una investigación que, a su modo de ver, debería arrojar sólo uno de los siguientes tres resultados puntuales: el primero, que el Presidente sea un asesino; el segundo, que la Corte efectivamente este conspirando contra el Presidente; el tercero, que el paramilitar de tercera que ha firmado la carta, esté mintiendo.

El Presidente asume que la divulgación de la carta del paramilitar de tercera, y las acusaciones múltiples que ha formulado contra la Corte, el Vicepresidente y varios periodistas, son acciones que tienen el alto propósito de defender la dignidad presidencial, y, por tanto, a él no le generan costos.

A caballo del margen de maniobra que le ofrece su popularidad, es claro que el propósito del Presidente no ha sido buscar una aclaración, si no un ocultamiento. Pero no nos queremos referir a los posibles propósitos velados para generar el escándalo, que ya muchos analistas sospechan y difunden, si no al caballo, donde reside una cuarta posibilidad no considerada por el Presidente en sus tres opciones.

Apartándonos de un análisis circunstancial, que nos llevaría a recontar los cuestionamientos personales que rodean al Presidente (la difícil situación de su primo y aliado político, los Senadores y paramilitares presos que le extorsionan, las preocupantes infidencias de Virginia Vallejo y Daniel Coronel), apartándonos incluso de las evidentes sombras que hay en la firma y veloz traslado a Palacio de la versión del paramilitar de tercera, donde se aprecia una manipulación de la voluntad del delincuente; nos importa más señalar que en el intento de quitarle credibilidad a la Corte, el Presidente reincide en una expresión suya poco ponderada por los analistas, quizá porque parece emerger de la naturaleza misma de la política, simplificada por el mercadeo a una técnica para la generación de opinión.

La afirmación del Presidente, “estamos en un Estado de opinión”, que sugiere una postura teóricamente elaborada, incluso transformadora de los principios del Estado, todo un reto para los estudiosos de la ciencia política; es más que una simple, casi involuntaria, intención de elevar un aspecto meramente instrumental a esencia del Estado.

Reduciendo la magnitud del Estadista a un artificio mediático, el Presidente establece no sólo el recurso para superar su incomoda situación actual, si no los fundamentos de su ejercicio político: el magnetismo autoritario y adrenalínico, el paisa ‘verraco’, una técnica comunicativa que no podría prosperar en un entorno sociopolítico racional y educado. El Presidente empina así, sobre la falta de criterio político y el analfabetismo de nuestro pueblo, la vigencia de un modelo de sociedad donde priman sus intereses empresariales, terratenientes y mafiosos. Uribe nos usa.

La confianza del Presidente ya no reside en la justicia; ni en las cifras de su gestión; ni en el Congreso Colombiano, y mucho menos en el Congreso de los Estados Unidos; ni en la DEA, protectora de la virginal Virginia; ni en Bush, que en el ocaso de su poder está tan solo como él, ambos con su guerra. La confianza del Presidente, por los próximos tres años (que de pronto son siete), reside en la opinión, que es su Estado; es decir, en el criterio de un pueblo que no ha conocido una democracia plena, expuesto a la desorientación de los eufóricos.

Pero la gente no es estúpida, al menos no por mucho tiempo. El mecanismo de alimentar la fiera pública con diminutas ‘carnitas’, con la invocación a Dios o con el espectáculo de la trifulca, se desgasta. El Presidente podrá salir librado del juicio de la opinión, pero no de la historia, a la que ha debido apostarle en sus arbitrarias definiciones de Estado.

La progresiva soledad de Uribe, será la terrible soledad de los que dicen verdades a medias y saben que todos lo saben (sus colaboradores, los medios, la comunidad internacional, sus familiares, sus amigos), y nadie se atreve a decírselo mirándolo a los ojos. Y no sólo por temor, que encerraría dignidad, si no por la pena que causa el aura opaca de un poderoso.

Antp. Marlene Singapur
Bogotá, 12 de octubre.